Inexplicable máxime cuando en esta lucha por la igualdad entre sexos otros, mejor otras, han gozado de todos los favores. A Mari Paz le llegó por fin ayer su "oportunidad", pero hay que entrecomillar otra vez lo de "oportunidad", pues menuda ha sido la corrida de toros que ha matado.
Un corridón en el sentido literal de la palabra, de los que muchos considerados figuras y que están paseándose por las ferias no ven ni en fotografía. Para mayor desgracia los dos toros menos aptos del encierro han ido a parar a sus manos.
El de la ceremonia, que dio en la báscula nada menos que 650 kilos, se ponía por delante, y no hubo formar humana de armarle faena. Sin embargo la torero estuvo ahí, quizás demasiado encima, pero indudablemente con unas ganas, un arrojo y una decisión que ya quisieran muchos (en masculino).
Al sexto, que salió echando las manos por delante, lo recogió con unos lances a la verónica de mucha serenidad y aplomo. El toro, que llegó a la muleta con menos de media arrancada, puso otra vez a prueba su valor y decisión. Mari Paz Vega no se arrugó en ningún momento, dueña siempre de la situación. Y hasta en la forma de aliñar preparando al toro para la muerte se le notó una gran capacidad torera en todos los sentidos, de técnica, otra vez de valor y de torería misma.
El padrino de la ceremonia fue David Luguillano, que con el buen segundo estuvo más en los detalles que en hacer el toreo en si, y que con el inválido cuarto, que se defendía mucho y echaba la cara arriba, nada resolvió.
Completaba el cartel otro torero con sello "artista", Curro Díaz, que asimismo tuvo un buen toro, que "se dejó ir". Fue el quinto, segundo de su lote, al que llegaba a enganchar bien con la muleta pero sin rematar los pases, tropezados la mayoría. En el anterior, que cuando estaba de pie se defendía mucho, y otras veces se caía, pasó de puntillas.
EFE |
4/7/2005 |