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Igor
Fioravanti ha
reunido, en una película, varios referentes puntuales del cine moderno,
con diferente peso específico y, también, con desigual fortuna.
Así, la búsqueda de paraísos, ya sea naturales (una isla idealizada),
ya sea artificiales (una larga colección de drogas de variada tipología)
suele toparse con el hallazgo, generalmente duro, de la realidad.
Los viajes iniciáticos son sustituidos, en esta película, por una
búsqueda interior que no obtiene respuestas, cuando no se ve truncada.
Esto es lo mejor que se puede
decir de El sueño
de Ibiza: tiene vocación de filme inteligente,
y carece de intención moralizante. Fioravanti, a la sazón
guionista y director, ni condena ni condona la actitud, casi siempre
irresponsable, de sus criaturas. Sí trasluce un desencanto, una
nostalgia, cuando hace decir a uno de sus peronajes que los habitantes
actuales de la isla son sólo supervivientes, un auténtico horror.
La
historia gira en torno a tres jóvenes a punto de dejar de serlo.
Nacho (Adrià Collado), que regresa
de la India envuelto en brumas de misticismo, intentará conciliar
su búsqueda espiritual con los restos de su juventud. Carlos
(Paco Marín) sólo intenta prolongar su idealizada
infancia a través de drogas, sexo y rechazo a la responsabilidad.
Chica (Adriana Domínguez) lucha
por encontrar un sitio en el que establecerse, equidistante de los
dos amores de su vida. Las tres son búsquedas condenadas al fracaso,
por intentar hallar respuestas a preguntas que ni siquiera saben
formularse.
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"El
planteamiento es, más que
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correcto,
ejemplar; el desarrollo,
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cambio, hubiera necesitado unas
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cuantas
reescrituras más de guión."
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Pero
la historia es también la del ocaso de un sueño, la crepuscular
Ibiza de los soñadores alternativos, que colisiona con el turismo
masivo y los millares de drogatas de diseño que cada verano acuden
en busca de sexo fácil y macrodiscotecas. Es éste un aspecto poco
explorado en el filme, tan sólo defendido por Toni
(Mario Vedolla), un superviviente de una época más que finiquitada.
El sueño de Ibiza es, según Fioravanti, un poco realista
complejo de Peter Pan extensible a sus personajes y a su escenario.
El problema es el desarrollo
del guión en sí mismo, que cae en algunos clichés previsibles (que
no desvelaremos aquí por no aguar la fiesta), que lastran el argumento
haciéndonos pensar en mil y un filmes (muchas veces, de calidad
netamente inferior a éste) que ya hemos visto con anterioridad.
El planteamiento es, más que correcto, ejemplar; el desarrollo,
en cambio, hubiera necesitado unas cuantas reescrituras más de guión.
En cuanto a la dirección, se
debate entre la modernidad (metáforas visuales, uso de efectos dgitales,
alteraciones de ritmo) y la funcionalidad clásica (hermosos encuadres
de exteriores, formalismo en los planos) sin llegar a decantarse
pero sin lograr, tampoco, un ajuste perfecto. Ello no obsta para
predecir un futuro más que interesante para Fioravanti, quien
sí logra, por el contrario, interesar al respetable por las andanzas
de sus personajes, incluso cuando el modo de vida que representan
queda alejado y a trasmano.
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"Es
importante la elección de la
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música, componente esencial de la
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historia,
como 'leit-motiv' de
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recuerdos,
sueños y frustraciones."
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Las interpretaciones son convincentes,
destacando por su magnetismo un Adrià Collado que
aguanta el palo más difícil con ejemplar convicción. Adriana
Domínguez desmonta por su naturalidad, y Paco Marín
mantiene un altísimo nivel para un personaje difícil por su tendencia
a lo extravagante.
Es
importante, dentro del filme, la elección de la música, sin duda
componente esencial de la historia, y aquí empleada a modo de 'leit-motiv'
sobre el cual se proyectan recuerdos, sueños y frustraciones, obra
del DJ José Padilla. Buena elección por parte de Fioravanti
y excelente fotografía de Miguel Leal, que demuestra su maestría
en los exteriores, en la elección de formatos (véase aquí la aventura
africana de Chica) y el tamaño del
grano empleado.
En definitiva, El
sueño de Ibiza es más de lo que promete (aquí se entiende
su selección para la Sección Panorama del Festival de Berlín) pero
aun así dista de ser lo que hubiera debido ser. Se trata de un filme
correcto, impregnado de nostalgia, sin espacio para el sentimentalismo
y sí para el sentimiento, pero lastrado por un exceso de formalismo
que hubiera debido sortearse desde la escritura. No está mal, y
promete nuevas aventuras para un director muy interesante.


f i c h a t é
c n i c a

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El sueño de Ibiza, ESP,
2002

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Una producción de Maestranza Films
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Dirección |
Igor
Fioravanti |
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Guión |
Igor
Fioravanti |
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Montaje
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Nacho
Ruiz Capillas |
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Fotografía
|
Miguel
Leal |
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Música |
José Padilla |
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Diseño
producción |
Pablo
Alonso |
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Producción |
Antonio
P. Pérez |

Intérpretes
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Nacho
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Adrià
Collado |
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Carlos
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Paco
Marín |
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Chica |
Adriana
Domínguez |
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Hans |
Enric
Majó |
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Cartero
Celestial |
José
Luis Sayago Ayuso |
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Toni
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Mario
Vedolla |
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