Yugoslavia defiende el título mundial que consiguió en 1998, en Europa y sin Dream Team. Esta vez la empresa es mucho más complicada, ya que Estados Unidos ha enviado a su quinto equipo de ensueño para saborear de nuevo la gloria, como hicieron los cuatro anteriores. Sin embargo, la ausencia de ‘megaestrellas’ y la masiva presencia de jugadores no estadounidenses en la NBA contribuirá a igualar el potencial de los anfitriones con el de las principales selecciones europeas. En Indianápolis nos espera un Mundial de auténtico lujo, en el que por primera vez parece que está en jaque la tiranía baloncestística de EE.UU.
  Jordi Fandiño Redacción Telepolis

        Desde que en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 el denominado Dream Team exhibiera todo su potencial y ridiculizara a sus rivales, Estados Unidos ha apostado por jugadores de la NBA para su equipo nacional de baloncesto en las grandes citas. Los Jordan, Magic, Bird y compañía se colgaron la medalla de oro casi sin sudar, poniendo el listón muy alto, quizá demasiado. Los sucedáneos de Dream Team que han venido a continuación también han conseguido el título para su país pero se han encontrado cada vez con una oposición mayor, hasta el punto de que Lituania estuvo a punto de sorprender a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Sydney de 2000.

        La selección estadounidense, que dirige George Karl, sigue siendo la favorita, pero la verdad es que sólo cuenta con un par de jugadores de primerísima fila, y su calidad no es exageradamente mayor que la de Yugoslavia o Alemania, por poner un par de ejemplos. Cuando dan más miedo los que no están que los que sí, como le sucede esta vez a Estados Unidos, empieza a haber motivos de preocupación. Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Vince Carter, Allen Iverson, Chris Webber, Tracy McGrady, Tim Duncan o Kevin Garnett, algunos de los mejores jugadores de la NBA, no estarán. El base Jason Kidd y los aleros Paul Pierce y Ray Allen deben ser los referentes de una selección fuerte pero sin estrellas de enorme relumbrón, tras la negativa de Jordan a liderar por tercera vez al equipo nacional.

        Tras la medalla de oro conseguida en Barcelona 92 con el Dream Team, Estados Unidos conquistó el Mundial 1994 con el Dream Team II, y se colgó de nuevo el metal más preciado en los Juegos Olímpicos de 1996 y 2000, con otras dos secuelas del equipo de ensueño. La única cita reciente a la que no asistió el Dream Team fue el Mundial de Grecia de 1998, debido al cierre patronal en la NBA que obligó a los jugadores profesionales a ir a la huelga. EE.UU. estuvo representado por un equipo de jóvenes universitarios que acabó en tercera posición.


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La selección estadounidense sigue siendo la favorita, pero su calidad no es exageradamente mayor que la de Yugoslavia o Alemania
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        Yugoslavia y Rusia encabezan la lista de candidatos a derrotar al Dream Team V. Ambas selecciones se enfrentaron en la final del último Campeonato del Mundo, en la que los balcánicos se impusieron por dos puntos de diferencia y conquistaron su cuarto título mundial, superando de este modo a Rusia y Estados Unidos, que cuentan con tres en su haber. Además, Yugoslavia es el principal suministrador de jugadores europeos a la NBA, ya que Stojakovic, Rebraca, Divac, Jaric y Drobnjak juegan en la mejor liga del planeta, Gurovic y Rakocevic estuvieron este verano en los campus de verano, y Bodiroga nunca se ha atrevido a dar el salto, pero seguro que triunfaría en Estados Unidos.

       Otras selecciones también aportan jugadores NBA a la cita intercontinental, como Alemania, con Nowitzki y Bradley; China, con Zhizhi Wang y el gigante Ming Yao; o España, con el ‘rookie’ del 2002, Pau Gasol. Sin embargo, el base Raúl López, con un pie en los Jazz, no podrá disputar el campeonato por una inoportuna lesión producida en un amistoso de preparación. La selección que dirige Javier Imbroda tiene la oportunidad de conseguir un gran resultado en este Mundial, en el que destacan las importantes ausencias de selecciones punteras en el panorama baloncestístico, como Lituania, Italia, Francia, Grecia o Croacia. El combinado español quiere mantener la línea de juego y resultados de los dos últimos Europeos, en los que fue segundo (Francia 1999) y tercero (Turquía 2001), y la verdad es que puede ocupar un cajón del podio en un Mundial por primera vez en su historia.


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Yugoslavia y Rusia encabezan la lista de candidatos a derrotar al Dream Team, seguidos de Alemania, España o Argentina

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       Imbroda ha sido capaz de crear un bloque compacto en el que los veteranos como Nacho Rodríguez, Alfonso Reyes, Paraíso o Lucio Angulo han sabido entregar el testigo de la responsabilidad y el liderazgo al relevo generacional que forman los jóvenes y triunfadores Gasol, Navarro y Felipe Reyes. Las ausencias más destacadas quizá sean las de los lesionados Àlex Mumbrú, Raúl López y Roberto Dueñas, aunque otros seguro que añorarán la garra de Esteller, la dirección de Rodilla o las genialidades de Herreros.

       Analizando el potencial de todos los equipos, España sólo es inferior, a priori, a las dos superpotencias: Estados Unidos y Yugoslavia. Hay otras selecciones muy fuertes, como Rusia, Alemania o Argentina, pero el equipo de Imbroda tiene calidad suficiente para imponerse. Los jugadores españoles ya vencieron a los alemanes el año pasado en la final de consolación del Eurobasket (99-90), Rusia no es tan sólida como antaño, y a los argentinos los conocen bien porque la mayoría juegan en la ACB.


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España, que quiere mantener la línea exitosa de los dos últimos Europeos, sólo es inferior, a priori, a Estados Unidos y Yugoslavia

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       El cuadro del torneo, además, es idóneo para que España llegue lejos... siempre que empiece fuerte. Encuadrado junto a Yugoslavia, Canadá y Angola, el equipo español debe pasar ronda con al menos dos triunfos para afrontar con garantías la segunda fase. En el apartado de comparsas destacan las exóticas Angola, Argelia, Líbano y Nueva Zelanda. China, que cuenta con dos jugadores NBA, es una incógnita, y Venezuela y Puerto Rico se caracterizan por la irregularidad.

       El Mundial de Indianápolis, el primero del siglo XXI, debe confirmar la tendencia que está viviendo el baloncesto en los últimos años. La NBA, la mejor liga del planeta, ha dejado de mirarse al ombligo, ha ampliado su campo de visión y se ha fijado en los talentos europeos para aumentar su potencial. Parece lógico que ahora Europa quiera dar el paso definitivo y tomarse una merecida revancha. La misión no será sencilla, porque el torneo se juega en Estados Unidos, pero ha llegado la hora del traspaso de poderes.

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