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Veteranos
de guerra, familiares de las víctimas del 11-S, musulmanes, rabinos,
cristianos, estrellas del celuloide y miles de ciudadanos se unieron
para denunciar los abusos de su Gobierno en nombre de la 'guerra
antiterrorista' y para expresar su oposición al ataque contra
Irak que prepara el Pentágono en colaboración con diversas
potencias europeas (Blair, Aznar y Berlusconi
integran el núcleo duro belicoso de la UE, frente a un
Schröder crítico y un Chirac prudente). Al mismo
tiempo, miles
de manifestantes participaron en marchas paralelas en otras ciudades
bajo el lema 'En
nuestro nombre no'. "No en nuestro nombre erosionarás
las mismas libertades por las cuales dices que estás luchando...
Otro mundo es posible y nos comprometemos a hacerlo realidad",
coreaban, haciendo coincidir sus consignas con las del Foro
Social Mundial.
Los
firmantes del manifiesto, que dicen inspirarse en los reservistas
israelíes que "se niegan a servir bajo la ocupación de
Gaza y Cisjordania", anunciaron nuevas protestas. Pese
a sus diferentes sensibilidades y orígenes, todos ellos coinciden
en denunciar "el fundamentalismo real de EE.UU., que se llama
negocios: el movimiento sin restricción del capital", en palabras
del cineasta Tim Robbins, quien, junto a Susan Sarandon,
Jessica Lange, Oliver Stone, Jane Fonda o Woody Allen, forma
parte del Hollywood rebelde que planta cara a la Casa Blanca.
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'No
en nuestro nombre erosionarás las
mismas libertades por las cuales dices que
estás luchando', dice el manifiesto
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Una guerra basada, al menos, en tres mentiras fundamentales,
según el periodista y escritor australiano, John
Pilger, veterano corresponsal de guerra y colaborador
habitual de la prensa estadounidense. Diversas
asociaciones de profesionales de medios de comunicación,
como Reporteros
sin Fronteras o la Asociación de Periodistas
Hispanos en EE.UU, coinciden con Pilger en responsabilizar
a la Casa Blanca de la difusión de falsedades
a través de sus medios afines y de la censura explícita
aplicada a los periodistas, que ha supuesto una merma de la
libertad de expresión en los últimos meses.
Dicen, además, que el término 'guerra' es parcial e inexacto,
pues los episodios de Afganistán e Irak son, simplemente,
bombardeos, como han defendido, entre otros, Noam
Chomsky, y en España Rafael
Sánchez Ferlosio, quien realiza una disertación
sobre el papel del lenguaje tras el 11-S en su último
libro La hija de la guerra y la madre
de la patria.
La primera falsedad,
según Pilger,
es la supuesta vinculación entre Irak y los responsables de
los ataques del 11-S. Ya el 19 de septiembre de 2001, un grupo
de funcionarios del Pentágono, junto con expertos en Defensa
ajenos al Gobierno, -conocido como 'conspiración Wolfowitz'-
acordó "la necesidad de centrarse sobre Irak tan pronto como
finalizara la primera fase de la guerra contra Afganistán"
(The New York Times, 12/10). Ni entonces ni ahora las
autoridades disponían de pruebas para inculpar a Irak, por lo
que desde la Casa Blanca surge un rumor rápidamente desmentido
por las autoridades checas: Mohamed Atta, uno de los
secuestradores de los aviones, se habría reunido en Praga
con un miembro de la inteligencia iraquí. Los mismos funcionarios
checos que desmintieron la noticia la verificaron una semana
después, "sin dejar claro qué les había hecho revisar sus
conclusiones" (The Times, 27/11).
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Tim
Robbins, Susan
Sarandon, Jessica
Lange, Jane
Fonda y Oliver
Stone forman parte del Hollywood rebelde que planta
cara a Bush
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Al
mismo tiempo, la Casa Blanca se moviliza para tratar de responsabilizar
a Irak de los ataques con esporas de ántrax, aunque los investigadores
descubren que las muestras eran de la variedad 'Ames', desarrollada
en EE.UU., no 'vollum', la utilizada por Sadam, según
el responsable del documental Irak,
guerra contra la gente, Larry
Everest. Además, un miembro de la Federación
de Científicos Americanos aseguró que el ántrax "provenía,
casi con toda certeza, de un laboratorio de defensa de los EE.UU.".
Otro engaño de un Gobierno que vive "para el petróleo",
según dijo en la manifestación de Nueva York
el actor de origen irlandés Gabriel Byrne, quien
calificó los escándalos sexuales y otras "telenovelas"
como las verdaderas "armas de destrucción masiva"
de Bush.
La
segunda mentira es que Irak posee "armas de destrucción masiva"
y que constituye una "amenaza nuclear". Diversos expertos de
la ONU, entre ellos el presidente del cuerpo de inspectores
después de la Guerra del Golfo, Rolf Ekeus, han
destacado que Irak ha destruido el 93% de su material bélico,
así como 817 de los 819 misiles de largo alcance. Además,
los inspectores de armamento de la ONU nunca fueron expulsados
por Irak: se retiraron cuando se descubrió que había agentes
de los servicios de inteligencia estadounidenses infiltrados
entre ellos.
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Numerosas
ONGs europeas han firmado el manifiesto 'Europa contra la
guerra', exigiendo
a los Gobiernos una oposición activa a los
planes de George
Bush y Tony
Blair
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Por
último, Bush asegura que Sadam bloquea los suministros
humanitarios a Irak. El jefe del programa de cáncer de la Organización
Mundial de la Salud, Karol Sikora, aseguró que "el
material de radioterapia, las drogas de quimioterapia y los
analgésicos se ven bloqueados regularmente por los asesores
estadounidenses y británicos (...) Creen el disparate
de que estos productos se pueden convertir en armas químicas".
El mismo Dennis Halliday, secretario general adjunto
de la ONU, dimitió en protesta por el embargo "genocida"
de EE.UU. y Gran Bretaña.
Pilger denuncia,
asimismo, las deliberadas omisiones para justificar la guerra,
como el silencio sobre la denominada 'epidemia de Hiroshima',
causada por el uranio empobrecido que utilizaron EE.UU. y Gran
Bretaña en la Guerra del Golfo y que ha provocado una
epidemia de cáncer infantil prácticamente incurable, pues el
bloqueo impide la entrada de los medicamentos. Ante este panorama,
también en Europa se han creado asociaciones que se oponen
al conflicto, entre ellas la española Alianza
de Intelectuales Antiimperialistas, en la que
participan, entre otros, personajes conocidos como Rosa Regàs,
Montxo Armendáriz o José Luis Sampedro,
que reclaman a los Gobiernos europeos la no participación
en la invasión estadounidense. Del mismo modo, numerosas
ONGs europeas han firmado el manifiesto Europa
contra la guerra, exigiendo a "la Comisión
de la UE y de su Parlamento, una oposición activa a las
pretensiones de los presidentes George Bush y Tony
Blair de hacernos partícipes de una guerra motivada
por la ambición hegemónica de EE.UU.".
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