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No
son pocas las películas que han tocado la situación de los prisioneros
de guerra. En realidad se trata de un subgénero, del que sus ejemplos
más rutilantes siguen siendo La gran evasión,
con un Steve McQuinn en estado de gracia, y, sobre todo,
El puente sobre el río Kwai,
con un Alec Guinness inconmensurable. Ya en un cine más cercano
a nosotros en el tiempo, es imposible no citar Feliz
Navidad, Mr. Lawrence, de Nagisa Oshima, que descubrió
a un David Bowie tan destacable en la interpretación como
en los escenarios. La Guerra de Hart
viene a inscribirse en este subgénero, lo que de por sí juega en
su contra. Se trata de un modelo de película muy trillado, en el
que sortear los tópicos y clichés es más que difícil.
Gregory Hoblit (director
también de Frequency y de la
notable Fallen) no sólo no evita
el charco, sino que se tira en él con todas sus fuerzas. Uno tras
otro, hace desfilar ante los atónitos ojos del respetable un cliché
tras otro. Hart, el protagonista (un
chupatintas que sirve en retaguardia, protagonizado por Colin
Farrell) es hecho prisionero por la Wehrmacht y enviado a un
campo de prisioneros. Allí conoce al coronel Willam
McNamara (Bruce Willis), un soldado 'de los de verdad',
con el que establece una relación de amor-odio. Cuando llegan dos
aviadores negros derribados a los barracones, estallará un drama
racial y jurídico que pondrá a prueba la pericia del picapleitos
convertido en soldado.
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Tan
sólo es rescatable el
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esfuerzo
en producción,
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incluyendo
dos cazas 'Mustang',
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y
una
fotografía excelente
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Sí,
señor. Cine de juicios y cine de prisioneros de guerra en una misma
cinta. Añádanle a un director del campo de concentración clásico
(aparentemente malvado, pero en realidad sólo un pobre soldado)
y los secundarios obligados: oficiales americanos racistas, descabellados
planes de fuga y nazis de gatillo fácil, y se imaginarán
cómo sigue el merengue. Porque eso es La
guerra de Hart. Un enorme merengue, con la misma consistencia
y originalidad, del que únicamente es rescatable el esfuerzo de
producción (incluyendo dos hermosos cazas P-51 Mustang) y una fotografía
excelente.
Salvando
esos detalles, el resto del filme es previsible. Una previsibilidad
que, además, destruye toda posibilidad de intriga y de clímax. Tan
sólo es destacable, en su argumento, la presencia de los aviadores
negros, pertenecientes al cuerpo de 'Tuskegee Fighters' (el mejor
grupo de cazas del Ejército americano, exclusivamente formado por
pilotos negros), si bien poco explotado como filón, reducido a un
mero cliché de negro contra blanco. Sobre la interpretación
política del filme (inevitable tras el 11-S) es la que todo el mundo
espera de un producto de este tipo. Con eso queda todo dicho.
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Es
exactamente lo que promete su
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trailer, y es exactamente, también,
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lo
que espera de ella su público.
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Pretender
más sería demasiado. |
Las interpretaciones,
sin ser deslumbrantes, son correctas, quizás destacando un tanto
Cole Hauser (por cierto, tras salir de otro berenjenal bélico,
Tigerland) como el racista
sargento Vic Bedford. Bruce Willis
no suda demasiado la camiseta como McNamara
(le sobra con el físico y la cara de pocas pulgas) y Colin Farell
logra insuflar vida a un papel arquetípico como el suyo, el Hart
del título. El resto del reparto, encabezado por el rumano
Marcel Iures como el coronel Visser,
y por Terrence Dashon Howard como el acusado piloto Scott,
es meramente funcional.
Siendo benévolos, lo mejor que
se puede decir de esta película es que no engaña a nadie. Es exactamente
lo que promete su trailer, y es exactamente, también, lo que espera
de ella su público. Pretender más sería demasiado, de modo que queda
en 'thriller' previsible, funcional, correctito, ideológicamente
afín al año que le toca y poco más. Pero si es usted de los que
creen en el gran cine bélico (ése que, según Kubrick, cuando
es grande es cuando se convierte en antibelicista), entonces desengáñese.
Alquile alguno de los títulos antes mencionados en vídeo, que sale
más barato y le dará más recompensas.


f i c h a t é
c n i c a

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La guerra de Hart, USA,
2002

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Una producción de Metro Goldwyn Mayer
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Dirección |
Gregory
Hoblit |
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Guión |
Billy
Ray/Terry George |
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Montaje
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David
Rosenbloom |
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Fotografía
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Alar
Kivilo |
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Música |
Rachel Portman |
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Diseño
producción |
Lilly
Kilvert |
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Producción |
Gregory
Hoblit/David Foster/David Ladd |

Intérpretes
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Tte.
Thomas W. Hart |
Colin
Farrell |
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Coronel
McNamara |
Bruce
Willis |
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Coronel
Visser |
Marcel
Iures |
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Tte.
Lincoln Scott |
Terrence
Dashon Howard |
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Sgto.
Vic Bedford |
Cole
Hauser |
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Capt.
Peter Ross |
Linus
Roache |
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