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C    R     Í     T     I     C     A
John Q.
Muy buena!
    
 El problema de ser honesto

Una crítica ácida, salvaje y sin paliativos al sistema de Sanidad estadounidense mueve la trama de John Q., encomiable historia acerca de los peligros de la liberalización sanitaria en un país acosado por su propio belicismo.

Joan Andreanó-Weyland
      Redacción Telepolis
 


   John Quincy Archibald (Denzel Washington) es un representante arquetípico de la clase media baja estadounidense, la misma a la que, en su vertiente urbana, cantara Bruce Springsteen o, en la rural, John Steinbeck. Feliz padre de un hijo pero preocupado cabeza de familia, ve cómo su jornada de trabajo se va reduciendo conforme, merced a la maravillosa globalización, la fábrica traslada sus factorías al Tercer Mundo. Y al mismo ritmo con que mengua su salario aumentan sus deudas.

    El detonante del drama es la súbita enfermedad cardiaca de su hijo, no detectada en las revisiones sanitarias, y que hace urgentemente necesario un transplante de corazón. Cuando vea que ni el seguro ni la Seguridad Social le costearán la operación, y ante la posibilidad de ver cómo muere su hijo, John toma una drástica medida: armado con una pistola, toma la sala de urgencias del hospital y amenaza con un baño de sangre si no se atiende su petición.


"El filme se despliega ante nosotros
como un intenso drama urbano,
apoyado en sólidas actuaciones y con

una durísima crítica al sistema"


       Lo que podría haber sido, en manos de un director mediocre, un mero 'telemovie' hospitalario, se despliega ante nosotros, poco a poco, como un intenso drama urbano, apoyado en sólidas actuaciones y con una durísima crítica al sistema. Nick Cassavettes conjuga ambos elementos de manera premeditada, y uno diría que incluso fría, evitando el melodrama y bordeando (pero sin llegar a caer en él) el panfleto político. Lo que es más, consigue conmover al espectador ante el drama de la impotencia de su personaje sin enseñar nada de manera gratuita. Tan sólo una calculadora y una sala de hospital son suficientes.

 
      Cassavettes escoge bien a sus actores. Denzel Washington realiza una de sus interpretaciones más sólidas, si bien es cierto que el papel parecería específicamente pensado para él. Convincente incluso cuando la película bordea la exageración, Washington hace de la parquedad de gestos y vocabulario su principal baza, y conjuga la actuación física con su prestancia natural. Dándole la réplica tenemos ni más ni menos que a Robert Duvall (Frank Grimes). Del veterano actor, historia viva del mejor cine que jamás se haya hecho, sobran comentarios. Toma un papel, en principio plano, y lo dota de vida, de humanidad y de determinación. Indescriptible. Si añadimos que los secundarios son James Woods como el cirujano jefe, Turner, y Anne Heche (a la que se le escapa, como la administradora Rebecca Payne, la única pifia interpretativa del filme) y sumamos la corta pero apreciable contribución, como el obtuso jefe de Policía Monroe, de Ray Liotta, queda claro que de un reparto de tal calibre no puede surgir una mala historia.


      El único problema de la película es su constante apelación al melodrama. Se trata de un problema de guión, en el que James Kearns oscila entre el convincente drama social y el dramón lacrimógeno sin ambages. Cassavettes lo evita casi siempre, pero algunas secuencias son de inevitable aparición y no acaban de encajar. Sí encajan, sin embargo, una denuncia suave contra las televisiones, capaces de crear ídolos de barro con la misma facilidad con que los olvidan, y una dura reflexión acerca de los mecanismos del poder político, cada vez más policial y represivo en lugar de socialmente constructivo.


"Denzel Washington realiza una de
sus interpretaciones más sólidas,
si bien es cierto que el papel
parecería pensado para él."


      El gran acierto es compaginar esta mordacidad con una seria, ponderada reflexión acerca de las relaciones paterno-filiales. En algún momento, la profundidad interpretativa llega a ser conmovedora, pero sin voluntad de exprimir lagrimales: la secuencia de John dando los consejos a su hijo, como un moderno Polonio, evita cuidadosamente todo sentimentalismo y es una prueba del buen hacer de guionistas, director y protagonistas.

 
      En definitiva, pese a no ser el tipo de película que se lleva Oscars o premios semejantes, es una contribución más que apreciable a un año parco en ideas, y con toda seguridad le hará reflexionar acerca de la naturaleza de las relaciones humanas. Todo ello, de forma mesurada, imparcial y, sobre todo, entretenida. Vale la pena.
 

  El crítico puedes ser tú





f i c h a   t é c n i c a

John Q, USA, 2001

Una producción de New Line Cinema
  Dirección Nick Cassavettes
  Guión James Kearns
  Montaje Dede Allen
  Fotografía Rogier Stoffers
  Música Aaron Zigman
  Director artístico Thomas Carnegie/Elis Y. Lam
  Producción Mark Burg/Oren Koules


Intérpretes
  John Q. Archibald Denzel Washington
  Frank Grimes Robert Duvall
  Raymond Turner James Woods
  Rebecca Payne Anne Heche
  Lester Eddie Griffin
  Kimberly Elise Denise Archibald
  Gus Monroe Ray Liotta
  Mitch Shawn Hatosy
Esta semana...

Web oficial
Denzel Washington
Robert Duvall
James Woods
Anne Heche
  Ray Liotta
Eddie Griffin
Trailer
Kimberly Elise
John y Nick Cassavettes

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