Los próximos años serán decisivos para conocer el futuro de China. Buena parte de ese futuro se ha 'cocinado' en el recientemente celebrado XVI Congreso del Partido Comunista de China, en el que ha salido elegido como nuevo líder del país Hu Jintao. Este político desconocido de 59 años será el encargado de hacer compatibles las viejas aspiraciones socialistas con los problemas creados por la apertura a la economía de mercado.
 Antonio Molina  Redacción Telepolis 

        China es el país más poblado de la Tierra con sus 1.300 millones de habitantes. Éste es el dato más conocido del país asiático. Quizá el segundo dato más conocido sea que China es un país comunista. Recientemente se ha celebrado en Pekín el XVI Congreso del Partido Comunista, en el que los más de 2.000 delegados asistentes tenían la ardua tarea de elegir un sucesor al hasta ahora secretario general del partido y por ende jefe del Estado, Jiang Zemin, y el resto de cabezas visibles de la China del siglo XXI. En los tiempos de la turbulenta y sangrienta historia de la China del siglo XX, este proceso hubiera derivado en purgas internas, que a su vez se pudieran haber cobrado los cargos sino las vidas de los dirigentes más molestos. Sin embargo, en esta ocasión todo ha ido como la seda.

        La verdad es que el pescado estaba vendido antes de comenzar. ¿Se acuerdan de Deng Xiaoping? Aquel pequeño y sonriente jefe de Estado que tomó las riendas del poder a finales de los setenta no sólo designó a su sucesor, Jiang Zemin, que debía apuntalar todo el proceso de reformas iniciadas por él, sino que se encargó incluso de elegir a quien sería el encargado de dirigir los pasos del gigante asiático durante los primeros y decisivos años del siglo XXI. A eso se le llama visión de futuro. Elegir a la persona adecuada en este caso no es baladí. Y Deng, el 'Pequeño Timonel', sabía lo que se jugaba su país. Tras salir de los tumultuosos años finales del liderazgo de Mao Zedong, escapando de la tormenta que supuso la Revolución Cultural y haciéndose sitio en los no menos difíciles tiempos posteriores a la muerte del fundador de la República Popular, Deng Xiaoping se empeñó a partir de 1979 en romper con la política de Mao en lo posible, pero sin por eso dejar a un lado las señas de identidad del comunismo chino. Para ello durante los ochenta llevó a cabo una serie de movimientos destinados a la apertura económica y social, introduciendo elementos de la economía de mercado y abriéndose a las inversiones extranjeras bajo un férreo control del Partido Comunista.

        En 1989 miles de estudiantes se manifiestan en la plaza de Tiananmen reclamando profundizar en las reformas, pero esta vez democráticas. La dura represión ejercida en aquella ocasión, que dejó un saldo de míles de víctimas, hizo peligrar el proceso guiado por Deng. Sin embargo, el sucesor designado por Deng ese mismo año, y tutelado desde la sombra por él, Jiang Zemin, se ha encargado de abrir casi definitivamente en China las puertas al capitalismo, generando con ello el progreso económico de una parte de la población, pero al mismo tiempo aumentando las desigualdades entre la misma.


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Una de las propuestas de Jiang Zemin
ha sido cuadruplicar la renta per cápita y
situarla en 3.200 dólares, cuatro
veces menos que en España

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        En unos datos que hablan del espectacular crecimiento económico del país, hay que señalar que desde 1980 China ha doblado su renta per cápita. Inglaterra necesitó 70 años para doblar sólo una vez su renta durante la Revolución Industrial. En una lista realizada por el Banco Mundial de las cien regiones del planeta que mayor crecimiento han conocido en los últimos veinte años, veinte de ellas son chinas. Con un crecimiento económico de un 7,6% el pasado año, en tiempos de recesión, siendo el país del mundo que más inversión extranjera atrae por delante de los Estados Unidos, y convertida en la sexta potencia económica mundial no todo en China es de color de rosa.

        Para hacernos una idea del actual nivel de vida de la población china, hay que decir que en la actualidad la renta per cápita es de 800 dólares. Una de las propuestas de futuro del presidente saliente, Jiang Zemin, es la de cuadruplicar esta cifra, situándola en unos 3.200 dólares anuales per cápita, cuatro veces menos que España. Sin embargo, esas cifras indican que China dejaría de ser considerado un país tercermundista para entrar de lleno en los países en desarrollo. Según la ONU todos los parámetros que considera 'desarrollo humano' están en alza.

       El proceso de descentralización iniciado por Deng ha desembocado en una retirada del partido de extensas zonas del campo, abriendo el paso a la corrupción, la vuelta al pensamiento religioso y una sensible depauperación del nivel de vida. Asimismo, en las ciudades, el proceso de adaptación a las nuevas exigencias de competitividad en las grandes empresas estatales se deja sentir en el aumento del número de parados. ¿Alguien ha oído reclamar desde las cancillerías extranjeras reformas democráticas urgentes en China durante el transcurso de este congreso? Quizás una vez colocados millones de teléfonos móviles, abiertos los correspondientes McDonalds y obtenido ingentes cantidades de mano de obra barata, la democracia pueda esperar. Como siempre.



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La entrada de los empresarios en el PC busca que aquellos que aportan el 70% del PIB se impliquen en la toma de decisiones

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       La apertura definitiva de China al mercado se ha visto refrendada en el último congreso por la llamada Teoría de las Tres Representaciones, formulada por Jiang Zemin. Esta teoría consiste en decir que el Partido Comunista representa tanto a las 'fuerzas productivas avanzadas' (empresarios), y a la 'cultura avanzada' (intelectuales y sector servicios), como a las 'amplias masas populares'. Con ello se da entrada en el Partido a los empresarios, algo impensable algunos años atrás. El objetivo es integrar a aquellos que aportan el 70% del PIB chino en las decisiones que se toman en el país, y con ello evitar que se conviertan en un grupo de presión exterior. Muchos han visto en esta decisión -con una alegría inmensa en ocasiones- el fin definitivo del comunismo como ideología al ver infiltrado al ancestral enemigo en las filas. Puede que se trate como dijo Deng de adaptarse a la 'realidad de los hechos', y no ver cómo todo un trabajo de decenios y que tantas vidas ha costado se derrumbe como un castillo de naipes de la noche a la mañana. ¿Quizás el modelo ruso de adaptación -o sometimiento- a la economía de mercado sea más aceptable?


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En sus escasas declaraciones públicas Hu Jintao se ha mostrado partidario de continuar con las reformas económicas sin olvidar las 'caracteristicas socialistas' del modelo chino

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       Hu Jintao, de 59 años de edad, el nuevo secretario general del partido, que comenzará a ejercer de forma oficial en marzo de 2003, -aún estará tutelado por Jiang desde la comisión militar central durante algún tiempo, aunque se presume que poco- se caracteriza por ser un hombre un tanto críptico para quienes quieran saber qué caminos correrá China en el futuro. Sin embargo, en sus escasas manifestaciones públicas se ha mostrado partidario de continuar con las reformas económicas pero sin olvidar las 'características socialistas' del modelo chino. Durante su meteórica carrera ha sido un obediente cumplidor de las directrices del partido. Nada hace pensar que no lo vaya a ser ahora.

       Quizás en otros artículos se preocupen porque Hu Jintao siga profundizando en la apertura del mercado, cosa que llevará parejo el progreso de la población en su conjunto y que muchos nuevos ricos aparezcan en la revista Forbes. Quizás habría que esperar una mayor preocupación de la que se ha tenido hasta ahora en el país por aquellos que no pueden favorecerse de las nuevas condiciones económicas, como los millones de campesinos de las provincias interiores, los desplazados a las ciudades, los parados de las ciudades o los que sufren la corrupción de las autoridades más pendientes de estar a bien con los nuevos poderes económicos que con sus conciudadanos.

       Desde los tiempos del 'padrecito' Mao Zedong, los líderes chinos han sido muy propensos a utilizar conceptos líricos para calificar sus teorías. Jiang Zeming ha elegido el 'xiaokang', el pequeño bienestar, al que debe aspirar la sociedad china en los próximos años. La forma de llevar ese pequeño bienestar a 1.300 millones de chinos puede suponer un cataclismo en el planeta. El crecimiento descontrolado lleva a que no se tengan en cuenta aspectos como el medio ambiente y el derroche de energía. También son dignas de estudio las consecuencias que podría comportar para el desarrollo sostenible a nivel global el acceso de la sociedad china a ese 'pequeño bienestar'. El 'xiaokang' traducido en términos de consumo de materias y recursos puede originar algún que otro problema de abastecimiento, pero todo sea por el progreso.



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