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Una ética de trabajo para el nuevo milenio

Ensayo
Pekka Himanen

La ética del hacker y el espíritu de la era de la Información
Editorial Destino
258 páginas
12,59 €

La vieja definición de los hackers como piratas informáticos ya ha pasado de moda. Los hackers son hoy en día estudiantes aplicados y altruistas. Para ellos, la dedicación al trabajo es una de las principales motivaciones de la vida. Por lo tanto, ya no tienen nada que ver con la idea, que aún permanece en la mente de la mayoría, de que son jóvenes antisistema concentrados sólo en destruirlo todo.


Cristina Vázquez
Redacción Telepolis
 












Pekka Himanen no podría haber escogido unos padrinos más influyentes. El mismísimo Linus Torvalds le regala un prólogo muy en su línea: naturalidad hasta la médula. En otras palabras, más parecido a una jocosa conversación de media tarde que a un discurso inaugural. Menos mal que un centrado Manuel Castells pone toda su artillería teórica para contextualizar el movimiento en un epílogo épico. Quizás no tan digerible como el de su predecesor, pero sí más contrastado. Conscientemente o no, dos personajes diferentes que se conjugan a la perfección en el prototipo de lo que sería un hacker ideal para este filósofo finlandés.


LOS ORÍGENES DEL 'HACKING'


El Massachussets Institute of Technology (MIT), durante los años setenta y ochenta, fue el centro del mundo informático. De ahí surgió ARPANET, la predecesora de la actual Internet. El término hacker viene del verbo to hack (cortar, golpear) debido a que las primitivas máquinas del MIT, de cinta perforada, más de una vez necesitaban el típico arreglo manual para funcionar correctamente. Por lo tanto, un hacker era aquel que golpeaba o cortaba la cinta, es decir, un programador. Con el tiempo, la palabra hacía referencia a quienes invertían todo su tiempo probando nuevas posibilidades de la recién nacida informática. Paralelamente, existía una legión de jóvenes de actitudes antisistema y con tintes anarquistas. Muchos de ellos comenzaron una particular cruzada contra la compañía telefónica BELL, debido a los abusos que cometía desde su posición monopolista. Durante los años ochenta, el reto fue todo sistema que les opusiera una resistencia digna de ser 'testeada'. A finales de los ochenta, y partiendo de la subcultura del hacker, nacen, para empeorar el panorama, los crackers, un nuevo tipo de guerrillero informático al que los hackers le deben su mala fama.


El libro define los aspectos que caracterizan el comportamiento ético de los hackers. Porque sí, aunque los más escépticos tengan sus dudas, los hackers también tienen moral. Además, es un perfil que, en ciertos pasajes del libro, parece querer convertirse en el modelo a seguir para el ciudadano del siglo XXI. La obra inicia un camino en que nos hace reflexionar sobre el trabajo en la economía de la era de la Información, contrapuesto a su equivalencia en la sociedad industrial. El autor quiere, de esta manera, que el lector identifique las continuidades, rupturas y diferencias con esa época. Eso sí, siempre sin dejar de lado los principales hitos que han marcado el desarrollo de la sociedad digital y las nuevas tecnologías. Así, aparecen personajes como Steve Wozniak, Vinton Cerf, Jim Clark, Gordon Moore o Jeff Bezos, empresas de la talla de Apple, Microsoft, Netscape, Amazon, Sun Microsystems o Cisco, centros neurálgicos como el MIT o Silicon Valley y creaciones como la Red de redes, Unix, el hipertexto global o Internet.

Pekka Himanen toma como punto de partida la ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber para, de una manera expresa, reescribirlo bajo la mentalidad de un hacker. Por lo tanto, si en el siglo XVII se justificaba el trabajo por el trabajo y se perseguía el máximo beneficio económico, el hacker contrapone la satisfacción personal y el entretenimiento como único objetivo. Más o menos, el filósofo finlandés sugiere que si la ética protestante fue importante para el desarrollo del capitalismo, la ética del hacker determinará los nuevos tiempos.

Bajo esta lógica nos encontramos, en la actualidad, con dos posturas diferentes respecto a la nueva era de la Información. Por una parte estaría Bill Gates y su preciada Microsoft, que representaría una tendencia centrada en el trabajo y en la acumulación de dinero y, por otro, Linus Torvalds y su pingüino, que representarían el libre acceso, la afición, la pasión y el deseo de compartir. O sea, modelo a seguir por los hackers, que tratan de combinar la pasión con la libertad.

Unos conceptos que para algunos lectores puedan parecer sorprendentes. Por ejemplo, para un hacker el concepto del tiempo es opuesto a la visión capitalista. Hacen un uso mucho más flexible del mismo y, aunque tratan de alcanzar unas metas razonables, nunca supervisan el uso del mismo. El hacker disfruta con lo que hace y sigue el ritmo de su propia creatividad prescindiendo de horarios preestablecidos. Por lo tanto, la transparencia, la franqueza y el reconocimiento social de la creatividad pretende sustituir la jerarquía por el compromiso. Los trabajadores dejan de ser elementos de una pirámide para convertirse en nodos de una red.

Aquí es cuando aparece la visión más comunista de Himanen, que no anarquista, como algunos podrían pensar tratándose de los mal denominados 'piratas informáticos'. El hacker quiere compartir la información. Una razón filosófica lo lleva a querer conseguir el reconocimiento de sus iguales. Con ello no quiere decir que no tengan los pies en la tierra; he aquí una razón pragmática para ejemplificarlo: si se esconden las propias ideas nadie puede añadirles nada y el trabajo pierde su sentido como motor de progreso y bienestar social.

Al final te das cuenta que lo que Himanen quiere comunicarnos es que todos podemos ser hackers, independientemente de a lo que nos dediquemos. A partir de ahora, los niños contestarán, sin pestañear, "quiero ser HACKER" a la pregunta de los padres sobre qué quieren ser de mayores. Ironías aparte, el autor considera que el rasgo que caracterizará a los futuros 'angelitos' será la dedicación a un determinado tema y el hecho de cultivar un interés sin reservas, además de estar dispuestos a sacrificar horas de sueño y tiempo libre por su pasión.

Himanen, a veces agudo, otras más bien ingenuo, escribe con una prosa sencilla y directa. Como el libro no es demasiado extenso, se hace ameno y entretenido. Desde luego, es una obra de lectura obligatoria para todos aquellos que deseen entender el avance de los valores morales dentro de la vertiginosa, y para muchos desalmada, era de la Información. En este libro desaparecen los tabús y se presentan los conceptos más importantes para entender 'realmente' a la pretendida comunidad hacker, alejada de esas desvirtuadas creencias que circulan por los medios de comunicación. Sin embargo, no nos podemos dejar llevar por una visión, en muchas ocasiones, demasiado idealizada que nos presenta el filósofo finlandés. Si caemos en su red, creeremos que vivimos en el limbo y que la maldad y el interés personal han desaparecido para siempre.


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