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China
es el país más poblado de la Tierra con sus 1.300 millones de
habitantes. Éste es el dato más conocido del país asiático.
Quizá el segundo dato más conocido sea que China es un
país comunista. Recientemente se ha celebrado en Pekín
el XVI Congreso del Partido Comunista, en el que los más
de 2.000 delegados asistentes tenían la ardua tarea de elegir
un sucesor al hasta ahora secretario general del partido y por
ende jefe del Estado, Jiang Zemin, y el resto de cabezas
visibles de la China del siglo XXI. En los tiempos de la
turbulenta y sangrienta historia de la China del siglo
XX, este proceso hubiera derivado en purgas internas, que a su
vez se pudieran haber cobrado los cargos sino las vidas de los
dirigentes más molestos. Sin embargo, en esta ocasión todo ha
ido como la seda.
La verdad es que el pescado estaba vendido antes de comenzar.
¿Se acuerdan de Deng Xiaoping? Aquel pequeño y sonriente
jefe de Estado que tomó las riendas del poder a finales de los
setenta no sólo designó a su sucesor, Jiang Zemin, que
debía apuntalar todo el proceso de reformas iniciadas por él,
sino que se encargó incluso de elegir a quien sería el encargado
de dirigir los pasos del gigante asiático durante los primeros
y decisivos años del siglo XXI. A eso se le llama visión de futuro.
Elegir a la persona adecuada en este caso no es baladí. Y Deng,
el 'Pequeño Timonel', sabía lo que se jugaba su país. Tras salir
de los tumultuosos años finales del liderazgo de Mao Zedong,
escapando de la tormenta que supuso la Revolución Cultural y haciéndose
sitio en los no menos difíciles tiempos posteriores a la muerte
del fundador de la República Popular, Deng Xiaoping
se empeñó a partir de 1979 en romper con la política de Mao en
lo posible, pero sin por eso dejar a un lado las señas de identidad
del comunismo chino. Para ello durante los ochenta llevó a cabo
una serie de movimientos destinados a la apertura económica y
social, introduciendo elementos de la economía de mercado y abriéndose
a las inversiones extranjeras bajo un férreo control del Partido
Comunista.
En 1989 miles de estudiantes
se manifiestan en la plaza de Tiananmen reclamando profundizar
en las reformas, pero esta vez democráticas. La dura represión
ejercida en aquella ocasión, que dejó un saldo de
míles de víctimas, hizo peligrar el proceso guiado
por Deng. Sin embargo, el sucesor designado por Deng ese
mismo año, y tutelado desde la sombra por él, Jiang Zemin,
se ha encargado de abrir casi definitivamente en China
las puertas al capitalismo, generando con ello el progreso económico
de una parte de la población, pero al mismo tiempo aumentando
las desigualdades entre la misma.
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Una
de las propuestas de Jiang Zemin
ha sido cuadruplicar la renta per cápita y
situarla en 3.200 dólares, cuatro
veces menos que en España
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En
unos datos que hablan del espectacular crecimiento económico
del país, hay que señalar que desde 1980 China ha doblado
su renta per cápita. Inglaterra necesitó 70 años para doblar
sólo una vez su renta durante la Revolución Industrial. En una
lista realizada por el Banco Mundial de las cien regiones
del planeta que mayor crecimiento han conocido en los últimos
veinte años, veinte de ellas son chinas. Con un crecimiento
económico de un 7,6% el pasado año, en tiempos de recesión,
siendo el país del mundo que más inversión extranjera atrae
por delante de los Estados Unidos, y convertida en la
sexta potencia económica mundial no todo en China
es de color de rosa.
Para
hacernos una idea del actual nivel de vida de la población china,
hay que decir que en la actualidad la renta per cápita
es de 800 dólares. Una de las propuestas de futuro del
presidente saliente, Jiang Zemin, es la de cuadruplicar
esta cifra, situándola en unos 3.200 dólares anuales
per cápita, cuatro veces menos que España. Sin embargo,
esas cifras indican que China dejaría de ser considerado
un país tercermundista para entrar de lleno en los países en
desarrollo. Según la ONU todos los parámetros que considera
'desarrollo humano' están en alza.

El proceso de descentralización
iniciado por Deng ha desembocado en una retirada del
partido de extensas zonas del campo, abriendo el paso a la corrupción,
la vuelta al pensamiento religioso y una sensible depauperación
del nivel de vida. Asimismo, en las ciudades, el proceso de
adaptación a las nuevas exigencias de competitividad en las
grandes empresas estatales se deja sentir en el aumento del
número de parados. ¿Alguien ha oído reclamar desde las cancillerías
extranjeras reformas democráticas urgentes en China durante
el transcurso de este congreso? Quizás una vez colocados millones
de teléfonos móviles, abiertos los correspondientes McDonalds
y obtenido ingentes cantidades de mano de obra barata, la democracia
pueda esperar. Como siempre.
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La
entrada de los empresarios en el PC busca que aquellos que
aportan el 70% del PIB se impliquen en la toma de decisiones
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La
apertura definitiva de China al mercado se ha visto refrendada
en el último congreso por la llamada Teoría de las Tres Representaciones,
formulada por Jiang Zemin. Esta teoría consiste en decir
que el Partido Comunista representa tanto a las 'fuerzas
productivas avanzadas' (empresarios), y a la 'cultura avanzada'
(intelectuales y sector servicios), como a las 'amplias masas
populares'. Con ello se da entrada en el Partido a los empresarios,
algo impensable algunos años atrás. El objetivo es integrar
a aquellos que aportan el 70% del PIB chino en las decisiones
que se toman en el país, y con ello evitar que se conviertan
en un grupo de presión exterior. Muchos han visto en esta decisión
-con una alegría inmensa en ocasiones- el fin definitivo del
comunismo como ideología al ver infiltrado al ancestral enemigo
en las filas. Puede que se trate como dijo Deng de adaptarse
a la 'realidad de los hechos', y no ver cómo todo un
trabajo de decenios y que tantas vidas ha costado se derrumbe
como un castillo de naipes de la noche a la mañana. ¿Quizás
el modelo ruso de adaptación -o sometimiento- a la economía
de mercado sea más aceptable?
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En
sus escasas declaraciones públicas Hu Jintao se ha
mostrado partidario de continuar con las reformas económicas
sin olvidar las 'caracteristicas socialistas' del modelo
chino
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Hu Jintao,
de 59 años de edad, el nuevo secretario general del partido,
que comenzará a ejercer de forma oficial en marzo de 2003, -aún
estará tutelado por Jiang desde la comisión militar central
durante algún tiempo, aunque se presume que poco- se caracteriza
por ser un hombre un tanto críptico para quienes quieran saber
qué caminos correrá China en el futuro. Sin embargo,
en sus escasas manifestaciones públicas se ha mostrado partidario
de continuar con las reformas económicas pero sin olvidar las
'características socialistas' del modelo chino. Durante su meteórica
carrera ha sido un obediente cumplidor de las directrices del
partido. Nada hace pensar que no lo vaya a ser ahora.
Quizás
en otros artículos se preocupen porque Hu Jintao siga profundizando
en la apertura del mercado, cosa que llevará parejo el progreso
de la población en su conjunto y que muchos nuevos ricos aparezcan
en la revista Forbes. Quizás habría que esperar una mayor
preocupación de la que se ha tenido hasta ahora en el país por aquellos
que no pueden favorecerse de las nuevas condiciones económicas,
como los millones de campesinos de las provincias interiores, los
desplazados a las ciudades, los parados de las ciudades o los que
sufren la corrupción de las autoridades más pendientes de estar
a bien con los nuevos poderes económicos que con sus conciudadanos.

Desde los tiempos del
'padrecito' Mao Zedong, los líderes chinos han sido muy propensos
a utilizar conceptos líricos para calificar sus teorías. Jiang
Zeming ha elegido el 'xiaokang', el pequeño bienestar, al que
debe aspirar la sociedad china en los próximos años. La forma de
llevar ese pequeño bienestar a 1.300 millones de chinos puede suponer
un cataclismo en el planeta. El crecimiento descontrolado lleva
a que no se tengan en cuenta aspectos como el medio ambiente y el
derroche de energía. También son dignas de estudio las consecuencias
que podría comportar para el desarrollo sostenible a nivel
global el acceso de la sociedad china a ese 'pequeño bienestar'.
El 'xiaokang' traducido en términos de consumo de materias
y recursos puede originar algún que otro problema de abastecimiento,
pero todo sea por el progreso.
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