Qué aficionado al cine en su sano juicio podría resistirse a la tentación de conseguir los últimos estrenos, o los clásicos cinematográficos de todos los tiempos con un solo clic, en un tiempo que va de tres a seis horas y sin salir de casa. Con una conexión rápida y uno de los muchos programas de intercambio de archivos que existen en la Red es tan sencillo que la descarga de películas a través de Internet casi ha atrapado a la de archivos de música. Pero la todopoderosa industria del cine ya está en alerta.
Noemí Jansana  Redacción Telepolis  

        El abaratamiento y la proliferación de los sistemas de navegación de alta velocidad han introducido un importante cambio en los usos de Internet. La Red ya no sirve sólo para buscar información, escribir e-mails o chatear, sino que también se ha convertido en un suministrador de opciones de ocio que en ocasiones bordean la ilegalidad. Las más problemáticas son las perseguidísimas descargas de música a través de la Red, a las que se ha unido la descarga de películas, una nueva moda que está provocando cierto nerviosismo en la industria del cine.

        No es para menos, porque las últimas cifras han revelado un espectacular aumento en el tráfico de películas por Internet. Según un estudio de Viant Corp., una compañía de investigación centrada en la piratería en Internet, se descargan ilegalmente entre 400.000 y 600.000 copias de películas al día, por lo menos un 20% más que en el mismo período de 2001. Este tráfico podría incrementarse aún más entre noviembre y diciembre de 2002 con el estreno de Harry Potter y la cámara de los secretos y El Señor de los Anillos: Las Dos Torres.

        Estos números han llamado la atención de la industria cinematográfica sobre el fenómeno de la piratería de películas, y las 'majors' han empezado a preguntarse cómo puede afectar esta práctica a su volumen de negocio. El espejo en el que Hollywood puede mirarse no es nada esperanzador: la industria de la música ha sufrido unas pérdidas de casi 782.000 millones de euros en el año 2001, a causa del pirateo. Pero la diferencia entre ambos sectores está en que el cine es un sistema de niveles de negocio y los expertos apuntan a que el tráfico de películas en la Red afectará más a los intermediarios, agencias de publicidad, servicios de transmisión, distribuidores, salas de cine y fabricantes. Estos últimos, que hasta ahora han sacado provecho del negocio del celuloide, con soportes tan populares como el VHS y el DVD, son los más amenazados por el pirateo cinematográfico.


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Actualmente, se descargan ilegalmente entre 400.000 y 600.000 copias de películas al día
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        Ante la alarma de la industria, se está imponiendo una corriente bastante escéptica que se pregunta hasta qué punto alguien que tiene tantas ganas de ver una película como para descargársela de la Red, no va luego a verla al cine. Incluso, existen estudios que indican que esta forma de consumir películas, más que atentar contra el negocio del cine, suele incentivar la asistencia a las salas grandes, ya que no debemos olvidar que 'ir al cine' es un acto social y, por lo tanto, comunitario; y ver un largometraje en el ordenador es individual y no proporciona la misma satisfacción ni el mismo efecto catártico.

       Aun así, es tentador poder disfrutar de una película de moda antes de que llegue al cine. En webs como Kazaa, Morpheus, Imesh, LimeWire o Soulseek es muy fácil descargarse películas, sobre todo si se dispone de un PC con mucha capacidad de almacenamiento. Estas web han desarrollado, además, sus propios sistemas de transmisión (Fastrack es el más popular) que permiten la descarga de todo tipo de archivos. Actualmente se tarda unas seis horas en 'bajarse' una película en Internet con ADSL en portales como Kazaa, eDonkey o iMesh, frente a las 24 horas que se necesitan con la línea telefónica básica.


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La amenaza de la comercialización de los CD
de películas no es, ni de lejos, tan peligrosa
como la piratería de música

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       Otro punto a favor para los sites de descarga son los agujeros legales que existen en la legislación para penar estas prácticas. El modelo de intercambio de estos sitios, que opera a través de sistemas P2P (conexiones entre ordenadores), hacen que sea muy difícil su control. Porque estas compañías funcionan como intermediarios que ponen en contacto a usuarios conectados desde diferentes PCs. Hasta ahora, sólo Audiogalaxy, que utiliza un sistema de intercambio centralizado (los archivos residen en un número limitado de servidores), ha podido ser demandado por las compañías por infringir los derechos de autor.

       El problema con la ley puede surgir al copiar un DVD a DivX, el programa que se usa para ver los filmes en el ordenador, ya que hay que romper los sistemas de protección que incorporan estos discos precisamente para evitar su duplicado; y eso sí es ilegal. Si a los contratiempos con las autoridades añadimos los demás inconvenientes del DivX, en seguida nos damos cuenta de que la piratería de películas no constituye un peligro serio para la industria del cine. Y no lo es porque el DivX reproduce las imágenes con una calidad muy baja y todavía ofrece escasas prestaciones. Por ejemplo, las películas distribuidas en este formato carecen de las características especiales de los DVD, como la búsqueda por capítulos, los comentarios del director, el doblaje en varios idiomas. Además, las películas comprimidas en el formato DivX sólo se pueden ver en un ordenador, a no ser que se adquiera el nuevo reproductor de DVD compatible con las versiones 5.xx y 6.xx de este programa.

       Viendo todo esto, es fácil llegar a la conclusión de que la amenaza de la comercialización de los CDs de películas no es, ni de lejos, tan peligrosa como la piratería de música. Al menos, no mientras la calidad de descarga sea así de precaria. Ahora bien, donde realmente le duele a la industria de Hollywood es que los usuarios se les han adelantado en un negocio tan fructífero como es Internet y que con tantos sitios de descarga gratuita ellos han perdido el tren de los 'ciber vídeo clubs', así como de todos los beneficios que podía generar el 'Pay per view' en la Red.


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El auténtico cine por Internet está todavía por llegar, pero será un modelo de negocio que, forzosamente, debe pasar por la democratización de los contenidos

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       No obstante, algunas productoras se han lanzado al negocio on-line, ofreciendo servicios de pago de mayor calidad. Por ejemplo, Lions Gate Entertainment, Microsoft y Blockbuster se han aliado en Cinemanow.com, un portal que ofrece una base de datos de 1.200 títulos a los que es posible acceder con una cuota de diez euros al mes. Walt Disney también se ha apuntado al carro de las descargas de películas con Movies.com, y Sony Pictures (que, hasta la fecha, tenía su propio portal Moviefly.com), Warner Brothers, Universal, MGM y Paramount se han aliado en Movielink.com, un proyecto en el que han invertido 152 millones de euros.

       Sin embargo, estas iniciativas no han tenido mucho éxito hasta el momento. Cinemanow.com, según datos de la propia compañía, cuenta con un millón de usuarios al mes, cifra que contrasta con los 37 millones de visitantes mensuales de Morpheus o los 25 millones de Kazaa, según datos de ComScore Networks, del mes de febrero de 2002.


       El cine on-line está en estado embrionario. Tanto la modalidad de reproducción, que es la que afecta estrictamente a las descargas on-line, como la de distribución, y no digamos la producción y proyección. El auténtico cine por Internet está todavía por llegar, pero será un modelo de negocio que, forzosamente, debe pasar por la democratización de los contenidos. Mientras la industria se pelea con programas como Kazaa o Morpheus por el pedacito de pastel de Internet, los visionarios sueñan con un día en que el soporte digital sustituya al celuloide, lo que abarataría en casi un 50% los costes; y que los centros emisores envíen por fibra óptica o banda ancha las películas a los cines.

       Suena a ciencia-ficción, pero los expertos vaticinan que esta gran revolución no tardará más de 15 años e Internet, a la que hoy se ve casi como enemiga, será la gran aliada de la industria cinematográfica del futuro.



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