El centenario del nacimiento de John Steinbeck es, en sí, contradictorio con el hombre a quien celebra. Se trata de un acontecimiento académico, universitario y literario que los Estados Unidos celebran por todo lo alto. Conferencias, simposios, retrospectivas de los filmes que inspiró o que ayudó a crear... El tiempo atempera las críticas y ensalza las virtudes del escritor. Unas virtudes que llevarían a los críticos a situarlo junto a los grandes: Faulkner (también acusado de antiamericano y posteriormente endiosado), Caldwell, Hemingway... La literatura norteamericana se viste de gala para honrar a uno de sus hijos predilectos.
   Joan Andreano-Weyland  Redacción Telepolis

        "Rosa de Sharon aflojó un lado de la manta y desnudó su pecho. 'Has de hacerlo', dijo. Se acercó un poco y acercó la cabeza de él. 'Así', dijo. 'Así'. Situó su mano bajo la cabeza y la aguantó. Los dedos acariciaron suavemente su pelo. Miró hacia arriba, y a lo largo de la granja, y sus labios se juntaron, y sonrió misteriosamente."

        Una mujer que acaba de ser madre amamanta a un hombre adulto al borde de la inanición. La escena final de Las uvas de la ira resume a la perfección el complejo mundo de John Steinbeck, de quien se cumple el centenario. Una novela, catalogada de "una mentira, una infernal y oscura creación de una mente retorcida y viciosa" por el congresista Lyle Boren, de Oklahoma, y de "crónica épica" por la Academia sueca que le concedió el Premio Nobel de Literatura de 1962.

        La escena sólo puede haber salido de Steinbeck. Combina a la perfección todos los rasgos que le harían merecedor del Nobel y del Pulitzer, que le harían ser adorado y odiado, tenido por un comunista y por un fascista, por un escritor naturalista y por un sensiblero. Pocos autores son tan difíciles de clasificar para el periodista o el cronista, aficionados ambos a las etiquetas políticas, artísticas, mediáticas. John Steinbeck fue, en vida, uno de los más controvertidos creadores estadounidenses. Sus novelas le merecieron el epíteto de comunista, y como tal fue recibido, con honores, en la Unión Soviética, en 1947. Sin embargo, Steinbeck se consideró siempre como un patriota estadounidense, que no dudó en apoyar la presencia americana en Vietnam, incluso tras la muerte en combate de su hijo.


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Steinbeck fue admirado y odiado, acusado de comunista y de fascista, calificado de escritor realista y de sensiblero...
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        El National Steinbeck Center y el National Endowment for Humanities son, en estos momentos, el centro neurálgico de la 'Steinbeckmanía' estadounidense. Desde su sede en Salinas, California, dirigirá la mayoría de eventos 'oficiales' en torno a la figura del escritor, que incluye 'tours' por los parajes inmortalizados en los libros, pases de películas, comentarios académicos y mesas redondas. Pero ¿qué se está celebrando realmente? ¿Quién fue John Steinbeck?

       Steinbeck nació en el seno de una familia burguesa en Salinas (California) en 1902. La bahía de Monterrey, que le vio nacer, sería el lugar en que situaría la mayor parte de sus obras. Estudió Biología en Stanford hasta 1925, año en que abandonó súbitamente la Universidad para comenzar a trabajar en los más variopintos empleos: pintor, jornalero, recolector de fruta o vigilante nocturno. Son años en los que comienza a comprender el sufrimiento ajeno, y en los que se desarrollará su ya eterno interés por los desvalidos, los desheredados. Una legión que crecerá dramáticamente con el crack bursátil de 1929, y que poblará, vagabundeando, los Estados Unidos, durante los años 30. Es la época de la Gran Depresión. El propio Steinbeck dijo una vez que "es extraño lo lejos que queda una desgracia cuando no nos afecta a nosotros mismos". Quizás por ello dedicó su vida a dar voz a quienes carecían de ella.

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En Steinbeck, la condición de patriota pasa por la de crítico pertinaz de todo aquello que no funciona bien

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       Debutó en el panorama literario con La copa de oro, una novela de corte histórico. Sin embargo, son sus posteriores Tortilla Flat, A un Dios desconocido y Una vez hubo una guerra las que le allanan el camino hacia el mundo literario y periodístico profesional. En 1937 escribe la que, para muchos, es su obra maestra: De ratones y de hombres. La novela cuenta la historia de dos hermanos, jornaleros nómadas en los tiempos de la Gran Depresión. Uno de ellos, con una fuerza extraordinaria y el desarrollo mental de un niño de cuatro años, desatará un mar de hostilidades y desencuentros en la cerrada y caciquil comunidad agrícola californiana. En esta novela se encuentran los principales elementos de la literatura de Steinbeck: la denuncia social, la mirada puesta en los desheredados, la voluntad del corazón humano y, sobre todo, una inquebrantable fe en un futuro mejor.


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Los principales elementos de Steinbeck son la denuncia social, la voluntad del corazón y una inquebrantable fe en un futuro mejor

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       Estos mismos elementos, aunque mucho más depurados, se encuentran en Las uvas de la ira, que para otra gran mayoría es una de las más importantes novelas de la literatura estadounidense. En ella Steinbeck narra la masiva huida de campesinos empobrecidos del centro de los Estados Unidos hacia California. Conformada como un gran Éxodo bíblico, Las uvas de la ira ejemplifica una de las más fuertes convicciones de su autor: la condición de patriota pasa por la de crítico pertinaz de aquello que no funciona bien. Steinbeck casa y sintetiza su americanismo con su feroz lucha por los marginados. No obstante, no falta quien lo acusa de sentimental y paternalista hacia el pobre, lo que no impide que el régimen comunista le declare 'paladín de los oprimidos'. Seguimos ante el 'enigma Steinbeck', un escritor que desafía cualquier intento de clasificación.

       En 1952 publica su tercera obra maestra, Al este del Edén, una saga familiar que, sin embargo, encuentra en el elemento natural (los vastos paisajes del desierto californiano) su contrapunto épico. Elia Kazan se encargaría de trasponerla al cine, con James Dean como protagonista. Las relaciones entre Steinbeck y el cine fueron, como mínimo, problemáticas. Como coguionista de ¡Viva Zapata!, también de Kazan, surgieron desavenencias que se arrastrarían durante largo tiempo. Algo más que desavenencias hubo con John Ford a causa de la censura respecto a la última escena de la versión fílmica de Las uvas de la ira. Aunque hubo reconciliación final, durante mucho tiempo Steinbeck rehusó hablar del tema, lo que no impidió a Orson Welles asegurar que Ford sólo rodó "una historia de amor materno".

       Los últimos años de Steinbeck están trufados de éxitos literarios. El invierno de nuestro descontento, escrita en 1961, y Norteamérica y los norteamericanos (1968) tuvieron un éxito de ventas inaudito, pese a lo cual es evidente su decadencia narrativa. En su discurso de aceptación del Nobel, Steinbeck da una declaración de principios: "Sostengo que un escritor que no crea apasionadamente en la posibilidad de perfeccionamiento humano no tiene lugar ni dedicación alguna en la Literatura". John Steinbeck muere en 1968, en la intimidad familiar, alejado (como siempre había vivido) de las cámaras y la vida pública.


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