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La
caza indiscriminada, la desforestación y la falta de consideración
con el resto de seres vivos que habitan la Tierra ha provocado
que miles de especies estén condenadas a desaparecer en poco tiempo.
Los grades simios o primates, con los que compartimos más
del 98% del ADN, se encuentran entre las especies amenazadas.
Tan sólo quedan en el mundo 650 gorilas de montaña, el homínido
más grande, y este número podría ser muy inferior si no hubiera
sido por la tenacidad y la fortaleza de una mujer, Dian Fossey.
Nacida de Fairfax, California, en 1932, Fossey protagonizó el
primer contacto no violento de la historia entre seres humanos
y gorilas. Dian Fossey viajó a África por primera vez en 1963
tras leer las obras del zoólogo estadounidense George B. Schaller.
Atrás quedaron sus estudios en Terapia Ocupacional en la Universidad
Estatal de San José y su trabajo de varios años en un hospital
con niños descapacitados. Animada por el antropólogo británico
Luis Leakey, quien creía que las mujeres poseen una especial
sensibilidad para trabajar con los primates, Fossey empezó a observar
a los gorilas. En 1967 se internó en las montañas de Virunga,
en Uganda, donde fundó el Centro de Investigación de Karisoke
y donde actualmente sobreviven los 650 gorilas de montaña que
quedan.
Dian Fossey
consiguió que los gorilas toleraran su presencia tras meses de
seguimiento. Se acercaba a los animales, imitaba sus sonidos y
comía apio con ellos. Empezó a comunicarse con los gorilas mediante
signos, sobre todo con uno al que llamó Digit. Éste
le permitía jugar con sus crías e incluso le daba la mano. Las
investigaciones de Fossey rompieron con falsas creencias que afirmaban
que los gorilas son carnívoros y violentos. Fossey también
desempeñó una encarnizada lucha contra los cazadores furtivos,
desencadenada principalmente por la muerte de Digit en
una emboscada. La investigadora no sólo inició una campaña contra
la caza furtiva y creó la Fundación Digit, sino
que incluso colocó trampas para los cazadores. Su trabajo
fue reconocido por la Universidad de Cambridge, que en 1974 le
concedió el título de Doctora en Zoología. En 1983, publicó Gorilas
en la niebla, la obra que recoge todas sus investigaciones.
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Dian Fossey
protagonizó el primer
contacto no violento de la historia
entre seres humanos y gorilas
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Fossey
fue asesinada en su campamento el 26 de diciembre de 1985. Aunque
el crímen todavía no se ha resuelto, se considera que murió
a manos de cazadores furtivos que no le perdonaron su empeño
para salvar a los primates de la extinción. Fue enterrada en
el cementerio que construyó para los gorilas, con los
que había convivido tanto tiempo. En 1988, su historia
fue llevada al cine por el director Michael Apted con
la actriz estadounidense Sigourney Weaver. Fossey
puso en práctica con los gorilas algunas de las técnicas utilizadas
por su coetánea Jane Goodall, que con los años se ha
convertido en la máxima autoridad mundial en chimpacés.

La británica
Jane Goodall también fue animada por el antropólogo Luis
Leakey para que estudiara a los grandes simios. Nació en
Londres en 1934 y dejó los estudios a los 18 años para irse
a vivir al continente africano. En 1960 empezó a trabajar con
chimpancés en la reserva de Gombe, en Tanzania. Tras años de
perseverancia y de seguimiento, Goodall consiguió que los chimpacés
la aceptaran como un miembro más de su comunidad. Durante 40
años ha estudiado su comportamiento y ha demostrado que los
chimpancés son unos animales sociales, que luchan por su territorio
al igual que los humanos. Jane Goodall ha descubierto
que son animales evolucionados capaces de realizar cualquier
tipo de actividad mental. Lo único que los separa de las personas
es su incapacidad de hablar.
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Jane
Goodall ha descubierto que
los chimpancés son animales
evolucionados capaces de realizar
cualquier tipo de actividad mental
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Goodall
también se ha convertido en una férrea defensora de la supervivencia
de los chimpancés, del resto de especies y del medio ambiente.
En 1960, cuando empezó a estudiar a los primates, en el mundo
existían alrededor de un millón de chimpacés. En el año
2000, tan sólo quedaban unos 150.000. En las conferencias
que realiza actualmente por todo el mundo, la científica y fundadora
del Instituto que lleva su nombre advierte que la supervivencia
del planeta es cosa de todos. Por ello, insta a boicotear los
productos fabricados por empresas que no se comprometen con
el medio ambiente.
Confundida en ocasiones
con Dian Fossey, Jane Goodall también ha destacado que
los chimpacés pueden aprender el lenguaje de los signos para
comunicarse. Ésta es la línea de investigación que en
los últimos 30 años ha desarrollado la psicóloga estadounidense
Francine 'Penny' Patterson con Koko, una gorila
nacida en el zoológico de San Francisco en 1971. En aquella
época, Patterson era todavía una estudiante de la Universidad
de Stanford que empezó a enseñar a la pequeña gorila signos
básicos del lenguaje de los sordomudos como comer y beber.
En poco tiempo, la
investigadora descubrió que la gorila empezaba a relacionar
signos y continuó con el proceso de aprendizaje. Patterson visitó
a Koko diariamente en el zoológico durante dos años
hasta que obtuvo un permiso para instalarla en el campus universitario.
Posteriormente, creó la Gorilla Foundation y trasladó
a la gorila y a todo su equipo lejos de la ciudad.
En
tres décadas, la gorila Koko ha adquirido un vocabulario
de más de mil signos y posee un coeficiente intelectual de 80,
sólo diez puntos por debajo de lo que la Organización
Mundial de la Salud (OMS) considera "normal" en una persona.
Koko entiende el inglés oral y se comunica sin dificultad
con sus cuidadores. Además, cuando no sabe cómo
expresar algún concepto inventa sus propios signos.
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En
tres décadas, la gorila Koko ha adquirido
un vocabulario de más de mil signos,
entiende el inglés y se comunica sin
dificultad con sus cuidadores
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Penny Patterson,
que se ha convertido en una de las más reconocidas investigadoras
de la lingüística en primates, también ha descubierto
que los gorilas poseen de forma primitiva todos los aspetos
de la conducta humana, como el miedo o el sentido del humor.
El gran desafío de Patterson y su equipo es que Koko
tenga descendecia para saber si enseñará el lenguaje
de los signos a sus hijos.
La gorila ha comentado
a Patterson de forma reiterada que quiere ser madre. Incluso
ayudó a la doctora a escoger un pretendiente mirando imágenes
de varios gorilas machos. Koko eligió a Michael,
un gorila que provenía de Camerún. El gorila también
aprendió más de 500 signos e incluso llegó
a explicar cómo fue capturado junto a su grupo familiar.
Koko
y Michael también aprendieron a expresar sus sentimientos
mediante la pintura, y sus obras fueron expuestas en una galería
de San Francisco en 1997. Michael murió tres años
después sin haberse apareado con la gorila.
Las investigaciones
de Fossey, Goodall y Patterson han cambiado
por completo la Etología, la ciencia que estudia el comportamiento
de los animales. Sus instituciones luchan a diario junto a otras
organizaciones ecologistas para evitar que los grandes monos
desaparezcan de la Tierra en tan sólo dos décadas.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente inició
el año pasado un plan para salvar a los primates de la desaparición
destacando "la necesidad de un esfuerzo mundial para evitar
el desastre". Algo imprescindible para que la lucha y la
muerte de personas como Dian Fossey no hayan sido en
balde.
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