El pasado 19 de septiembre, las tropas leales al Gobierno de Laurent Gbagbo disolvieron un intento de golpe de Estado en Costa de Marfil. Un país considerado, hasta principios de los 90, "un oasis de tranquilidad y estabilidad" en un continente africano azotado por guerras civiles, conflictos llamados 'de baja intensidad', sublevaciones y guerrillas, víctima del hundimiento económico y social y de la inoperancia de líderes políticos con escasa o nula legitimidad democrática.
  Laura Conde  Redacción Telepolis

        En el panorama posterior a la descolonización, Costa de Marfil ha sido una potencia relativamente privilegiada en el África subsahariana. Principal productor mundial de cacao, ha gozado de un régimen político más o menos estable desde su descolonización en 1960 hasta principios de los 90. Su relativa estabilidad económica -irrisoria si la comparamos con Occidente pero atractiva para países como Burkina Faso, donde la mayoría de la población subsiste con menos de un dólar al día-, hizo de Costa de Marfil una especie de paraíso para la inmigración africana que huía de países azotados por conflictos bélicos crónicos y escasas perspectivas económicas.

        Precisamente, las altas tasas de inmigrantes que desde hace 40 años recibe la ex colonia francesa han contribuido a agravar una fractura social que ha dado lugar al arraigado concepto de "marfileidad". A la tradicional fractura entre el Sur cristiano y el Norte musulmán, la crispación originada por un periodo crónico de vacas flacas añadía una nueva ruptura en la sociedad de Costa de Marfil: el enfrentamiento marfileños-extranjeros, que originó esperpénticos episodios entre los propios líderes políticos, quienes se sumieron en una competición absurda sobre su "marfileidad" descalificando a aquellos de ascendencia extranjera.

        Sin embargo, quienes ahora se refugian en la pureza de su sangre y en una serie de insostenibles argumentos étnicos para justificar el rechazo de los nativos hacia los más de seis millones de inmigrantes que actualmente residen en Costa de Marfil, olvidan que, en su día, la mano de obra barata de miles de extranjeros constituyó uno de los mayores atractivos para los inversores occidentales que apostaron por este país, rico en recursos naturales y, por encima de todo, extraordinariamente barato.





El concepto de 'marfileidad', profundamente arraigado en Costa de Marfil, ha sumido al
país en la obsesión por la limpieza étnica





        La muerte del presidente Houphouet-Boigny en 1993 marcó el inicio del declive en el paraíso de relativa estabilidad que, hasta el momento, había sido Costa de Marfil. Houphouet-Boigny había presidido el país desde su independencia de Francia en 1960, al frente de una dictadura "paternalista" que con los años fue ganando detractores, lo que obligó al presidente a autorizar una ligera apertura del régimen a partir de los 80.

        La caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS intensificaron la oposición internacional a la democracia de partido único marfileña que desautorizaba cualquier tipo de oposición. Las revueltas estudiantiles de principios de los 90 fueron violentamente reprimidas por un Gobierno inexperto absolutamente incapaz de negociar. Centenares de estudiantes fueron encarcelados y, desde dentro y fuera del país, se exigía el fin de la corrupción y la celebración de elecciones limpias.

       Tras el fallecimiento de Houphouet-Boigny, le sucede en el cargo Henri Konan Bedié, autor de la polémica reforma constitucional que reserva el derecho a llegar a la presidencia del país únicamente a personas nacidas en Costa de Marfil y descendientes de ciudadanos ivorienses. Esta polémica norma le permite eliminar del panorama político a su principal rival, Ouattara, líder de la Agrupación Republicana (AR) y antiguo miembro del Gobierno, cuya madre había nacido en Burkina Faso. Tras la pantomima electoral de 1995, los sucesivos escándalos de corrupción, el estancamiento económico, la retirada de las ayudas internacionales y la creciente tensión social que asolaba el país dieron lugar la golpe de Estado del general Robert Guei en 1999.





El militar golpista Robert Guei se presentó
como el salvador de un país en crisis que
convocaría elecciones nada más
encarrilar la recuperación económica





       Al igual que sus antecesores en el poder, Guei utiliza la tortura, las ejecuciones masivas, los atropellos contra la libertad de expresión y la intimidación de la oposición como principales instrumentos de Gobierno. Pese a que en un principio rechazó liderar el golpe, en pocos meses había barrido a los generales que le acompañaron en la conjura, se había entregado a la corrupción tras acobardar a sus oponentes y elaborado una reforma de la Constitución que le sirvió para borrar de la lista a 14 de los 19 candidatos a la presidencia del país, que representaban a un 90% del electorado potencial. Guei no se presentaba como un dictador más en un continente habituado a los golpes de Estado, sino como el ambicioso salvador de un país en crisis que convocaría elecciones limpias una vez encarrilada la recuperación económica y reconciliación étnica.

       El 22 de octubre de 2000, pese a haberse asegurado el control de los medios de comunicación, Guei no logró ganar las elecciones, lo que no impidió que se proclamase presidente ignorando la victoria de su oponente, Laurent Gbagbo, del Frente Popular Marfileño (FPI), avalado por varias décadas de oposición limpia que le costaron la cárcel en diversas ocasiones. Gbagbo acabó ocupando la presidencia gracias al estallido popular, en el que centenares de musulmanes del norte partidarios de Ouattara murieron a manos de militantes del FPI. Esta fractura social Norte-Sur y cristianos-musulmanes sólo se explica en un desesperanzado contexto de declive económico, dentro de un Estado cuya situación ha sido paragonada en numerosas ocasiones con la Yugoslavia de Milosevic.





Francia debe asumir una parte de responsabilidad en el deterioro del país y
ofrecer su apoyo institucional y militar para evitar el estallido de una guerra civil






       Desde entonces, Gbagbo, respaldado por el Partido Socialista Francés y por Nigeria -frente a la preferencia por Ouattara mostrada por Estados Unidos, Chirac, Mali y Burkina Faso- se ha enfrentado a sucesivas rebeliones populares. Su pretendido progresismo e independencia política no le han impedido ampararse en el concepto de "marfileidad" basado en la limpieza étnica contra su adversario político, lo que ha creado un creciente malestar entre sus partidarios.

       La última revuelta, que tuvo lugar el pasado 19 de septiembre, comenzó como un pequeño motín popular que dio lugar a un golpe de Estado militar encabezado, al parecer, por el general Robert Guei, quien, desde que perdió las elecciones de 2000 se había dedicado a conspirar contra el régimen electo. Pese a que las informaciones sobre la rebelión militar han sido escasas y confusas en los medios occidentales, parecer ser que Guei fue abatido por las tropas leales al Gobierno, aunque los disturbios continúan y, a pesar de sus llamadas a la tranquilidad, Gbagbo no ha logrado disipar el temor a una guerra civil en Costa de Marfil.

       En estas circunstancias, es imprescindible una intervención diplomática -y, si es necesario, militar- a nivel internacional, pues la guerra civil podría dar lugar a un conflicto regional que acabaría de hundir el continente. Diversas ONGs exigen a Francia que abandone su línea de no intervención sobre sus antiguas colonias y contribuya a restablecer el orden en la zona. De hecho, Francia es, en gran medida, responsable del deterioro que ha experimentado Costa de Marfil. La práctica desaparición de las redes francesas en África y el alineamiento de la política francesa tras el modelo privatizador del FMI y el Banco Mundial explican gran parte de lo ocurrido en los últimos años. En estos momentos, es necesario que el Gobierno de Jean-Pierre Raffarin rompa su política de pasividad sobre África y vele por la seguridad en sus ex colonias, que corren el riesgo de convertir el África subsahariana en una nueva Yugoslavia.



Costa de Marfil
Costa de Marfil
Archivo sobre Costa de Marfil
Paraíso africano
Diarios de Costa de Marfil
  Víctimas de la insurrección
  Datos e historia
Foro sobre el país

África

Conflictos contemporáneos en África
Africa on-line
Unión Africana
SIDA: la agonía de África
Libertad de expresión
Hambruna en África
Panorama general
Diarios de África
Características históricas
Buscando una solución
Continente africano
Guerras de nunca acabar
Historia general de África

Nuestros Foros
Política Internacional
Cultura de paz
África

Política
Organizaciones internacionales

Conflictos en África
Angola
Ruanda
República Democrática del Congo
Sierra Leona
Liberia
Somalia
Argelia
Sáhara Occidental

Líderes africanos
Muammar el Gaddafi
Thabo Mbeki
Levy Mwanawasa
Olusegun Obasanjo
Abdoulaye Wade
Robert Mugabe
Teodoro Obiang
Joseph Kabila


 Enviar a un amigo  Ver  todos  Imprimir  Ir a la Central de Política

    el DIGITAL Weekend ¿Quieres suscribir a un amigo?