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John
Quincy Archibald
(Denzel Washington) es un representante arquetípico de la
clase media baja estadounidense, la misma a la que, en su vertiente
urbana, cantara Bruce Springsteen o, en la rural, John
Steinbeck. Feliz padre de un hijo pero preocupado cabeza de
familia, ve cómo su jornada de trabajo se va reduciendo conforme,
merced a la maravillosa globalización, la fábrica traslada sus factorías
al Tercer Mundo. Y al mismo ritmo con que mengua su salario aumentan
sus deudas.
El detonante del drama es la súbita enfermedad
cardiaca de su hijo, no detectada en las revisiones sanitarias,
y que hace urgentemente necesario un transplante de corazón. Cuando
vea que ni el seguro ni la Seguridad Social le costearán la operación,
y ante la posibilidad de ver cómo muere su hijo, John
toma una drástica medida: armado con una pistola, toma la sala de
urgencias del hospital y amenaza con un baño de sangre si no se
atiende su petición.
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"El
filme se despliega ante nosotros
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como
un intenso drama urbano,
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apoyado en sólidas actuaciones y con
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una
durísima crítica al sistema"
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Lo
que podría haber sido, en manos de un director mediocre, un mero
'telemovie' hospitalario, se despliega ante nosotros, poco a poco,
como un intenso drama urbano, apoyado en sólidas actuaciones y con
una durísima crítica al sistema. Nick Cassavettes conjuga
ambos elementos de manera premeditada, y uno diría que incluso fría,
evitando el melodrama y bordeando (pero sin llegar a caer en él)
el panfleto político. Lo que es más, consigue conmover al espectador
ante el drama de la impotencia de su personaje sin enseñar nada
de manera gratuita. Tan sólo una calculadora y una sala de hospital
son suficientes.
Cassavettes
escoge bien a sus actores. Denzel Washington realiza una
de sus interpretaciones más sólidas, si bien es cierto que el papel
parecería específicamente pensado para él. Convincente incluso cuando
la película bordea la exageración, Washington hace de la
parquedad de gestos y vocabulario su principal baza, y conjuga la
actuación física con su prestancia natural. Dándole la réplica tenemos
ni más ni menos que a Robert Duvall (Frank
Grimes). Del veterano actor, historia viva del mejor cine
que jamás se haya hecho, sobran comentarios. Toma un papel, en principio
plano, y lo dota de vida, de humanidad y de determinación. Indescriptible.
Si añadimos que los secundarios son James Woods como el cirujano
jefe, Turner, y Anne Heche (a
la que se le escapa, como la administradora Rebecca
Payne, la única pifia interpretativa del filme) y sumamos
la corta pero apreciable contribución, como el obtuso jefe de Policía
Monroe, de Ray Liotta, queda
claro que de un reparto de tal calibre no puede surgir una mala
historia.
El único problema de la película
es su constante apelación al melodrama. Se trata de un problema
de guión, en el que James Kearns oscila entre el convincente
drama social y el dramón lacrimógeno sin ambages. Cassavettes
lo evita casi siempre, pero algunas secuencias son de inevitable
aparición y no acaban de encajar. Sí encajan, sin embargo, una denuncia
suave contra las televisiones, capaces de crear ídolos de barro
con la misma facilidad con que los olvidan, y una dura reflexión
acerca de los mecanismos del poder político, cada vez más policial
y represivo en lugar de socialmente constructivo.
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"Denzel
Washington realiza una de
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sus interpretaciones más sólidas,
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si bien
es cierto que el papel
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parecería
pensado para él."
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El gran acierto es compaginar
esta mordacidad con una seria, ponderada reflexión acerca de las
relaciones paterno-filiales. En algún momento, la profundidad interpretativa
llega a ser conmovedora, pero sin voluntad de exprimir lagrimales:
la secuencia de John dando los consejos
a su hijo, como un moderno Polonio,
evita cuidadosamente todo sentimentalismo y es una prueba del buen
hacer de guionistas, director y protagonistas.
En
definitiva, pese a no ser el tipo de película que se lleva Oscars
o premios semejantes, es una contribución más que apreciable a un
año parco en ideas, y con toda seguridad le hará reflexionar acerca
de la naturaleza de las relaciones humanas. Todo ello, de forma
mesurada, imparcial y, sobre todo, entretenida. Vale la pena.


f i c h a t é
c n i c a

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John Q, USA, 2001

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Una producción de New Line Cinema
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Dirección |
Nick
Cassavettes |
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Guión |
James
Kearns |
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Montaje
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Dede
Allen |
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Fotografía
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Rogier
Stoffers |
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Música |
Aaron Zigman |
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Director
artístico |
Thomas
Carnegie/Elis Y. Lam |
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Producción |
Mark
Burg/Oren Koules |

Intérpretes
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John
Q. Archibald |
Denzel
Washington |
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Frank
Grimes |
Robert
Duvall |
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Raymond
Turner |
James
Woods |
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Rebecca
Payne |
Anne
Heche |
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Lester
|
Eddie
Griffin |
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Kimberly
Elise |
Denise
Archibald |
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Gus
Monroe |
Ray
Liotta |
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Mitch
|
Shawn
Hatosy |
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