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Hindenburg,
o el final de una utopía

Narrativa
Henning Boëtius

Las cenizas del fénix
Editorial Destino
416 páginas
19,25 €

El 6 de mayo de 1937, todo un mundo se vino abajo en escasamente 37 segundos. Ocurrió en Lakehurst, cerca de New Jersey, Estados Unidos. El dirigible LZ 129 Hindenburg explotaba pocos segundos después de soltar las amarras para aterrizar, tras un viaje transoceánico de 3 días, causando la muerte de 35 personas (otras fuentes hablan de 36 y hasta 37 muertos) y acabando con el sueño de un mundo lleno de dirigibles, limpios, silenciosos y ecológicos. ¿Accidente? ¿Sabotaje? ¿Atentado? Todas las hipótesis que en su día se dispararon a raíz del desastre del Hindenburg siguen hoy en día en pie. Y las llamas llegan hasta nosotros.


Joan Andreanó-Weyland
Redacción Telepolis

 

El dirigible era, para sus defensores, un icono de ese mundo perfecto al que el progreso técnico abocaba al ser humano. Grandes y asépticas metrópolis similares a la de la legendaria película de Lang, cuyos cielos llenos de reflectores se veían surcados por gigantescos cigarros de metal y gas, que casi sin ruido transportaban miles de viajeros felices. El futurismo edificaba sus sueños de cartelería a través de una fe ilimitada en la Ciencia y un asombro constante ante el ingenio humano. Pero el dirigible también era, para otros, un símbolo demasiado luminoso de igualdad. Un símbolo que había que destruir. Cuando el Hindenburg ardió ante cientos de espectadores, Hitler dijo que había sido una 'obra de Dios'.


FRAGMENTO


Joseph Späh aprovechó la oportunidad para hacer una última visita a su perro. En el estrecho túnel de la pasarela que conducía entre las celdillas casi llenas a reventar del gas, se le ocurrió de pronto la idea de lo fácil que sería hacer con un cuchillo un corte en la blanca seda de ese globo. Resultaba sorprendente que le dejaran hacer solo ese recorrido. De pronto, un hombre apareció ante él. Era el capitán Lehmann.
- ¿Sabe que soy un gafe volante? Ya tengo tres accidentes aéreos sobre mis espaldas- dijo Späh.
Lehmann sonrió:
- No se preocupe, amigo mío. Los zepelines no tienen accidentes.
Luego se cruzaron
.


Sobre la contraposición de estas dos visiones basa su relato Henning Boëtius, escritor germano de renombre y, por añadidura, hijo del timonel de profundidad del dirigible. El mismo timonel que se encontraba a los mandos el fatídico día de Lakehurst. Esta dualidad queda extrapolada a toda la novela y afecta, incluso, a su médula ósea. Porque Las cenizas del fénix parece escrita no por una, sino por dos plumas diferentes. Por una parte, existe un Boëtius, por qué negarlo, infumable, empeñado en figuras retóricas de dudoso gusto y menor originalidad. Este Boëtius surge, sobre todo, en la primera parte de la trama, y molesta a la hora de introducir al lector en la novela. Sin embargo, su voz discordante parece ir callando para dejar paso a un narrador mucho más fluido, en ocasiones incluso lírico, que es quien acaba dominando el registro.

Y cuando el lector ha sorteado los primeros pasmos, se encuentra de repente en Berlín, en pleno auge del partido nacionalsocialista, en la piel de un joven marino al que se ha recomendado para ocupar un puesto de cierta importancia entre la tripulación del orgullo de la aeronáutica mundial: el dirigible más grande del momento, el LZ 129. El Hindenburg. A partir de este punto, nuestro buceo por una historia en la que se mezcla el pasado y el doloroso presente de un superviviente de la catástrofe es plenamente gozoso. Boëtius deja volar la pluma en las partes más técnicas de la novela (aquellas que hacen referencia a las leyes físicas de la navegación en globo) y consigue no hacerlas soporíferas. Cuando relata con detalle minucioso el interior del lujoso dirigible, parecería estar moviéndonos entre tapizados 'Art Déco' y decoración futurista. Y cuando retrata los interiores psicológicos de Birger Lund, el primer protagonista de la historia, consigue meternos en la piel tumefacta y quemada del desdichado sin grandes trabas.

Al decir el primer protagonista de la historia nos referimos, una vez más, a la dualidad que Boëtius aplica a su historia. Porque, efectivamente, hay dos protagonistas en esta historia. Dos hombres, Lund y Edmund Boysen, que se buscan y que acaban encontrándose en una isla semidesierta del mar del norte. Y que, por segunda vez en su vida, comparten un pequeño espacio geográfico (ora el dirigible, ora la isla) en el que sus vidas parecen empeñadas en entrelazarse. El tercer gran protagonista, mudo, de esta historia es el dirigible, majestuoso en sus 252 metros de largo, 38 metros de alto y más de dos millones de metros cúbicos de hidrógeno. Un dirigible cuya muerte fue tan imprevista como preñada de sospechas de sabotaje o atentado.

Entre los cientos de teorías barajadas (que abarcan desde las causas meteorológicas hasta un atentado antifascista como causantes del brutal incendio), Boëtius escoge una ligeramente inverosímil, si bien no imposible. Sin extendernos más de la cuenta (y arriesgarnos a pisotearle la trama a alguien) diremos que tiene mucho que ver con la política exterior alemana. Una teoría, además, subrayada por el inmisericorde retrato que hace de los pobladores de la isla en cuestión. Pobladores que reúnen, condensan y magnifican todos los complejos y culpas de una Alemania devastada por la guerra y sometida por los aliados.

En resumen, un libro que se lee con interés al principio, con dificultad después y con asombro a partir de la mitad, con un ritmo impecable y un final excepcional. Y, lo que es más importante: el interés no es exclusivo de los fanáticos de la aviación ni de la Historia reciente, sino que se extiende a todo aquél interesado en una buena trama detectivesca, con una cierta dosis psicológica y mucha (y muy rigurosa) documentación histórica.


La tragedia

El desastre del Hindenburg
Días de radio: transmisión del desastre
Película original de la tragedia
Teorías conspirativas
FBI: archivo 'Hindenburg'
Nuevas explicaciones del desastre


Dirigibles

Hindenburg: grande y lujoso
Historia de los dirigibles
Zeppelines del siglo XXI
Web oficial de Zeppelin


Pintura

Henning Boëtius
Entrevista a Boëtius (ita)
Web oficial de la base de Lakehurst
Retrofuturismo
Recordando un futuro perfecto

  En Telepolis

Rafael Alberti
1982: el año clave
El último trayecto de Horacio Dos
Las cenizas del fénix
Poesía