El pasado 6 de octubre, 10.000 neoyorquinos se concentraron en el Central Park para recordar al presidente George Bush y a sus aliados europeos que no utilicen sus nombres en una nueva guerra. 'En nuestro nombre no' es el título de la declaración firmada por artistas, intelectuales y profesionales norteamericanos, secundada por miles de personas, que advierte a su Gobierno, entre otras cosas, de que 'repudiamos cualquier conclusión que sostenga que son guerras que se libran en nuestro nombre o en defensa de nuestro bienestar". Un llamamiento que ha pasado prácticamente desapercibido en una parte de la llamada 'prensa libre' estadounidense.
  Laura Conde  Redacción Telepolis

        Veteranos de guerra, familiares de las víctimas del 11-S, musulmanes, rabinos, cristianos, estrellas del celuloide y miles de ciudadanos se unieron para denunciar los abusos de su Gobierno en nombre de la 'guerra antiterrorista' y para expresar su oposición al ataque contra Irak que prepara el Pentágono en colaboración con diversas potencias europeas (Blair, Aznar y Berlusconi integran el núcleo duro belicoso de la UE, frente a un Schröder crítico y un Chirac prudente). Al mismo tiempo, miles de manifestantes participaron en marchas paralelas en otras ciudades bajo el lema 'En nuestro nombre no'. "No en nuestro nombre erosionarás las mismas libertades por las cuales dices que estás luchando... Otro mundo es posible y nos comprometemos a hacerlo realidad", coreaban, haciendo coincidir sus consignas con las del Foro Social Mundial.

        Los firmantes del manifiesto, que dicen inspirarse en los reservistas israelíes que "se niegan a servir bajo la ocupación de Gaza y Cisjordania", anunciaron nuevas protestas. Pese a sus diferentes sensibilidades y orígenes, todos ellos coinciden en denunciar "el fundamentalismo real de EE.UU., que se llama negocios: el movimiento sin restricción del capital", en palabras del cineasta Tim Robbins, quien, junto a Susan Sarandon, Jessica Lange, Oliver Stone, Jane Fonda o Woody Allen, forma parte del Hollywood rebelde que planta cara a la Casa Blanca.



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'No en nuestro nombre erosionarás las
mismas libertades por las cuales dices que
estás luchando', dice el manifiesto

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        Una guerra basada, al menos, en tres mentiras fundamentales, según el periodista y escritor australiano, John Pilger, veterano corresponsal de guerra y colaborador habitual de la prensa estadounidense. Diversas asociaciones de profesionales de medios de comunicación, como Reporteros sin Fronteras o la Asociación de Periodistas Hispanos en EE.UU, coinciden con Pilger en responsabilizar a la Casa Blanca de la difusión de falsedades a través de sus medios afines y de la censura explícita aplicada a los periodistas, que ha supuesto una merma de la libertad de expresión en los últimos meses. Dicen, además, que el término 'guerra' es parcial e inexacto, pues los episodios de Afganistán e Irak son, simplemente, bombardeos, como han defendido, entre otros, Noam Chomsky, y en España Rafael Sánchez Ferlosio, quien realiza una disertación sobre el papel del lenguaje tras el 11-S en su último libro La hija de la guerra y la madre de la patria.

        La primera falsedad, según Pilger, es la supuesta vinculación entre Irak y los responsables de los ataques del 11-S. Ya el 19 de septiembre de 2001, un grupo de funcionarios del Pentágono, junto con expertos en Defensa ajenos al Gobierno, -conocido como 'conspiración Wolfowitz'- acordó "la necesidad de centrarse sobre Irak tan pronto como finalizara la primera fase de la guerra contra Afganistán" (The New York Times, 12/10). Ni entonces ni ahora las autoridades disponían de pruebas para inculpar a Irak, por lo que desde la Casa Blanca surge un rumor rápidamente desmentido por las autoridades checas: Mohamed Atta, uno de los secuestradores de los aviones, se habría reunido en Praga con un miembro de la inteligencia iraquí. Los mismos funcionarios checos que desmintieron la noticia la verificaron una semana después, "sin dejar claro qué les había hecho revisar sus conclusiones" (The Times, 27/11).


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Tim Robbins, Susan Sarandon, Jessica Lange, Jane Fonda y Oliver Stone forman parte del Hollywood rebelde que planta cara a Bush

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       Al mismo tiempo, la Casa Blanca se moviliza para tratar de responsabilizar a Irak de los ataques con esporas de ántrax, aunque los investigadores descubren que las muestras eran de la variedad 'Ames', desarrollada en EE.UU., no 'vollum', la utilizada por Sadam, según el responsable del documental Irak, guerra contra la gente, Larry Everest. Además, un miembro de la Federación de Científicos Americanos aseguró que el ántrax "provenía, casi con toda certeza, de un laboratorio de defensa de los EE.UU.". Otro engaño de un Gobierno que vive "para el petróleo", según dijo en la manifestación de Nueva York el actor de origen irlandés Gabriel Byrne, quien calificó los escándalos sexuales y otras "telenovelas" como las verdaderas "armas de destrucción masiva" de Bush.

       La segunda mentira es que Irak posee "armas de destrucción masiva" y que constituye una "amenaza nuclear". Diversos expertos de la ONU, entre ellos el presidente del cuerpo de inspectores después de la Guerra del Golfo, Rolf Ekeus, han destacado que Irak ha destruido el 93% de su material bélico, así como 817 de los 819 misiles de largo alcance. Además, los inspectores de armamento de la ONU nunca fueron expulsados por Irak: se retiraron cuando se descubrió que había agentes de los servicios de inteligencia estadounidenses infiltrados entre ellos.


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Numerosas ONGs europeas han firmado el manifiesto 'Europa contra la guerra', exigiendo
a los Gobiernos una oposición activa a los
planes de George Bush y Tony Blair

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       Por último, Bush asegura que Sadam bloquea los suministros humanitarios a Irak. El jefe del programa de cáncer de la Organización Mundial de la Salud, Karol Sikora, aseguró que "el material de radioterapia, las drogas de quimioterapia y los analgésicos se ven bloqueados regularmente por los asesores estadounidenses y británicos (...) Creen el disparate de que estos productos se pueden convertir en armas químicas". El mismo Dennis Halliday, secretario general adjunto de la ONU, dimitió en protesta por el embargo "genocida" de EE.UU. y Gran Bretaña.

       Pilger denuncia, asimismo, las deliberadas omisiones para justificar la guerra, como el silencio sobre la denominada 'epidemia de Hiroshima', causada por el uranio empobrecido que utilizaron EE.UU. y Gran Bretaña en la Guerra del Golfo y que ha provocado una epidemia de cáncer infantil prácticamente incurable, pues el bloqueo impide la entrada de los medicamentos. Ante este panorama, también en Europa se han creado asociaciones que se oponen al conflicto, entre ellas la española Alianza de Intelectuales Antiimperialistas, en la que participan, entre otros, personajes conocidos como Rosa Regàs, Montxo Armendáriz o José Luis Sampedro, que reclaman a los Gobiernos europeos la no participación en la invasión estadounidense. Del mismo modo, numerosas ONGs europeas han firmado el manifiesto Europa contra la guerra, exigiendo a "la Comisión de la UE y de su Parlamento, una oposición activa a las pretensiones de los presidentes George Bush y Tony Blair de hacernos partícipes de una guerra motivada por la ambición hegemónica de EE.UU.".



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