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Hay
algo de intranquilizador en Smoking Room.
No se trata sólo de su aspecto formal, si bien sus planos caóticos,
aparentemente desgarbados, o su montaje descuidado (sólo en apariencia)
potencian esa sensación. Esta película incomoda porque es, de una
manera mucho más amplia de lo habitual, pornográfica. Es pornográfica
en su obsesión (uno diría que compulsión) por los primerísimos planos;
lo es en su fotografía, que no obvia los rostros demacrados; en
su abundancia de carne maltratada por los fluorescentes y por el
aire viciado de una oficina gris y mediocre. En Smoking
Room no se ve ni un sólo desnudo, y, sin embargo,
es pornografía en estado latente.
Este extremo guía, al parecer,
las intenciones de sus directores, que viviseccionan de una manera
fría y premeditada a sus personajes para extrapolar las conclusiones
al conjunto de los urbanitas modernos. Y el resultado es francamente
desalentador, aunque sea certero. En una empresa, recientemente
adquirida por los estadounidenses, se acaba de instaurar una norma
que prohíbe fumar en toda la zona laboral. Un contable, Ramírez
(Eduard Fernández) comienza una intensa campaña de recogida
de firmas para exigir una 'smoking room', es decir, una sala donde
fumar. Pero cuando comienza a pedir las firmas se van evidenciando
las mezquindades, las ruindades y el egoísmo de sus compañeros.
Es aquí donde el escalpelo de los directores comienza a cebarse
de manera contumaz.
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Smoking
Room es pornográfica en su
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obsesión
por los primeros planos,
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en
su fotografía, en su abundancia
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de
carne maltratada por la oficina
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Todos
son perdedores. Lo son desde el inicio, seres grises y mediocres,
pero lo son aún más en cuanto a su condición humana. Las pequeñas
vilezas, la falta de espíritu de equipo, los odios y rencores acumulados,
el egoísmo y la insolidaridad hacen su aparición en cada uno de
ellos. La cinta, que se detiene en pequeños 'sketches' con cada
personaje, revela sus intimidades más sórdidas, las luchas por el
mínimo poder, las esperanzas frustradas. Es decididamente obscena,
las más de las veces, porque sus personajes son un grupo, una tipología
especialmente decadente, y, a la vez, común.
No
se trata de un retrato de seres excepcionales: todos podrían estar
trabajando con usted, y, de hecho, lo hacen, bajo otras caras y
otros nombres. Las actuaciones (la idea misma del reparto) son soberbias,
destacando Eduard Fernández (un verdadero portento), Antonio
Dechent (que encuentra en Enrique,
por fin, un personaje en el que verter su enorme capacidad interpretativa)
y Manuel Morón, cuyo Rubio
tiene, posiblemente, la escena más sórdida y, a la vez, conmovedora
de todo el metraje. Pero tampoco tienen desperdicio las intervenciones
de Vicky Peña (esta mujer sigue siendo una de las mejores,
y más desaprovechadas, actrices de Europa) como Marta,
Francesc Orella (Martínez) y
Chete Lera (Puig).
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El
vídeo resulta el formato
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ideal para entrometerse en los
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bajos
fondos de este grupo, sin
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desperdiciar
la fealdad moral
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La cinta está rodada en
vídeo, y esto, que debería contarse como un factor en contra se
revela como un hallazgo de primer orden. Es el formato ideal para
entrometerse en los bajos fondos de este pequeño grupo humano, sin
desperdiciar ni un ápice de la fealdad (moral y física) que encierran
las paredes de la oficina.
En resumen,
Wallovits y Gual ofrecen una brillante biopsia de
lo peor de cada uno, sin falsas moralinas, en un estilo que, pese
a recordar a algún que otro trabajo previo (la magnífica Trabajo
basura, de Mike Judge, por ejemplo) tiene una
consistencia y un sabor propio que la convierten en una de las más
sugerentes ofertas de la pantalla en estos tiempos de falta de ideas.
Muy bien dirigida, muy bien rodada y con un montón de interpretaciones
de gran calibre, de las que lo reconcilian a uno con el Séptimo
Arte.


f
i c h a t é c n i c a

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Smoking_Room, España,
2002

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Una producción de El sindicato/Ovideo/DeAPlaneta
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Dirección |
Julio
Wallovits/Roger Gual |
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Guión |
Julio
Wallovits/Roger Gual |
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Montaje
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David
Gallart |
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Fotografía
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Cobi
Migliora |
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Dtor.
Producción |
Joan A. Barjau |
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Productor
delegado |
Antoni
Camín |
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Dtor.
Artístico |
Quim
Roy |
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Sonido
directo |
Eva
Valiño |
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Producción
Ejecutiva |
Quique
Camín/José Mª Piera |

Intérpretes
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Ramírez
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Eduard
Fernández |
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Puig |
Chete
Lera |
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Martínez |
Francesc
Orella |
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Sotomayor
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Juan
Diego |
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Fernandez |
Francesc
Garrido |
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Rubio
|
Manuel
Morón |
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Armero |
Ulises
Dumont |
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Enrique |
Antonio
Dechent |
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Marta |
Vicky
Peña |
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Coral |
Juan
Loriente |
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Gómez |
Pep
Molina |
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El
mensajero |
Miguel
Ángel González |
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