Obsesión: el vigor sexual
Los hombres están preocupados por no sufrir impotencia
Al igual que la sexualidad femenina, la masculina está condicionada por factores neurobiológicos, psicológicos y sociales, sin embargo es radicalmente distinta en su manifestación o expresión, caracterizándose por ser genitalizada, rápida y más simple.
El pene y su potencia ha estado desde siempre en el centro de los mitos masculinos y otorga una poderosa identidad a su poseedor, lo cual explica que la disfunción eréctil o impotencia produzca dolor, humillación, vergüenza y genere tal impacto en sí mismo y en la relación de pareja.
“El hombre al ser más sensible socialmente al logro y a la competencia, vive el temor al fracaso sexual como un factor estresante, que mina su autoestima en diferentes aspectos de su vida”, afirma la licenciada chilena en psicología Esther Morales León.
Aventuras y mentiras
La dificultad para sostener una relación madura y comprometida con una pareja, lleva al hombre a elegir mujeres inmaduras, conflictivas, a optar por relaciones paralelas que lo protegen de una mayor intimidad, a vincularse con mujeres que no esperan nada y a quienes no es necesario satisfacer, a tener aventuras o relaciones de corta duración o con mujeres a las que se les paga, así como también a tener exceso de trabajo y usarlo como excusa.
Todo lo anterior genera una mayor frustración, soledad y vivencia de estancamiento.
La eyaculación precoz aparece en hombres ansiosos que dejan insatisfechas a sus parejas, pero este trastorno es considerado mucho menos grave que la impotencia, y algunos incluso llegan a camuflarlo, culpando a la mujer “por excitarlo tanto”.
El matrimonio o una relación estable donde prime el amor, permite que cualquier disfunción se converse y se obtengan buenos resultados a través de una terapia de pareja.
Redacción |
14/3/2005 |