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El
bloque opositor a la Ley de Calidad de la Enseñanza (LOCE)
ha permanecido cohesionado desde la aparición del primer borrador,
lo mismo que el Gobierno, que ha mantenido intactas las
líneas generales de su reforma realizando tan sólo pequeñas modificaciones
sugeridas, normalmente, por el propio PP o por Coalición
Canaria (CC). Finalmente, la controvertida LOCE ha
sido aprobada en el Congreso con los votos de populares y canarios,
formaciones que han garantizado la andadura de la Ley por los
diferentes estadios de su tramitación, siempre con la oposición
de PSOE, IU, CiU, PNV, EA, BNG, CHA, IC-Verds, PA, y ERC.
La actitud de la formación
canaria ante la Ley de Calidad constituye una de las mejores
respuestas al interrogante posmoderno de por qué los ciudadanos
han perdido la fe en la política: los diputados de CC que
criticaban las directrices básicas de la reforma ante los micrófonos
fueron los mismos que la aprobaron con sus votos. Lo mismo se
puede decir del PSOE: mientras Zapatero arremetía
contra la gratuidad de la educación infantil promovida por la
Ley, una medida que, según ellos, favorece a la enseñanza privada,
el socialista Marcelino Iglesias concertaba guarderías
en Aragón.
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Mientras
Zapatero arremetía contra la gratuidad de la educación
infantil, el socialista Marcelino Iglesias concertaba guarderías
en Aragón
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En
lo único que coinciden partidarios y detractores de la Ley es
en la necesidad de reformar la LOGSE. No se ponen de
acuerdo, sin embargo, en valorar el impacto que tendrán algunas
de las iniciativas más polémicas del documento: los itinerarios,
la reválida, los conciertos en la educación infantil, la enseñanza
de la Religión, la separación -para algunos, marginación-
de los inmigrantes, el gasto por alumno o la elección de los
directores.

La LOCE establece
que en 3º de ESO, a los 14 años, los alumnos deberán
escoger un itinerario entre dos posibles: el técnico-profesional,
para estudiantes decididos a aprender una profesión, o el científico-humanista,
para los que deseen ir a la universidad. Además, los alumnos
que con 15 años no quieran incorporarse a ninguna de estas dos
ramas accederán a los llamados Programas de Iniciación Profesional,
de carácter eminentemente práctico, destinados a guiar a los
alumnos en su trayectoria hacia el mercado laboral, una medida
que, sin entrar a valorar su idoneidad, se salta a la torera
el principio de educación obligatoria hasta los 16 años.
Mientras
el Gobierno asegura que los itinerarios orientan al alumnado
y potencian su aprendizaje, al crear grupos reducidos de jóvenes
con aptitudes similares, la oposición opina que la medida margina
a los alumnos que, por circunstancias que frecuentemente sobrepasan
lo puramente académico, no alcanzan el nivel de sus compañeros.
Así, en lugar de optar por el refuerzo académico y el apoyo
social a los alumnos rezagados -por motivos casi siempre familiares
y, desde luego, económicos-, el Gobierno se decanta por el simplista
'los tontos con los tontos', una fórmula que, dicen los anti-LOCE,
trata de esconder los problemas de forma hipócrita en lugar
de corregir sus causas. Además, el Gobierno ha
diseñado el sistema de itinerarios sin responsabilizarse de
la oferta de éstos en todos los centros, una tarea que queda
en manos de las autonomías, que deberán financiar su
costosa implantación.
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La
oposición opina que los itinerarios
marginan a los alumnos que, por
circunstancias económicas o sociales,
no alcanzan el nivel de sus compañeros
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La
Prueba General del Bachillerato (PGB) o reválida, que
consiste en la realización de un examen general al final del
Bachillerato, es otro punto polémico de la Ley. Para
las organizaciones de alumnos contrarias a una prueba que consideran
heredera directa del franquismo -mientras el Gobierno
la califica de "europea"-, la supresión de la selectividad no
es más que un truco para añadir a la fatigosa reválida las pruebas
de acceso universitarias. Así, la desaparición de la selectividad,
un examen que pese a sus defectos garantizaba la igualdad de
oportunidades en el acceso a la universidad, da lugar a la implantación
de dos pruebas: la PGB y los diferentes exámenes de acceso
a la universidad ideados y evaluados con peligrosa libertad
por cada centro.
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Mientras
algunos estudiantes creen que
la reválida es 'franquista', el Gobierno
la califica de 'europea'
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Por otra parte, sindicatos,
alumnos, docentes y políticos critican el cinismo del Gobierno
al lanzar medidas aparentemente aperturistas que en el fondo
esconden, dicen, la concesión de privilegios a los poderosos.
Es el caso de la gratuidad en la educación infantil, una etapa
no obligatoria a la que, sin embargo, muchos padres acuden a
causa, dicho sea de paso, de la existencia de un mercado laboral
poco sensible a la maternidad. El Gobierno establece concertar
guarderías, por lo que concederá enormes partidas de
un ya de por sí insuficiente presupuesto educativo a la enseñanza
privada no obligatoria, en detrimento de la enseñanza pública
obligatoria, asegura el bloque anti-LOCE. Éste, sin embargo,
insiste en la perspicacia del Gobierno al presentar una iniciativa
populista aunque perversa, que finalmente constituye un nuevo
mazazo a la maltratada escuela pública.
Asimismo, los maestros
en educación infantil se quejan de lo que algunos expertos consideran
uno de los mayores errores de la Ley de Calidad: la eliminación
de la función pedagógica de la enseñanza de 0 a 3 años y su
nuevo papel puramente asistencial. Así, las guarderías se convertirán
en centros de asistencia y los maestros en 'canguros', poniendo
fin, dicen los docentes, a uno de los grandes logros educativos
de los últimos años.
La inclusión de la
nota de Religión en el expediente académico, la repetición de
curso y la financiación son otros aspectos polémicos.
La oposición se queja no sólo de que España se
sitúe a la cola de la UE, sólo por delante de Grecia,
en cuanto a gasto educativo y, en consecuencia, posea las tasas
más altas de fracaso escolar, sino de que la cantidad destinada
a financiar la implantación de la Ley sea irrisoria en comparación
con el presupuesto de otras reformas, como la británica. Le
parece, además, una prueba del intrusismo del Gobierno
que los directores ya no sean elegidos por los consejos escolares,
sino por comisiones constituidas por representantes de la Administración
y los órganos colegiados de los centros.
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