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Aunque gran parte
de la crítica se ha reconciliado con el autor por la sinceridad y autocrítica
que contiene Experiencia, Amis
mantiene la aguda prepotencia de su saga. La
prensa británica no le perdonó que se gastase 100.000 dólares en arreglar
su dentadura, para lo que acudía, desde Londres, a la consulta de un
dentista neoyorquino.
Tampoco fue absuelto
de sus artimañas para conseguir el dinero que le permitiría "volver
a sonreír" tras más de veinte años. Amis despidió a su agente
Pat Kavanagh, esposa de su mejor amigo, el escritor Julian Barnes,
por no conseguir un astronómico adelanto para su novela La
información (1995). La decadencia y fin de la amistad
entre Barnes y Amis, célebre desde entonces por su avaricia,
fue uno de
los tantos culebrones con los que se entretuvo la prensa sensacionalista.
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Martin Amis nació en 1949 y publica su primera novela,
El libro de Rachel, en 1973
con la que ganó el prestigioso premio Somerset Maugham
(el mismo que su padre había ganado con su primera novela Lucky
Jim, 20 años antes). Desde entonces, ha trabajado como
colaborador en diversas revistas literarias y generalistas, y ha
publicado numerosas novelas y ensayos que han significado el reconocimiento
definitivo de la crítica, escéptica desde el principio por su condición
de “hijo de”. Entre sus títulos más destacados se encuentran Niños
muertos (1976), Éxito
(1978), Otra gente (1981), Dinero
(1984), Los monstruos de Einstein
(1987), Campos de Londres
(1989), La flecha del tiempo
(1991), una obra sobre los campos de exterminio nazis que desafía
la narración lineal convencional, y El
tren de la noche (1995).
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Resulta imposible,
sin embargo, encontrar en Experiencia
indicios de arrepentimiento, aunque sí un clima de empatía que conduce
a la completa absolución del escritor, quien, a pesar de no pedir perdón,
tiene el suficiente dominio de su prosa para forzar al lector a comprenderle.
¿Cómo no comprender a alguien que ha pasado más de la mitad de su vida
sin reír? Porque ni el más suspicaz de los lectores dudaría de que Experiencia
es la autobiografía de alguien que no ríe. Es, no obstante, una
novela rebosante de humor, en forma de ironía inteligente -nunca sarcasmo,
ni siquiera cinismo- que induce más a la reflexión que a la carcajada.
El humor de Amis procede de la apenas esbozada media sonrisa
que exhibe en las contraportadas de sus libros, entre desafiante y cohibida,
que le ha valido el sobrenombre de "el Mick Jagger de la literatura".
Si en Experiencia se dan cita las
cuentas pendientes que el autor, en un momento de su vida, decide saldar
sin rencor aparente, la novela es esencialmente un homenaje póstumo
a su padre. De hecho, la necesidad de escribir Experiencia
surge tras la muerte de Kingsley Amis y es un recorrido por su
vida y obra, cuyo objetivo final no es lavar su imagen de gruñón excéntrico
y amargado, ni siquiera justificar su declarado conservadurismo y antisemitismo
(que le llevaban a tachar a Martin de "jodido cretino" por sus
ideas de centro izquierda). A
juzgar por el retrato de Kingsley que ofrece Experiencia
-emotivo y lleno de matices, pero, en conjunto, nada halagador- la necesidad
de volver sobre su padre una vez muerto tiene más que ver con los fantasmas
familiares del propio Martin que con un deseo de mostrar al mundo
las -discutibles- virtudes de Kingsley.
Sin embargo, Experiencia no es una
autobiografía al uso exclusivamente para incondicionales. Éstos pueden
sentirse incluso molestos o defraudados por las deliberadas elipsis,
el uso desconcertante del flash back y lo escueto de algunos episodios.
Ni una palabra sobre las circunstancias de su divorcio, ni sobre su
ajetreada vida sentimental, su nuevo matrimonio y su tercer hijo. Ni
siquiera se detiene demasiado en la figura de su hija Delilah Seale
a la que conoció cuando ella tenía 19 años y cuya súbita
aparición ocupó durante meses a la prensa.
El valor literario
de Experiencia es capaz de atrapar
a cualquier lector no iniciado en la vida y obra de los Amis,
no sólo por la calidad de una prosa sobria e incisiva (Martin
es conocido como "el único escritor norteamericano nacido en Gran Bretaña"),
sino por las interesantes reflexiones sobre la vida, la muerte, la memoria
y la literatura.
La creación literaria,
con todos sus matices, está decisivamente presente en esta autobiografía.
Este género permite a Amis reflexionar sobre sus maestros (Saul
Bellow y Vladimir Nabokov), sus libros de referencia, el
inconsciente literario y su relación con la memoria y, sobre todo, los
sutiles vínculos entre realidad y ficción, que han llevado erróneamente
a muchos lectores, asegura, a identificarle con la altivez y misoginia
de sus personajes masculinos.
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