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La novela de
Manuel Vázquez Montalbán Erec y
Enide habla de la forma de enfrentarse de cuatro personajes
con la vida y con el amor. Hay tres historias en el libro. La de
Julio Matasanz, catedrático y experto en materia artúrica, que así
como va recogiendo los frutos de una intensa vida académica en forma
de reconocimientos y premios, se va dando cuenta de que su tiempo
ha pasado ya. Es la historia de quien fuera un atildado y conquistador
profesor, enamoado de si mismo, que percibe cómo van quedando atrás
los años de esplendor y de actividad, se niega a reconocerlo y sigue
buscando los vínculos que le mantengan unido a un mundo que le aleje
de la cotidianeidad. Ese parece ser su principal terror, el ser
un marido responsable, un padre correcto y mantenerse pegado a su
familia. Es un solitario que se resiste a tener una vida de pareja
normal. Por el contrario, su amante Myrna, experta en materia artúrica
como él, decide que no vale con aferrarse al pasado sino que hay
que mirar al futuro con ganas de nuevas experiencias.
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Manuel Vázquez Montalbán ha realizado una novela que
tiene como fondo el tema de la materia artúrica. Un mundo legendario
presidido por las figuras del rey Arturo y su esposa Ginebra
y rodeado de pequeñas y grandes historias paralelas. Los amores
adúlteros de la reina Ginebra y el caballero Lancelot, o la
búsqueda del Santo Grial por parte de Perceval. Una de esas
historias menores es la de Erec y Enide. Erec es un joven caballero
que no participa de las aventuras de sus correligionarios de
la Mesa Redonda y es objeto de burlas. Sin embargo, tras un
incidente con un enano, se embarcará en una serie de peripecias
en las que tendrá como objetivo recuperar a su amada Enide.
Un ejemplo de la conservación del amor día a día.
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Madrona, la esposa
de Julio, parece no resignarse a que su esposo un día regrese de
sus 'andanzas' caballerescas por esos mundos de dios y letras y
vuelva a su lado. Es por eso que sigue preparando las cenas de Navidad
con la ilusión de esas madres del anuncio del turrón de Jijona.
Con la figura de Madrona, y el de Julio Matasanz, el autor hace
un retrato de la alta burguesía barcelonesa en el que se muestra
el rechazo que existe en esas clases a perder su condición privilegiada
y al contacto con otras gentes y otras realidades que no sean la
suya. Tanto la historia de Madrona como la de su marido están revestidas
de cierta melancolía por otros tiempos, cuando siendo jóvenes se
veían las cosas con ilusión. Sin embargo, en el caso de Madrona,
la vida la ha ido relegando a un papel secundario y sólo parece
esperar que bien su marido o bien su sobrino Pedro, vuelvan a casa
para volver a sentirse alguien. Y sobre todo volver a sentirse querida.
En cuanto a
los personajes de Pedro, sobrino de Julio y Madrona, y su novia
Myriam, ponen la parte romántica y realmente 'caballeresca' del
libro. Con la historia de la pareja, Vázquez Montalbán ha
querido trasladar el argumento de la novela artúrica Erec y Enide
a los tiempos actuales. Para eso ha llevado a todos los personajes
y situaciones a la situación que se podría vivir en América Central.
Pedro y Myriam son los nuevos 'caballero' y 'doncella', integrantes
de una ONG, que correrán diversas aventuras tanto por compromiso
con sus ideas, como por ser una demostración continua de amor. Para
ello han servido los conocimientos sobre el tema 'chiapaneco' del
propio autor.
Tomando pues como punto de partida la novela Erec
y Enide, escrita por Chrétien de Troyes en el
siglo XII, y haciendo una adaptación de las aventuras del
joven Erec y su esposa Enide con los personajes de Pedro y Myriam,
Vázquez Montalbán no sólo quiere hacer una reflexión
acerca de la forma de encarar el futuro de los personajes maduros
como Madrona, Julio y la amante de éste Myrna, y los jóvenes como
Pedro y Myriam. Le interesa especialmente hacer una reflexión sobre
el amor. La importancia que tiene el amor, el sentirse querido,
apreciado por parte de los personajes. El combustible vital de Julio
Matasanz es la necesidad de conservar su estela de galán, de caballero
y erudito, querido y admirado. Más que los premios le interesa sentirse
dominador de su vida y no quedar como un simple y viejo profesor.
Madrona es el personaje que necesita más amor. Da la impresión de
ser una de esas señoras de la buena sociedad que asumen con resignación
las aventuras de su esposo, pero que anhela verle volver. Pedro
y Myriam, como Erec y Enide, han de demostrar que el amor se ha
de conservar día a día, que hay que pelear por la persona a la que
quieres.
En Erec y Enide, Vázquez
Montalbán ha querido hacer tres cuadros sobre las relaciones
de pareja, la conservación del amor y en el caso de los personajes
más maduros, la forma de enfrentarse a la vejez. Una novela que
ha dedicado al amor, un tema que para muchos, acostumbrados a sus
artículos políticos, a sus ensayos gastronómicos
o a sus novelas de Pepe Carvalho, les resultará chocante.
Sin embargo, su trayectoria como escritor le permite tratar con
sensibilidad temas que parece que quedan lejos de esa imagen mediática
de 'especialista progre' en temas de actualidad.
Una buena forma
de aproximarse a cómo sienten y cómo se desenvuelven
en la madurez esos personajes de la élite cultural, política
y financiera que sólo vemos en los discursos o enseñando
sus casas en las revistas del corazón.
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