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os
activistas por los derechos de los gays y las lesbianas,
al parecer ya cansados de la lucha por las personas de a pie,
han gastado mucha saliva discutiendo sobre si es necesario e,
incluso, recomendable, que los personajes públicos hablen abiertamente
de su homosexualidad. Creen que los gays
y las lesbianas necesitan referentes sociales
para conseguir que la atracción hacia personas del mismo sexo
sea vista como algo tan normal como las declaraciones homófobas
de algunos obispos, por poner un ejemplo. Por eso, cada vez que
algún político, cantante o torero sale del armario, un coro de
entusiastas acoge con satisfacción al recién llegado haciéndole
ver la importancia de su gesto.
José Mantero no necesitaba salir del armario porque no
había armario que le cobijara. Sus cercanos sabían que es gay
y él no vivía su sexualidad de manera oculta. Combinaba sin problemas
su condición de homosexual con sus obligaciones pastorales y no
necesitaba 'liberarse' de nada. "Jamás me he planteado salir del
armario públicamente. No me gusta mentir; si me preguntan: '¿Eres
maricón?', respondo 'sí'", declara él en la entrevista
que concedió a la revista Zero.
¿Qué es, entonces, lo que le lleva a llamar a la redacción de
una publicación mensual que le había pedido unas opiniones para
decir 'oye, que no sé si sabéis que soy gay'?
En España, la revista
Zero es, en parte, responsable de algunas de las salidas del
armario más espectaculares de los últimos tiempos. Algunas confesiones,
léase Jesús Vázquez, Nacho Duato o Jorge Cadaval,
no sorprendieron. Otras, sí. Pero todas llevaron su consiguiente
dosis de revuelo. Algún malpensado dirá que todo parece calculado
al detalle: primero, el mundo del espectáculo, el más hospitalario
con los gays ; luego, el Ejército, un tema algo más peliagudo;
por último, la Iglesia, lo intocable dentro de lo intocable. Con
la política no hace falta, porque ya tenemos un ex ministro
y un diputado que 'entienden'.
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La
salida del armario de personajes populares es vista por muchos
como un paso más en la normalización de la homosexualidad
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Con las entrevistas
al teniente coronel Sánchez Silva y al cura de Valverde
del Camino se consiguió lo que, aparentemente, se quería: provocar
un debate en dos estamentos en los que la homosexualidad era inexistente.
Y vender más revistas, por supuesto, que a nadie le amarga un
dulce. Del miembro del Ejército, nada más se supo. Sólo que ahora,
además de militar, es conferenciante. Pero, ¿ayudó a cambiar las
actitudes homófobas que él mismo denunció dentro de su institución?
Deberíamos preguntarles a sus compañeros homosexuales,
esos que no ocuparon la portada de una revista 'fashion'
para gays de diseño. ¿Qué pasará con el sacerdote dentro
de unos meses? Quizás algunos religiosos aireen sus humanas
preferencias. Quizás no. Sólo Dios lo sabe.
Más
interesante ha sido el caso de la actriz estadounidense Rosie
O'Donnell, que acaba de confirmar lo que todos sabían: que
es lesbiana. Lo más importante de todo el revuelo que ha provocado
en Estados Unidos la protagonista de Beautiful
girls no es que le gusten
las mujeres, sino la batalla dialéctica con grupos ultraconservadores
en la que se ha enzarzado para defender la adopción por parte
de parejas homosexuales. O'Donnell, madre de tres niños,
ha hablado públicamente para denunciar las dificultades y humillaciones
-mentir sobre su sexualidad, sin ir más lejos- por las que tuvo
que pasar para adoptar a sus hijos. Desde su tribuna privilegiada,
la actriz está usando la popularidad para luchar por sus derechos.
Pero también por los derechos de muchas personas que sufren situaciones
similares y que permanecen atentas a sus evoluciones.
Muchos
creen que la salida del armario del cura ha servido, por lo
menos, para que la Iglesia muestre su verdadera cara y que con
eso el 'movimiento' se puede dar con un canto en los dientes.
Los obispos, tan susceptibles para según qué cosas, se
apresuraron a denunciar una campaña de desprestigio contra su
institución. Pero la mejor operación de descrédito
se gestó dentro de sus propias filas cuando uno de los próceres
cristianos llamó 'error de la naturaleza' a los gays. Ante situaciones
como éstas, el movimiento gay -tanto tiempo cavilando en el
armario-, también tiene respuesta: el 'outing' o, lo
que es lo mismo, hacer saltar las cerraduras a golpes y sin
el consentimiento del propietario. 'Si tú no sales, te sacamos'.

Tras el 'caso Mantero',
no faltaron las amenazas de delación a tres obispos supuestamente
homosexuales. Sorprendentemente, llegaron desde las filas del
Partido Popular. Carlos Alberto Biendicho, miembro del
PP Gay, plataforma no reconocida dentro del partido, amenazó
con tirar de la manta si los obispos no se callaban. Con no
pocos detractores, el 'outing' es una estrategia política con
apenas 10 años de vida. Nace en la ciudad que, por obra y gracia
de las porras de la policía, se considera cuna del Orgullo
Gay, Nueva York. Lo cierto es que el 'outing' es
una de las más controvertidas armas políticas del movimiento
gay, que para muchos pierde efectividad cuando se usa sólo por
odio o rabia.
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Los
activistas gays más radicales
defienden el 'outing' como estrategia
política contra la homofobia
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La variante que más
adeptos tiene es la que considera que sólo merecen ser desvelados
los nombres de aquellos homosexuales públicos que hacen declaraciones
homófobas o que toman decisiones contrarias a los derechos
de los gays y las lesbianas. Otros, conscientes de que desde
la invisibilidad no se puede luchar por la igualdad, defienden
el 'outing' por el 'outing', alegando que los heterosexuales
han hecho lo mismo durante toda la vida con los gays y que nadie
se ha quejado.
En
cualquier caso, en lo que todos están de acuerdo es en denunciar
la existencia de roperos, taquillas o sacristías que encierren
en secreto mentiras que condenan a los homosexuales a
vivir en la vergüenza y el miedo. Nadie niega que, voluntaria
o involuntariamente, los personajes populares constituyen un
referente y un modelo a seguir para muchas personas. Quizás
es necesario que los famosos hablen para que los homosexuales
de a pie empiecen a engrasar las bisagras de su armario particular.
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