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C    R     Í     T     I     C     A
Smoking_Room
Inteligente!
       
 Brillante vivisección

Algo tan sencillo como una nueva norma en la oficina. Tan banal, tan superficial y, a la vez, que influye tanto en la vida cotidiana. Es todo lo que necesitan Julio Wallovits y Roger Gual para levantar la piel de civilizados que llevamos dentro y hurgar en la mezquindad que nos caracteriza. A todos. Aquí no se hacen excepciones.

Joan Andreanó-Weyland
      Redacción Telepolis
 


     Hay algo de intranquilizador en Smoking Room. No se trata sólo de su aspecto formal, si bien sus planos caóticos, aparentemente desgarbados, o su montaje descuidado (sólo en apariencia) potencian esa sensación. Esta película incomoda porque es, de una manera mucho más amplia de lo habitual, pornográfica. Es pornográfica en su obsesión (uno diría que compulsión) por los primerísimos planos; lo es en su fotografía, que no obvia los rostros demacrados; en su abundancia de carne maltratada por los fluorescentes y por el aire viciado de una oficina gris y mediocre. En Smoking Room no se ve ni un sólo desnudo, y, sin embargo, es pornografía en estado latente.

      Este extremo guía, al parecer, las intenciones de sus directores, que viviseccionan de una manera fría y premeditada a sus personajes para extrapolar las conclusiones al conjunto de los urbanitas modernos. Y el resultado es francamente desalentador, aunque sea certero. En una empresa, recientemente adquirida por los estadounidenses, se acaba de instaurar una norma que prohíbe fumar en toda la zona laboral. Un contable, Ramírez (Eduard Fernández) comienza una intensa campaña de recogida de firmas para exigir una 'smoking room', es decir, una sala donde fumar. Pero cuando comienza a pedir las firmas se van evidenciando las mezquindades, las ruindades y el egoísmo de sus compañeros. Es aquí donde el escalpelo de los directores comienza a cebarse de manera contumaz.


Smoking Room es pornográfica en su
obsesión por los primeros planos,
en su fotografía, en su abundancia

de carne maltratada por la oficina



    Todos son perdedores. Lo son desde el inicio, seres grises y mediocres, pero lo son aún más en cuanto a su condición humana. Las pequeñas vilezas, la falta de espíritu de equipo, los odios y rencores acumulados, el egoísmo y la insolidaridad hacen su aparición en cada uno de ellos. La cinta, que se detiene en pequeños 'sketches' con cada personaje, revela sus intimidades más sórdidas, las luchas por el mínimo poder, las esperanzas frustradas. Es decididamente obscena, las más de las veces, porque sus personajes son un grupo, una tipología especialmente decadente, y, a la vez, común.


      
No se trata de un retrato de seres excepcionales: todos podrían estar trabajando con usted, y, de hecho, lo hacen, bajo otras caras y otros nombres. Las actuaciones (la idea misma del reparto) son soberbias, destacando Eduard Fernández (un verdadero portento), Antonio Dechent (que encuentra en Enrique, por fin, un personaje en el que verter su enorme capacidad interpretativa) y Manuel Morón, cuyo Rubio tiene, posiblemente, la escena más sórdida y, a la vez, conmovedora de todo el metraje. Pero tampoco tienen desperdicio las intervenciones de Vicky Peña (esta mujer sigue siendo una de las mejores, y más desaprovechadas, actrices de Europa) como Marta, Francesc Orella (Martínez) y Chete Lera (Puig).


“El vídeo resulta el formato
ideal para entrometerse en los
bajos fondos de este grupo, sin
desperdiciar la fealdad moral”


       La cinta está rodada en vídeo, y esto, que debería contarse como un factor en contra se revela como un hallazgo de primer orden. Es el formato ideal para entrometerse en los bajos fondos de este pequeño grupo humano, sin desperdiciar ni un ápice de la fealdad (moral y física) que encierran las paredes de la oficina.

En resumen, Wallovits y Gual ofrecen una brillante biopsia de lo peor de cada uno, sin falsas moralinas, en un estilo que, pese a recordar a algún que otro trabajo previo (la magnífica Trabajo basura, de Mike Judge, por ejemplo) tiene una consistencia y un sabor propio que la convierten en una de las más sugerentes ofertas de la pantalla en estos tiempos de falta de ideas. Muy bien dirigida, muy bien rodada y con un montón de interpretaciones de gran calibre, de las que lo reconcilian a uno con el Séptimo Arte.

 
  El crítico puedes ser tú





f i c h a   t é c n i c a

Smoking_Room, España, 2002

Una producción de El sindicato/Ovideo/DeAPlaneta
  Dirección Julio Wallovits/Roger Gual
  Guión Julio Wallovits/Roger Gual
  Montaje David Gallart
  Fotografía Cobi Migliora
  Dtor. Producción Joan A. Barjau
  Productor delegado Antoni Camín
  Dtor. Artístico Quim Roy
  Sonido directo Eva Valiño
  Producción Ejecutiva Quique Camín/José Mª Piera


Intérpretes
  Ramírez Eduard Fernández
  Puig Chete Lera
  Martínez Francesc Orella
  Sotomayor Juan Diego
  Fernandez Francesc Garrido
  Rubio Manuel Morón
  Armero Ulises Dumont
  Enrique Antonio Dechent
  Marta Vicky Peña
  Coral Juan Loriente
  Gómez Pep Molina
  El mensajero Miguel Ángel González
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La película

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