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¿Se puede ser
infiel sin ser desleal? He aquí la pregunta que nos plantea Héctor
Aguilar Camín a través de toda la novela, una cuestión que en
el argumento del libro parece resolverse afirmativamente (otra cosa
bien distinta es, en mi opinión, la vida real). Así, esta especie
de Don Juan de romances recurrentes y reincidentes, jamás
sin salirse de las mismas cinco mujeres, sin nunca dejar de amar
a ninguna de ellas, personifica lo que parece una fantasía masculina;
eso sí, la supuesta fantasía se salva de ser tildada
de machista porque, tal como dijo Elvira Lindo en la presentación
madrileña del libro, por lo general ellas también lo tienen a él
como amante y le aceptan y le echan de su vida cuando quieren, alternándolo
a su vez con otros hombres (entiéndase maridos, parejas no formales
o simples romances).
Le queda al lector decidir si la libertad amatoria de las mujeres
se basa en la misma teoría sentimental que la del protagonista,
o si es sólo una coartada para dar rienda suelta y sin riesgo de
abucheos feministas a lo que parece una ilusión masculina.
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Justo Adriano Alemán es un reconocido historiador mexicano que
gusta, en sus años de madurez, de compartir confidencias con
uno de sus discípulos. En las sobremesas de sus comidas periódicas,
Adriano y el joven periodista comentan la actualidad nacional,
hasta que un día una noticia les sorprende: un hombre ha sido
detenido por mantener al mismo tiempo ocho familias paralelas.
Será entonces cuando Adriano le confiese a su interocutor que
su historia personal no difiere mucho de la del protagonista
del suceso, pues él ha sido, a lo largo de su vida, un hombre
de cinco mujeres.
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En referencia
a los personajes que habitan Las
mujeres de Adriano hay que decir que, sin duda alguna,
los más interesantes y tridimensionales son los personajes femeninos.
Son ellas las auténticas estrellas del relato, las que sobresalen
brillando con luz propia a lo largo de toda la novela, hasta el
punto que la historia de Adriano parece una simple excusa para hablarnos
de Regina, Ana, Carlota, Cecilia y María
Angélica. El personaje de Adriano, a pesar de ser el
hilo conductor del argumento, pasará a un segundo plano eclipsado
por sus amantes y se nos revelará como un hombre sexualmente muy
abierto pero literariamente bastante plano.
En cuanto a
la estructura del libro, se basa ésta en un esqueleto muy
simple: Adriano va recordando en diversas conversaciones con
su discípulo, un joven periodista, su vida sentimental, conversaciones
que se corresponden con los diferentes capítulos de la novela. Cada
uno de estos apartados empieza con el reencuentro de los dos hombres,
está centrado en la evocación de los recuerdos de Adriano,
y termina con el protagonista interesándose por la actualidad periodística
que tan bien conoce su interlocutor. Para facilitar más las cosas
al lector, las conversaciones siguen una descripción milimétricamente
cronológica de los avatares sexuales de Adriano, esto sí, sin entrar
en descripciones explícitamente eróticas de las relaciones
sentimentales, más que alguna pincelada aislada. Es un esqueleto
cómodo para el lector (y supuestamente también para el escritor),
pero que llega a hacerse muy repetitivo. Dada la simplicidad
evidente y la reiteración de estructura, es probable que el lector
hubiese preferido prescindir de los rodeos y escuchar directamente
el relato de las memorias sentimentales de Adriano.
En cuanto al estilo literario, hay que decir
que es exquisitamente fluido y adictivo. El lector sabrá,
por lo tanto, a qué hora empieza a leer el libro, pero quizá no
controle tanto la hora en que abandone la lectura. Las
mujeres de Adriano es de esos libros que fácilmente se
leen de un tirón, que consiguen despertar la curiosidad lectora
y que cuestan de dejar a medias. ¿Le ha ocurrido alguna vez tener
que dejar la lectura vencido por la madrugada intempestiva o la
acuciante necesidad de atender otros asuntos, pero no poder evitar
concederse a sí mismo una página más, y otra, y otra... hasta que
devoramos el libro sin darnos cuenta? Pues es probable que esto
le suceda con Las mujeres de Adriano.
En resumen, se trata de un libro de estructura muy simple
y argumento que parece una fantasía masculina, pero que hará las
delicias de los lectores por el hechizo y la fuerza de sus personajes
femeninos y la fluidez de su estilo literario. Un libro ideal para
devorar una cálida tarde de verano.
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