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"Rosa
de Sharon aflojó un lado de la manta y desnudó su pecho.
'Has de hacerlo', dijo. Se acercó un poco y acercó la cabeza de
él. 'Así', dijo. 'Así'. Situó su mano bajo la cabeza y la aguantó.
Los dedos acariciaron suavemente su pelo. Miró hacia arriba, y
a lo largo de la granja, y sus labios se juntaron, y sonrió misteriosamente."
Una mujer que acaba de ser madre amamanta a un hombre adulto al
borde de la inanición. La escena final de Las
uvas de la ira resume a la perfección el complejo mundo
de John Steinbeck, de quien se cumple el centenario. Una
novela, catalogada de "una mentira, una infernal y oscura creación
de una mente retorcida y viciosa" por el congresista Lyle Boren,
de Oklahoma, y de "crónica épica" por la Academia sueca que le
concedió el Premio Nobel de Literatura de 1962.
La escena sólo puede
haber salido de Steinbeck. Combina a la perfección todos
los rasgos que le harían merecedor del Nobel y del Pulitzer, que
le harían ser adorado y odiado, tenido por un comunista y por
un fascista, por un escritor naturalista y por un sensiblero.
Pocos autores son tan difíciles de clasificar para el periodista
o el cronista, aficionados ambos a las etiquetas políticas, artísticas,
mediáticas. John Steinbeck fue, en vida, uno de los más
controvertidos creadores estadounidenses. Sus novelas le merecieron
el epíteto de comunista, y como tal fue recibido, con honores,
en la Unión Soviética, en 1947. Sin embargo, Steinbeck
se consideró siempre como un patriota estadounidense, que no dudó
en apoyar la presencia americana en Vietnam, incluso tras la muerte
en combate de su hijo.
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Steinbeck
fue admirado y odiado, acusado de comunista y de fascista,
calificado de escritor realista y de sensiblero...
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El
National Steinbeck
Center y el National
Endowment for Humanities son, en estos momentos,
el centro neurálgico de la 'Steinbeckmanía' estadounidense.
Desde su sede en Salinas, California, dirigirá la mayoría de
eventos 'oficiales' en torno a la figura del escritor, que incluye
'tours' por los parajes inmortalizados en los libros, pases
de películas, comentarios académicos y mesas redondas. Pero
¿qué se está celebrando realmente? ¿Quién fue John Steinbeck?

Steinbeck nació
en el seno de una familia burguesa en Salinas (California) en
1902. La bahía de Monterrey, que le vio nacer, sería el lugar
en que situaría la mayor parte de sus obras. Estudió Biología
en Stanford hasta 1925, año en que abandonó súbitamente la Universidad
para comenzar a trabajar en los más variopintos empleos: pintor,
jornalero, recolector de fruta o vigilante nocturno. Son años
en los que comienza a comprender el sufrimiento ajeno, y en
los que se desarrollará su ya eterno interés por los desvalidos,
los desheredados. Una legión que crecerá dramáticamente con
el crack bursátil de 1929, y que poblará, vagabundeando, los
Estados Unidos, durante los años 30. Es la época de la Gran
Depresión. El propio Steinbeck dijo una vez que "es
extraño lo lejos que queda una desgracia cuando no nos afecta
a nosotros mismos". Quizás por ello dedicó su vida a dar voz
a quienes carecían de ella.
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En
Steinbeck,
la condición de patriota pasa por la de crítico
pertinaz de todo aquello que no funciona bien
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Debutó
en el panorama literario con La copa
de oro, una novela de corte histórico. Sin embargo,
son sus posteriores Tortilla
Flat, A un Dios desconocido
y Una vez hubo una guerra
las que le allanan el camino hacia el mundo literario y periodístico
profesional. En 1937 escribe la que, para muchos, es su obra
maestra: De ratones y de hombres.
La novela cuenta la historia de dos hermanos, jornaleros nómadas
en los tiempos de la Gran Depresión. Uno de ellos, con una fuerza
extraordinaria y el desarrollo mental de un niño de cuatro años,
desatará un mar de hostilidades y desencuentros en la cerrada
y caciquil comunidad agrícola californiana. En esta novela se
encuentran los principales elementos de la literatura de Steinbeck:
la denuncia social, la mirada puesta en los desheredados, la
voluntad del corazón humano y, sobre todo, una inquebrantable
fe en un futuro mejor.
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Los
principales elementos de Steinbeck
son la denuncia social, la voluntad del corazón y
una inquebrantable fe en un futuro mejor
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Estos mismos elementos,
aunque mucho más depurados, se encuentran en Las
uvas de la ira, que para otra gran mayoría es una
de las más importantes novelas de la literatura estadounidense.
En ella Steinbeck narra la masiva huida de campesinos
empobrecidos del centro de los Estados Unidos hacia California.
Conformada como un gran Éxodo bíblico, Las
uvas de la ira ejemplifica una de las más fuertes
convicciones de su autor: la condición de patriota pasa por
la de crítico pertinaz de aquello que no funciona bien. Steinbeck
casa y sintetiza su americanismo con su feroz lucha por los
marginados. No obstante, no falta quien lo acusa de sentimental
y paternalista hacia el pobre, lo que no impide que el régimen
comunista le declare 'paladín de los oprimidos'. Seguimos ante
el 'enigma Steinbeck', un escritor que desafía cualquier
intento de clasificación.
En
1952 publica su tercera obra maestra, Al
este del Edén, una saga familiar que, sin embargo, encuentra
en el elemento natural (los vastos paisajes del desierto californiano)
su contrapunto épico. Elia Kazan se encargaría de trasponerla
al cine, con James Dean como protagonista. Las relaciones
entre Steinbeck y el cine fueron, como mínimo, problemáticas.
Como coguionista de ¡Viva Zapata!,
también de Kazan, surgieron desavenencias que se arrastrarían
durante largo tiempo. Algo más que desavenencias hubo con John
Ford a causa de la censura respecto a la última escena de la
versión fílmica de Las uvas de la ira.
Aunque hubo reconciliación final, durante mucho tiempo Steinbeck
rehusó hablar del tema, lo que no impidió a Orson Welles
asegurar que Ford sólo rodó "una historia de amor materno".

Los últimos años de Steinbeck
están trufados de éxitos literarios. El
invierno de nuestro descontento, escrita en 1961, y Norteamérica
y los norteamericanos (1968) tuvieron un éxito de ventas
inaudito, pese a lo cual es evidente su decadencia narrativa. En
su discurso de aceptación del Nobel, Steinbeck da una declaración
de principios: "Sostengo que un escritor que no crea apasionadamente
en la posibilidad de perfeccionamiento humano no tiene lugar ni
dedicación alguna en la Literatura". John Steinbeck muere
en 1968, en la intimidad familiar, alejado (como siempre había vivido)
de las cámaras y la vida pública.
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