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Eduardo Mendoza
es uno de los pesos pesados de la literatura española de los últimos
treinta años. Desde la publicación en 1975 de La
verdad sobre el caso Savolta, nadie discute de su importancia
como inaugurador de una nueva forma de contar historias. El escritor
barcelonés tiene un público fiel que no sólo valora su calidad literaria,
sino que destaca por encima de todas las cosas el sentido del humor
de algunas de sus novelas. El último trayecto
de Horacio Dos es su última trabajo, en el que nuevamente
Mendoza recurre al humor, prácticamente como forma de mantener
la historia en pie.
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Eduardo Mendoza nació en Barcelona en 1943 y es junto
a Manuel Vázquez Montalbán o Juan Marsé uno de
los creadores del imaginario de una Barcelona que va más allá
de lo que vemos a simple vista para crear una ciudad irreal
donde todo puede ocurrir. Ha publicado las novelas La
verdad sobre el caso Savolta (1975), El
misterio de la cripta embrujada (1979), El
laberinto de las aceitunas (1982), La
ciudad de los prodigios (1986), La
isla inaudita (1989), Sin noticias
de Gurb (1991), El año del diluvio
(1992), Una comedia ligera (1996)
y La aventura del tocador de señoras
(2001). Junto a su hermana Cristina ha escrito la obra Barcelona
modernista (1990), y en solitario es autor de la obra
de teatro Restauració editada en
catalán en 1990 y traducida al castellano en 1991.
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En 1991 veía
la luz uno de los libros más populares de Eduardo Mendoza,
Sin noticias de Gurb. Era éste
un auténtico delirio en el que con la presencia de un alocado extraterrestre
en Barcelona, Mendoza daba rienda suelta a su humor
más descerebrado. El último trayecto de
Horacio Dos ha sido presentado como un nuevo asalto del
autor en este género de sátira alocada, con tintes de ciencia ficción,
y personajes que se comportan de una forma absurda, pero que no
nos sorprende. Esta obra narra el viaje sin rumbo en un futuro lejano
de una nave espacial al mando de Horacio Dos, uno de los
logros de la historia, un ser pusilánime, sin carácter ni nada de
lo que deba poseer alguien con cierta responsabilidad. En la nave
viajan en unas condiciones lamentables, además de una tripulación
plagada de incompetentes, un pasaje dividido en Mujeres Descarriadas,
Ancianos Improvidentes y Delincuentes.
Lo que leemos
es el diario de a bordo que escribe el propio Horacio Dos,
en el que narra lo que acontece en esta nave a lo largo de tres
Estaciones Espaciales, en las que tendrán que superar no sólo las
trampas del destino sino la proverbial habilidad de cada uno de
los personajes que van apareciendo para demostrar su estupidez.
Sin embargo, lo que en Sin noticias de
Gurb era un disparate completo, en esta ocasión el resultado
es algo más frío. Quizá condicionados por la excelencia de su anterior
trabajo, La aventura del Tocador de Señoras,
en la que el sarcasmo, el humor absurdo y el retrato sin piedad
de unos personajes, que fuera cual fuera su condición social destacaban
por esperpénticos y ridículos en el mejor de los casos,
El último trayecto de Horacio Dos, decepciona un tanto.
De hecho, el libro tendría más semejanzas con este libro que con
Sin noticias de Gurb, ya que
tanto narrativamente como por el sentido del humor, el libro de
1991 es incomparable.
En esta historia afloran tanto la incompetencia de quienes
se sitúan en cargos de responsabilidad, como la estupidez de quienes
son sus subordinados, y el espíritu borreguil del pasaje. El autor
no muestra simpatía por ninguno de los distintos segmentos sociales
reflejados a lo largo de prácticamente toda la novela. Sólo el personaje
de la señorita Cuerda, una 'mujer descarriada' de voluptuosos
encantos que no tiene ningún escrúpulo para utilizarlos en su provecho,
demuestra tener inteligencia para manejarse en las situaciones más
diversas.
No es que el lector, yendo sobre aviso si ha seguido algo de la
trayectoria de Eduardo Mendoza, espere que una novela orientada
hacia el disparate le enriquezca el intelecto o le enseñe algo sobre
la vida -quizás a desconfiar de los jefes en cualquier circunstancia-,
pero este último trabajo del autor barcelonés es decididamente una
obra menor. Lo que en las historias protagonizadas por su innombrado
y alocado detective como El laberinto de
las aceitunas, El misterio de
la cripta embrujada o La aventura
del tocador de señoras era hilarante, aquí nos dibuja
una sonrisa pero no nos atrae lo suficiente. Quizá por ya sabidas
o porque esperamos demasiado de un autor que nos ha prodigado tantos
buenos momentos, las andanzas de Horacio Dos y su tropa de
incompetentes por esos mundos de Dios no acaban de atraer la atención
del lector. Así viajamos por las páginas del libro con la misma
sensación que tiene el atribulado capital al mando de la nave espacial,
no sabemos a dónde vamos.
Porque si lo que se pretendía era repetir las locuras de Sin
noticias de Gurb, el resultado es francamente menor,
y si, en cambio, se quería trasladar al espacio el ambiente de sus
tres novelas arriba citadas hay que decir que El
último trayecto de Horacio Dos queda algunos peldaños
por debajo de éstas.
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Autores
de Ciencia-Ficción
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