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muchos los Estados que censuran de un modo u otro los contenidos
que perjudican sus intereses. Algunos incluso pueden castigar
a quienes expresan en el ciberespacio opiniones contrarias al
'interés nacional' o a lo 'políticamente correcto'. Si ninguna
de estas dos medidas alcanza el objetivo deseado, las restricciones
se mueven hacia lo seguro: vetar el contenido y dificultar el
acceso haciendo de Internet un lujo al alcance de unos pocos.
Así, millones de ideas quedan silenciadas y otras tantas escondidas.
Mientras, la libertad de expresión y el derecho a la información,
protegidos por el artículo 19 de los Derechos
Humanos, quedan reducidos a “Page not found”.
Según afirma Andrew L. Shapiro en El
mundo en un clic, los primeros activistas que utilizaron
la Red como plataforma de denuncia fueron los demócratas serbios
seguidores de la emisora Radio
B92. Los creadores de esta popular cadena de radio
comenzaron a emitir a través de la Red tras ver cómo las autoridades
del entonces presidente de Serbia, Slobodan Milosevic, cerraban
sus puertas. Este intento frustrado de censura, no obstante, permitió
descubrir el poder de Internet: en pocas semanas el mundo entero
conocía los movimientos de los activistas serbios contrarios al
régimen de Milosevic y en pocas semanas Radio B92 volvía
a emitir por las ondas hertzianas como consecuencia de la presión
internacional. Quien subestima la Red es que no la conoce.
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En
China, el internauta está obligado a inscribirse en un registro
especial para poder navegar por Internet
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El control de la información
que fluye por las autopistas de la información es una de las mayores
preocupaciones de países como China. Para empezar, las autoridades
del gigante asiático obligan a los usuarios de Internet a inscribirse
en el registro de un cuerpo especial de la policía. Más allá de
bloquear sitios espinosos para el régimen de Jiang Zemin,
como los relacionados con los derechos humanos o la independencia
del Tíbet, prohíben el acceso a las páginas de The
New York Times, The
Wall Street Journal o la CNN.
Protegido el espionaje del e-mail por ley (los ISP están obligados
a rastrear las cuentas de correo y a cortar la conexión e informar
a la policía de cualquiera que introduzca un mensaje “subversivo”),
resulta sencillo cazar a ciberdisidentes para enviarlos a un lugar
sin Red: la cárcel.
El
más famoso de ellos, Wang Jinbo, fue detenido en mayo
del pasado año por haber exigido la revisión del veredicto oficial
sobre el movimiento democrático de 1989, así como por reclamar
la liberación de prisioneros políticos a través de Internet.
En diciembre fue condenado
a 4 años de prisión por subversión. Pero no sólo
expresarse libremente en la Red es delito en tierras chinas.
En abril del pasado año la policía detuvo al veterano activista
Chi
Shouzhu, que en 1999 quedó libre tras 10 años
en prisión por haber participado en las revueltas pro-democráticas
del 89, por el simple hecho de descargar material pro-democracia
desde Internet e imprimirlo. Un mes antes, un ingeniero había
sido detenido por colgar en su web ensayos políticos sobre la
situación de Taiwán, a la vez que hacía una vehemente
crítica del “alma del comunismo”. Hace escasas semanas, la BBC
se hacía eco de
dos nuevos ciberdisidentes encarcelados.

Con todo, el número
de internautas no ha parado de crecer en ese país. 27 millones
de ciudadanos, sobre una población total de 1.300 millones,
se conectan a Internet. De los usuarios habituales de la Red,
cerca de 4,5 millones se conectan en cibercafés. Demasiados
-pensó el Gobierno- y cerró
17.000 de un plumazo, aduciendo que estaban relacionados
con páginas web pornográficas o consideradas 'subversivas'
(¡odiosa palabra!). Otros 28.000 cibercafés fueron obligados
a instalar sistemas de vigilancia que permitieran al poder controlar
a sus internautas. “Si no puedes con tu enemigo, únete a él”,
éste es el lema de la última artimaña de las autoridades de
Pekín. ¿Alguien dijo que China vulneraba los derechos humanos?
Imposible... Derechos humanos en China es una web que
pretende informar "completa y objetivamente al mundo entero
sobre el desarrollo de los derechos humanos en China". El único
problema que encierra es que la supuesta ONG que ha creado el
site, Comité de Estudios de Derechos Humanos, es una
tapadera
del Gobierno chino.
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Otra
de las estrategias utilizadas para limitar el acceso a Internet
es
encarecer la conexión
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Otros
países asiáticos, como Singapur, bloquean el acceso a
un centenar de páginas sin ningún tipo de pudor a la vez que,
irónicamente, fomentan el uso de Internet entre su población.
Y, como en China, las autoridades de Singapur son alumnos aventajados
en el control de la Red en su propio provecho: en las últimas
elecciones presidenciales sólo las webs de los partidos inscritas
en la Singapore
Broadcast Authority (SBA) tenían derecho a hacer
campaña por Internet; el resto debían ser retiradas bajo penas
de cárcel de un año. La Global
Internet Library Campaign denuncia éste y otros
muchos casos.
Pero para resolución
inteligente, el caso cubano o el de Marruecos. Estrategia: encarecer
el servicio. Es eficaz ya que restringe el acceso y limita la
navegación. En Cuba, sólo existen unas 40.000
cuentas de correo y se calcula que hay unos 50.000 internautas
en la isla. Un único proveedor de servicios de Internet (ISP)
opera en toda la isla, tal como denuncia Freedom House, de modo
que el acceso está controlado fácilmente, y para colmo, la Constitución
prohíbe la propiedad privada de medios de comunicación
electrónicos.
Los
filtros que hacen las veces de pre-censor son usados por multitud
de países. Las autoridades, impidiendo el acceso a sitios
“nocivos”, mantienen alejado aquello que sería negativo para
la mente de sus ciudadanos y aquello que es una perversión atendiendo
a la religión de cada país. Entre estos países se encuentran
Arabia Saudí, Bahrein, Jordania, Kuwait o Egipto, Estados que
protegen celosamente su religión y su cultura ante cualquier
tipo de perversión... La homosexualidad es, a sus ojos, una
desviación imperdonable. Prueba de ello es que en diciembre
de 2001 un tribunal egipcio mandó
a prisión a dos jóvenes por incluir contenidos homosexuales
en su web y ofrecerse para mantener relaciones sexuales
con otros chicos. Queda claro: el 'material
inmmoral' sólo tiene cabida si cuelga de un servidor
extranjero.
“La información
debe ser libre” fue la máxima con que la comunidad internauta
se lanzó al ciberespacio. Los intentos de que no lo sea son
efectivos sólo en parte, pues la Red es demasiado autónoma como
para someterla a control exhaustivo, demasiado descentralizada
como para cercarla. No obstante, que sigan apareciendo afirmaciones
como la realizada por el presidente de Ucrania, Leonid Kuchma:
"Internet
es la asesina que permite que la gente pueda escribir
lo que quiera sin firmar con su nombre y lo peor es que luego
eso aparece en los medios masivos” nos hace respirar oxígeno.
La libertad de expresión sigue en pie de guerra y a la Red no
hay quien la calle para lo bueno y para lo malo.
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