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Bush rechazó establacer un calendario para la retirada de Irak. (AP)
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"Enviar más soldados estadounidenses minaría nuestra estrategia de animar a los iraquíes a asumir el liderazgo en esta batalla", afirmó el presidente. "Y enviar más estadounidenses sugeriría que pretendemos permanecer para siempre", agregó, y precisó que los iraquíes deben estar seguros de que "América no se marchará hasta que el trabajo esté terminado".
El presidente Bush se dirigió esta noche a sus compatriotas, en un discurso televisado desde una base del Ejércio norteamericano de la que han salido 9.300 efectivos para Irak, en el que reconoció las consecuencias de los 27 meses de guerra. Asimismo, buscó convencer a los estadounidenses escépticos de que su estrategia para la victoria sólo requiere tiempo, y no modificaciones.
Los 750 soldados y miembros del Ejército del Aire que asistieron de uniforme al discurso de media hora de duración escucharon en silencio, y sólo interrumpieron las palabras del presidente, con un aplauso, cuando Bush prometió que Estados Unidos "permanecerá en la batalla hasta que la batalla sea ganada".
"Vale la pena"
"Como la mayoría de los estadounidenses, veo las imágenes de violencia y derramamiento de sangre. Cada imagen es horrible y el sufrimiento es real", afirmó Bush en su discurso. "Pero esto vale la pena", agregó.
El presidente aseguró que sabe que los estadounidenses se están preguntando si los duros sacrificios en Irak --con más de 1.700 compatriotas muertos-- merece la pena. "Merece la pena, y es vital para la seguridad de nuestro país", defendió.
Bush dijo que Estados Unidos se enfrenta a un enemigo que ha convertido a Irak en el frente central en la guerra contra el terrorismo. Según el presidente, han sido capturados combatientes de Arabia Saudí, Siria, Irán, Egipto, Sudán, Yemen y Libia, entre otros países.
"La única manera de que nuestros enemigos pueden tener éxito es si olvidamos las lecciones del 11 de septiembre, si abandonamos al pueblo iraquí a hombres como (el líder de la red terrorista Al Qaeda en Irak, el jordano Abu Muzad) Al Zarqaui, y si cedemos el futuro de Oriente Próximo a hombres como (el máximo de Al Qaeda y presunto responsable de los ataques del 11S, Usama) Bin Laden", aseguró.
Los asesores de la Casa Blanca han visto con preocupación cómo los persistentes ataques rebeldes deterioran el apoyo de los estadounidenses hacia la guerra y hacia el presidente. Incluso algunos legisladores republicanos han mostrado una molestia creciente respecto a la situación.
Trabajo por hacer
El presidente Bush conmemoró con un acto en Fort Bragg el aniversario de la transferencia del poder de la coalición encabezada por Estados Unidos al Gobierno interino iraquí, concentrándose en los progresos alcanzados durante el último año, y prometió el éxito contra la insurgencia, que todavía es poderosa.
Aunque, según Bush, se han alcanzado importantes progresos, queda mucho por hacer. "Las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes están mostrando su coraje cada día", señaló Bush, y recordó que más de 2.000 de estos hombres han muerto.
Así, anunció nuevas medidas que los militares están emprendiendo para preparar a las fuerzas de seguridad iraquíes en su lucha contra la insurgencia, dirigiendo operaciones junto a unidades iraquíes, reforzando la transición de equipos estadounidenses a unidades iraquíes y con formación intensiva de gestión en los Ministerios de Defensa e Interior. "Cuando los iraquíes salgan adelante, nosotros nos retiraremos", aseguró.
Sin embargo, el presidente rechazó las peticiones de fijar un calendario para retirar a 135.000 efectivos estadounidenses. En vez de ello, consideró que debe mantenerse la estrategia actual en dos aspectos: equipar a las fuerzas iraquíes de seguridad para que asuman la lucha contra los insurgentes, y ayudar a los líderes políticos iraquíes en la transición hacia un Gobierno democrático permanente.
"El trabajo en Irak es complejo y peligroso", reconoció Bush.
"Tenemos más trabajo por hacer y habrá momentos duros que pondrán a prueba la determinación estadounidense", afirmó.
Estas palabras reconociendo las dificultades en Irak y la fuerza de los rebeldes llegan menos de un mes después de que el vicepresidente Dick Cheney proclamara que la insurgencia iraquí "agonizaba". Sin embargo, Bush trató lanzar un mensaje optimista. "El pueblo estadounidense no flaqueará ante las amenazas, ni permitirá que su futuro sea decidido por asesinos o dinamiteros en coches bomba", dijo.