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A pesar de los
miles de elogios y premios cosechados por su novela El
lápiz del carpintero, el escritor gallego Manuel Rivas
regresa al género en el que se mueve como pez en el agua y que
le permite expresar todo ese manantial imaginativo que emana sin
parar de su cabeza: el relato.
En Las
llamadas perdidas, Rivas hace alarde de esa facilidad
para sugerirnos ideas en nuestra memoria, muchas veces injustamente
tratada, pero cuyos rescoldos permanecen siempre a la espera de
una chispa que vuelva a encender el fuego del recuerdo. Los 25 relatos
de este cuentista nato deslumbran una vez más por ese cúmulo
de metáforas y simbolismos que conviven con la más cruel de las
realidades: la propia vida.
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FRAGMENTO
DE 'LA MEDIDA DEL AGRIMENSOR'

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Las hojas del manzano eran de un verde manso, que dependía
del humor de la luz. Un verde que tenía edad, como las
piezas de un tendal humano. En la infancia, al germinar, un
verde lavanda, tierno, casi transparente. Y después estaba
aquel verde alegre de la juventud, de guirnalda en domingo festivo,
de paño de chaleco de gaitero en alborada. Un verde de
traje de faena, un verde mandil, en días laborales, mientras
se lograba el fruto. Tembloroso más tarde con el ánima
de un verderón en el cielo oxidado. En el otoño,
hay un día en que las nubes adquieren sonido, como el
día aquel en que por vez primera Pedro Madruga incorporó
la pólvora a los campos de batalla de Galicia. El verde
viejo del manzano se tiñe entonces de pigmentos.
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Cansado de que
le etiqueten como un escritor del realismo mágico, el autor de Qué
me quieres, amor, Premio Nacional de Literatura de 1996, recrea
personajes que no huyen de la realidad sino que luchan contra la
adversidad y la tristeza. Si buscamos un denominador común entre
todas las historias, la confrontación pasado-presente se
respira en cada una de ellas. El escritor coruñés consigue que el
lector se identifique con un libro repleto de secundarios maravillosos
de los que sin duda querríamos saber mucho más al acabar las breves
páginas del relato.
El olor a brisa marina, el rocío de la noche, la incesante lluvia,
las costumbres de aldea, las calles de Coruña... Las
llamadas perdidas es Galicia por los cuatro costados,
aunque Rivas asegura que lo importante no es el lugar físico sino
el devenir de los personajes. Una muestra de este amor por su tierra
es 'La sinceridad de las nubes' donde el autor nos cuenta
con gran sensibilidad y tristeza el envejecimiento de población
rural y cómo se desmoronan las pequeñas aldeas. Mayor sutileza denotan
los relatos que esconden esbozos amorosos y de deseo como 'La
mirona', cuento en el que una mujer compensa su insatisfacción
sexual y amorosa observando a los bañistas forasteros. Un baño que
se convierte en un símbolo de liberación y represión social.
Rivas
incluye relatos históricos, explicados desde una óptica social y
mundana. La represión franquista o el golpe de Estado del 23-F también
tienen cabida en una obra caracterizada por una mayor dureza que
las anteriores, donde la frontera entre la ilusión y la realidad
es difícil de discernir.
En Las llamadas perdidas,
Manuel Rivas nos permite entrar nuevamente en su universo
imaginativo donde los límites y las etiquetas no tienen validez,
sólo la libertad y las ganas de dar respuesta a esas llamadas al
pasado para que no se conviertan nunca en llamadas perdidas.
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