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En
un mundo donde los teléfonos móviles se han convertido en
indispensables y donde una llamada perdida puede arruirnarnos el día,
Manuel Rivas rescata esta idea para dar título a su cuarto
volumen de cuentos, una mezcla de ficción y realidad, de pasado
y presente. De nuevo, los aires de Galicia envuelven la literatura de
este cuentista nato que ha conseguido que sus libros, escritos siempre
en la lengua de Rosalía, hayan sido traducidos a muchos idiomas
y que sus cuentos hayan inspirado películas como La
lengua de las mariposas.
¿En qué campos de cultivo
nacen y crecen las miles de historias que corretean por su cabeza en Las
llamadas perdidas?
Hay una voluntad de excitación,
de interpretar el mundo, ya que la literatura es una forma de asimilar
algo tan complejo y extraño como la existencia. Las
llamadas perdidas es parte de esa modesta proposición de intentar
entender algo de lo que nos pasa. Cada vida puede interpretarse como un
cuento, aunque a veces lo reprimamos.
Galicia es una tierra mágica en
la que suceden la mayoría de sus relatos...
Lo
importante más que Galicia son los personajes. Galicia es el lugar físico
donde transcurren gran parte de las historias, aunque no todas. Los protagonistas
son seres humanos de los que te puedes sentir tan próximo aunque leas
las historias allí o en las Antípodas. Hay que entender que en
literatura todos los paisajes son interiores, que se convierten en bolas
de cristal donde la condición humana se mueve dentro.
¿Algún día cambiará la concepción
que tiene el mundo de esta tierra, como un lugar triste, gris, sin ilusión
como reflejan algunos personajes?
Galicia por supuesto que no es ese
lugar triste. El problema es que carga con unos tópicos, que tienen un
punto de partida verídico, aunque se convierten en abstracciones
que no responden a la realidad. Cada gallego es un mundo, pero no es cierto
el carácter triste o pesimita. Es un país bastante festivo, con una dimensión
muy pantagruélica. Se trata de gente a la que le gusta disfrutar del
mundo, que está contenta de vivir en él. Su historia viene marcada por
la adversidad pero con una gran voluntad de salir adelante y disfrutar
de la tierra y de la vida.
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"El
relato es el resultado de una complicidad
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entre
el lector y el escritor"
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En Las llamadas perdidas podemos contemplar
desde un relato en el que su protagonista es un gallego que está en
Nueva York y se entera del golpe de Estado del 23-F hasta relatos cargados
de erotismo. ¿Cómo consigue volcar todas estas ideas en esta obra sin
desbordar al lector?
Es un libro bastante poblado
de gente, de historias que suceden... Creo que el relato como género
es sinónimo de libertad y tiene un origen tradicional muy entroncado
con la literatura oral, por lo que permite todo tipo de reflexiones
y búsquedas. Además, el relato refleja muy bien la forma de vivir que
tenemos hoy, donde predomina más el caos que el orden armónico. El relato
es el resultado de una complicidad entre el lector y el escritor y no
olvidemos que el objetivo de la literatura es componer este caos para
que tenga un cierto sentido.
Todos los personajes que usted relata
tienen un final abierto por lo que el lector se queda con las ganas
de saber mucho más sobre ellos. ¿Es lo que usted busca, nuestra ansia
de querer seguir leyendo?
Siempre tienes la sensación de que hay
muchos hilos que han quedado sueltos. Se sugieren nuevas historias,
nuevos paisajes, pero es parte del estilo de los relatos. La vida también
es así, no acabamos nunca de saber con las personas con que nos cruzamos
o con las que entrelazamos nuestra propia vida. En ocasiones nos gustaría
saber más, pero muchas veces consideramos que es mejor no saberlo. Lo
mismo sucede con los personajes. Resultan bastante carnales, próximos
a ellos, de alguna manera dejan de ser criaturas de ficción y pasan
a poblar el mundo porque son un secreto andante.
En el libro hay un cuento que critica
la frivolidad con la que algunos medios tratan las informaciones y cómo
llegan a tergiversarla. Un claro ejemplo lo hemos tenido con el 20-J...
Es
de los espectáculos más preocupantes para el periodismo en los últimos
años. Creo que hay que marcarse un límite en la vergüenza y en la desvergüenza
en todas las profesiones. Después de unos años de cinismo,
parece que en el periodismo se ha llegado a la conclusión de
que el buen periodista es el que pasa de todo, como decía Kapuscinski.
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"El
20-J ha sido uno de los espectáculos más
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preocupantes
para el periodismo
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en los últimos
años"
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¿Cree que hay vuelta
atrás?
Pienso
que se ha llegado tan lejos que va a haber una respuesta, un nuevo ciclo,
que debe nacer de dentro de la profesión. La verdad es difícil de definir,
pero si el periodista no apuesta por la búsqueda de la verdad se está
enterrando a sí mismo. Hay una especie de ley física en la que cuando
se acumulan muchos productos tóxicos acaban explotando por sí mismos.
Ha llegado el momento de que alguien en un telediario ante una orden
injusta salga diciendo "preferiría no hacerlo".
España ha sido siempre una tierra de emigrantes, y particularmente
Galicia, ¿por qué ahora inmigrante es sinónimo
de rechazo incluso en nuestro país?
Es cierto que resulta penoso y doloroso
pensar que una persona que ha vivido la inmigración y ha pasado por
penalidades, al cabo de la vida pueda no comprender lo que está sucediendo.
La emigración siempre va ahí donde cree que hay trabajo, no vaga como
un espectro sin saber dónde caer. No olvidemos que todos los
emigrantes estamos emparentados, pues la maleta del español que iba
a Argentina, es idéntica a la del argentino que viene ahora aquí.
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"La
maleta de un emigrante argentino es idéntica a la de un
español"
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Quizá esa asociación delincuencia-inmigración
es la culpable...
Esa relación de conceptos
es una gran mentira y una aberración tremenda. Inmigración aporta
riqueza, no sólo porque estas personas trabajen en lugares donde nadie
quiere, sino porque juegan un papel decisivo en el estado de bienestar.
Pensemos en los miles de ancianos y de niños que hoy en día están siendo
cuidados en España por inmigrantes, ¿es o no es riqueza? En el fondo
hay mucha ignorancia en las personas que ocupan muy altos despachos.
Manuel
Fraga permanece al frente de la Xunta con mayoría absoluta desde
hace muchos años. ¿Galicia no ansía un giro político?
Tenemos un problema (risas).
En todos los países tiene que haber siempre escalera de incendios y
en Galicia hay un 'stand by', el barco está a la espera. No se trata
de un problema sólo personal sino que también está
relacionado con la inmigración que hemos vivido. Como decía antes
Castelao, el gallego no protesta, emigra y ahora en la actualidad podríamos
hablar de que el gallego no protesta, simplemente no nace.
Un
deseo entonces para la Galicia del futuro...
Libertad, yo creo que esa
palabra sigue conteniéndolo todo. Significa voluntad de vivir,
ganas... Frente a una situación de insuficiencia respiratoria, la libertad
significa oxígeno.
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El
vídeo de la entrevista
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Autores
gallegos actuales
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2002
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| 2001 |
Galicia,
Galicia |
| 2001 |
La
mano del emigrante |
| 1999 |
Ella,
maldita alma
|
| 1999 |
El
secreto de la tierra
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| 1998 |
El
lápiz del carpintero |
| 1997 |
El
periodismo es un cuento |
| 1997
|
El
pueblo de la noche |
| 1996 |
Todo
ben |
| 1996 |
Bala
perdida |
| 1996 |
¿Qué
me queres, amor? |
| 1994 |
Galicia,
el bonsai atlántico |
| 1994 |
En
salvaje compañía |
| 1992 |
Toxos
e flores |
| 1992 |
Los
comedores de patatas |
| 1990 |
Un
millón de vacas |
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Manuel
Rivas es un claro ejemplo de autor que triunfa escribiendo
en lengua minoritaria. Sus obras se publican siempre primero
en gallego y luego él mismo las traduce al castellano.
Uno de sus mayores éxitos, El
lápiz del carpintero ha traspasado fronteras.
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El
director José
Luis Cuerda llevó al cine La
lengua de las mariposas, relato incluido en
¿Qué me quieres, amor? Su amigo Antón
Reixa, gallego de pro, está a punto
de estrenar el filme basado en El
lápiz del carpintero.
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