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Con
la llamada magia del cine ocurre como con Dios, todo el mundo habla
de ella pero pocos la han visto. En las contadas ocasiones que ésta
se produce, dado el estado del cine actual, el espectador sale de
la sala con un cosquilleo en la barriga, una sonrisa estúpida dibujada
en los labios y no para de repetir a sus acompañantes, sin atinar
a argumentar nada más: "me ha gustado mucho..." La magia surte efecto
en La edad de hielo, la última
esperanza de Century Fox para entrar en la carrera de la
animación digital. El resultado es un filme que está a la altura
de las mejores producciones de Disney o Dreamworks
y que cierra la tríada digital de la temporada, junto a Shrek
y Monstruos S.A.
La trama, a priori, es sencilla
y puede llegar a parecer un refrito de ciertos tópicos y situaciones
ya vistas en otras películas. La edad de hielo ha empezado en la
tierra y los mamíferos prehistóricos emigran hacia el sur, pero
un mamut cabezota, llamado Manny,
decide no seguir a la masa y pasar el invierno lo más hacia
el norte posible. En su camino se cruza un perezoso parlanchín y
feucho, Sid, a quien su familia ha
dejado abandonado y, muy a pesar del mamut, se convierte en su compañero
de viaje. Ambos animales encuentran a un bebé de Cromagnon que ha
sobrevivido al ataque de una manada de depredadores a su poblado
y deciden devolverlo a su familia con la ayuda de un recién llegado,
un dientes-de-sable, Diego, con intenciones
sospechosas.
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"El
filme está a la altura de las
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mejores
producciones de Disney
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Dreamworks
y cierra la tríada
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Efectivamente,
la pareja mamut y perezoso recupera el arquetipo del dúo formado
por un personaje grandote y malcarado, pero blando de corazón, y
otro pequeñajo y parlanchín, pero de mente ágil (como los personajes
de Shrek
y Monstruos S.A.) y el argumento
en general parece un cruce entre En busca
del valle encantado y El libro
de la selva, con unas gotitas de Tres
solteros y un bebé. Pero, pasada la sensación inicial,
una suerte de subtramas que fluyen bajo la columna vertebral de
la historia cobran mayor importancia, confieren carácter a los personajes
y dotan de originalidad al conjunto del filme.
A
esto ayuda un cuarto animalejo, una ardilla prehistórica, Scrat,
que protagoniza un prólogo y un epílogo antológicos y que es la
más hábil elección del director Chris Wedge para ganarse
la simpatía de los espectadores. El bicho pulula por toda la película
correteando con su bellota y viviendo una pequeña aventura particular
que se cruza con las andanzas de la 'manada más extraña del reino
animal', como ellos mismos se denominan. Las vivencias de los animales
son fáciles de imaginar: secuencias desternillantes a causa del
bebé, peleas con pañales y un gran derroche de ingenio en los diálogos
y en algunos gags de órdago que desatan las carcajadas en el patio
de butacas.
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"En
la era de hielo no hay
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buenos y malos, sólo hay una
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lucha
constante
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por
la supervivencia"
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En cuanto al tratamiento
de los personajes, sorprende la maestría con la que los guionistas
(Michael J. Wilson y Michael Berg) les dotan de un
'background' a través del que se comprenden sus motivaciones y su
carácter. Las voces en la versión original de Roy Romano (Manny),
John Leguizamo (Sid) y Denis
Leary (Diego) son esenciales para
conformar la personalidad de las animaciones. No obstante, uno de
los aspectos más interesantes de las relaciones que se forjan entre
ellos es que están exentas del maniqueísmo del que suelen pecar
todas las cintas de dibujos. En la era de hielo no hay buenos y
malos, sólo hay una lucha constante por la supervivencia.
Una película de animación no
sería tal si detrás del metraje no hubiera una auténtica carrera
tecnológica por innovar y avanzar más que los estudios rivales.
En La edad de hielo, Blue
Sky Studios (asociados con Century Fox) se han centrado
en el tratamiento de la luz para conseguir sensación de profundidad
y de espacios diferenciados en el blanco glaciar. Con el programa
de iluminación Ray Tracing, han conseguido imitar la gama
de luces ambientales, proporcionando una apariencia rica y orgánica
a los personajes y a las majestuosas vistas. Sistemas de tipo partícula
se han empleado en las reproducciones de la piel, parásitos y paisajes
que dan la sensación de envergadura y escala, y los sistemas volumétricos
(vaho saliendo del agua) y de dinámica fluida también tienen su
peso específico.
Tanto por técnica como por contenido,
La edad de hielo ha brindado
a Century Fox el éxito en el cine de animación que llevaba
años buscando. El público en general (a estas alturas es absurdo
seguir especificando que este cine no es sólo para niños) va a disfrutar
con esta historia enmarcada en un mundo nunca explorado por el cine
actual que puede inscribirse en cualquier género ('Screwball comedy',
'Buddy' o 'Road movie'), pero que por encima de todo trascenderá
como una de las joyas de la animación digital.


f i c h a t é
c n i c a

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La edad de hielo, USA, 2002

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Una producción de Blue Sky/Century Fox
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Dirección |
Chris
Wedge |
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Guión |
Michael
J. Wilson/Michael Berg |
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Montaje
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John
Carnochan |
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Efectos
digitales |
Kirk
Garfield |
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Música |
David Newman |
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Producción |
John
C. Donkin |

Intérpretes (voces)
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Manny
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Ray
Romano |
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Sid
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John
Leguizamo |
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Diego
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Denis
Leary |
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Scrat |
Chris
Wedge |
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Soto
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Goran
Visnjic |
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Zeke
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Jack Black |
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