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Según
la Unión
Internacional de Telecomunicaciones, en la actualidad
existen unos 1.000 millones de
teléfonos móviles y las predicciones apuntan a que, a finales
de este mismo año, superarán a las líneas fijas. Para 2003
se espera que esta cifra alcance los 1.600 millones. En
algunos países de Europa Occidental y Norteamérica el nivel casi
llega a la saturación aunque, evidentemente, no es el mismo en
todas las regiones del mundo. Quizás el caso más sorprendente
sea el de Taiwán, donde el número de móviles es superior
al número de habitantes. Así pues, podemos afirmar que
los celulares representan toda una revolución social.
Un estudio, 'On
the Mobile', dirigido por la reconocida escritora
y académica del Departamento de Nuevas Tecnologías de la Universidad
de Warwick, Sadie Plant, y en el que se han
utilizado técnicas mixtas de entrevistas personales, estudios
de campo y la observación directa, ha servido para establecer
un cierto tipo de conductas. ¿Hasta qué punto los
celulares han influido en la sociedad como accesorios para la
vida, el amor y el trabajo? Por un lado, los móviles han otorgado
a las personas una nueva fuente de poder personal, dotándolas
de una capacidad de movilidad sin precedentes en la historia.
Hoy en día, todo profesional puede dirigir su negocio desde cualquier
lugar. Sin embargo, también los hay que muestran su teléfono en
público como símbolo de status o virilidad. Es curioso
cómo el informe
de Plant establece hasta diferencias de género en el uso
del móvil. Según ella, las mujeres tienden a valorarlo como medio
de expresión y comunicación social mientras que los hombres lo
ven más como un juguete interactivo para mostrar su poderío ante
otros hombres o como reclamo para las féminas. Eso sí, por gracia
o por desgracia, el uso del móvil los está haciendo más comunicativos
pero también más cotillas.
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Los
celulares han otorgado una capacidad de movilidad sin precedentes
en la historia
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Hoy
en día a nadie le sorprende ver a gente hablando por el móvil
mientras caminan por la calle, conducen su vehículo o esperan
que se les suba el tinte en la peluquería. En cualquier lugar
puede verse a una persona que pulsa, sin parar, los minúsculos
botones del aparato que tiene en la mano. Es lo que algunos llaman
'la generación del pulgar'.
Como están tan habituados a utilizar este dedo para escribir sus
mensajes o marcar los números, también lo emplean para hacer sonar
un timbre o señalar, en detrimento, consecuentemente, del -hasta
ahora rey- dedo índice. La fiebre de los SMS
(Short Message Service) no ha hecho más que empezar
y ya se les 'acusa' de haber creado un nuevo modo de comunicación
entre los adolescentes. Su éxito: su reducido precio en relación
con las llamadas.

Y es que la habilidad
de algunos jóvenes puede llegar hasta límites insospechados.
Este es el caso de unos universitarios
japoneses que, aprovechando las prestaciones que les ofrecen
las tecnologías de tercera generación, utilizaron el correo electrónico
de los móviles para copiar en un examen. El profesor ni se dio
cuenta ya que, según él, es una práctica muy extendida el tener
el celular sobre la mesa para utilizarlos aparentemente como reloj.
La proliferación de terminales entre los estudiantes ha
hecho ya que muchos docentes exijan a sus alumnos desconectar
los móviles o entregarlos antes de entrar a clase.
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La
fiebre de los SMS no ha hecho más que empezar. Su
éxito: su reducido precio en relación con
las llamadas
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Hace
poco la Asociación
Proyecto Hombre, una ONG especializada en el
tratamiento de las toxicomanías, introdujo en sus 'VI Jornadas
sobre Adolescentes, Dependencias y Nuevos Medios de Comunicación'
el tema de la adicción al teléfono móvil después de detectar
varios casos que afectaban a menores. Pese a que en ningún momento
han querido hacer saltar alarmas, la asociación cree que se
puede hablar de la punta del iceberg de un nuevo fenómeno derivado
de las tecnologías modernas. ¿Estamos delante de una nueva dependencia
sin drogas? En este mismo sentido se han posicionado Paulino
Castells e Ignasi de Bofarull en su libro 'Enganchados
a las pantallas'. Según ellos, es "una especie
de botellón electrónico que te puede colocar igual pero con
el agravante de que no es perseguido por la policía". Para Juan
Alberto Estallo, psicólogo
del Instituto Nacional de Psiquiatría de Urgencias de Barcelona,
la diferencia entre ser un usuario normal y un esclavo de la
tecnología radica en "cuando se usa el móvil sin ninguna finalidad
clara o se prefiere el celular a una conversación cara a cara".
Aunque,
de momento, nadie se atreve a establecer un perfil específico
del 'adicto
al móvil', se han constatado una serie de aspectos que
comparten los jóvenes que hacen de él un uso excesivo.
El problema de la 'telefonitis'
aparece cuando una persona siente una necesidad imperiosa
de usar el móvil a cualquier hora del día, envía compulsivamente
SMS, se aísla y, además, recibe unas facturas telefónicas enormes.
El celular entre la juventud otorga prestigio, afirmación social.
El que recibe más mensajes es el más valorado. Hay adolescentes
que, incluso, duermen con el móvil en la mano para poder
contestar inmediatamente los mensajes, lo que les impide descansar
correctamente. Los remitentes están siempre pendientes del SMS
que se envía, de la espera de la respuesta -se frustran si no
la hay- y del contenido. Por otro lado, el móvil hace que, en
muchas ocasiones, la oficina se desplace con nosotros, de forma
que cada vez es más difícil fijar el límite entre el tiempo
de trabajo y el del ocio. En una conexión permanente no hay
horarios. Es cuando el celular puede llegar a convertirse,
en el peor de los casos, en un elemento de explotación.
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Saber
desconectar a tiempo es la clave que marca la frontera entre
usar o ser un esclavo del teléfono móvil
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Esta
especie de 'adicción tecnológica' provoca, según los
psicólogos ansiedad, irritabilidad, crispación y bajo nivel
de atención para otros temas. El Proyecto
Hombre ha establecido un
programa de 4 meses de duración que intenta aportar autoestima
al 'adicto', potenciar sus relaciones personales y reducir -que
no prohibir- el uso del móvil. Asimismo, en Dinamarca
existe una clínica de desintoxicación desde 1998 que trata casos
de este tipo como si fueran ludopatías.

A muchas de las personas
que hoy son usuarios de móviles, les cuesta horrores poder pasar
sin él. Y eso pese al continuo bombardeo de informes que cuestionan
sus -aún no probados-efectos
nocivos para la salud. Desde luego, vista su implantación,
de ser así asistiríamos a la mayor plaga del milenio ya que...
¿quién no tiene móvil? Pero tampoco se puede ser apocalípticos,
sino caeríamos en la demagogia de considerar la tecnología como
responsable de todos los desajustes planetarios. Saber desconectar
a tiempo es la clave que marca la frontera entre servirse
de las Nuevas Tecnologías o estar al servicio de ellas. Como
dice en Baquía
Javier Castañeda, "mientras el párroco de Santa María
de Roses o el arzobispado de Santiago pidan a sus feligreses
que apaguen sus teléfonos, pues para hablar con Dios no hace
falta móvil, aún habrá salida".
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