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José
María Mendiluce arremete contra el discurso único
que asegura que ya no hay izquierdas ni derechas, que lo diferente es
peor y que 'no se puede hacer más' de lo que se está haciendo.
Y asegura que no está solo: en su último libro, La
nueva política, hace un programa de lo que
deberá ser la izquierda en los años venideros: plural,
feminista y verde.
¿Tu libro tiene
una vocación programática, de regeneración de una nueva izquierda?
Es un intento de poner en
orden un conjunto de reflexiones sobre qué cuernos quiere decir 'ser
de izquierdas' en el siglo XXI, en contraposición con lo que mucha gente,
que dice ser de izquierdas, piensa que es la izquierda. Y trato de tocar,
dentro de esas reflexiones, los temas que más pueden interesar a cualquier
ciudadano que vaya un poquito más allá de lo simplemente cotidiano.
Es decir, no es un recetario de la vida cotidiana, sino de cómo lo global
nos afecta en la cotidianeidad.
¿Crees que una de las
mejores maniobras de la derecha fue hacernos creer que ya no existía?
Ésa
es parte de una de las maniobras, y la otra es esta especie de lógica
aplastante de que 'las cosas son como son y sólo puede hacerse lo que
se hace, y no hay nada que hacer'. Esa especie de canto permanente a
la resignación, al escepticismo, al tirar la toalla, forma parte del
discurso oficial. Y desgraciadamente ha calado, en muchos sectores de
la sociedad, que se han distanciado de lo público pensando que basta
con la protesta, con la denuncia, o la indignación, cuando lo importante
es transformar. Y para transformar no hay más métodos que participar
en la política, aunque no nos guste la política o las políticas que
se hacen.
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Lo
utópico es pensar que se puede seguir
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igual,
y que el planeta va a resistir, cuando
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tres
cuartas partes de la Humanidad están
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al
otro lado de la pobreza"
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¿Se está articulando
una nueva izquierda?
Absolutamente. Los últimos años
han visto surgir, por primera vez y a escala planetaria, un embrión
de lo que podríamos llamar sociedad civil mundial. Se empezó a expresar
con fuerza en Seattle y ha continuado a lo largo de estos años en distintas
cumbres y reuniones, (la última, en Florencia). Son centenares
y centenares de miles de personas, que representan a muchos más millones,
que han entendido que hay que cambiar las cosas, que lo utópico es pensar
que se puede seguir igual, y que el planeta va a resistir, cuando tres
cuartas partes de la Humanidad están al otro lado de la pobreza.
Ese embrión y esa capacidad de movilización más allá de las fronteras
es, para mí, el mayor signo de esperanza de que las cosas van a cambiar.
De que los dos grandes riesgos que corremos en este momento (la fractura
entre el ser humano y el resto del planeta Tierra, por un lado, y la
fractura entre los humanos ricos y los pobres, por el otro) son dos
asuntos cruciales que sólo serán resueltos en la medida en que seamos
más y más los que nos enfrentemos a ellos con determinación.
A la socialdemocracia le achacas el no haber evolucionado con los tiempos...
Es como si a la socialdemocracia
se le hubiera agotado el discurso. Han 'entregado' bastante trabajo
en condiciones; son, en parte, responsables de bastantes de las cosas
positivas que han pasado en Europa; han convertido el Estado del Bienestar,
ahora tan amenazado, en una especie de patrimonio común con la derecha
democristiana, y a lo largo de este final del siglo pasado y comienzo
del nuevo, daría la impresión de que se ha enquistado en una posición
defensiva, pero tiene bastante poca capacidad propositiva. No hablemos
ya de la otra izquierda, de origen comunista. Hay un anquilosamiento,
una enorme pereza mental, una falta de reflejos importante... Y un alejamiento
en las formas, el discurso, los estilos, los modelos de organización
y la toma de decisiones con respecto a una sociedad que cada vez vive
más y trabaja en red, y que, por lo tanto, tiene otra visión de lo que
debería ser la relación entre la política y los ciudadanos.
¿El votante de izquierda también
ha cambiado?
Sí. Nadie quiere ser 'masa',
no hay más vanguardias. Y los secretarios generales tendrán mucho poder...
en su club. Pero ese modelo no tiene nada que ver con las sociedades
dinámicas, creativas y de ciudadanas y ciudadanos que no quieren ser
sólo receptores de consignas o de información, sino que quieren emitir,
también. Y la Red es el elemento fundamental de esta nueva política,
algo que los socialdemócratas y las demás izquierdas tradicionales no
han entendido. Ellos creen que Internet es un espacio para poner
una web muy bonita, con la foto de su líder... que los correos electrónicos
son un sistema de comunicación más económico, y punto... No han descubierto
para nada los cambios potenciales que implicará Internet. Y por lo tanto,
siguen haciendo política como en el siglo XIX. Unido a que cualquier
organización, con un cierto peso en la sociedad, se vuelve progresivamente
conservadora, hace que el panorama por la izquierda sea bastante desolador.
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Estamos
añadiendo fracturas a las fracturas,
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y
dejando a millones de personas al margen
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de
cualquier hipótesis de desarrollo"
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¿Acabará la derecha sufriendo, en algún
momento, la crisis de identidad por la que pasó la izquierda?
No, porque la derecha es un entramado
político de defensa de los intereses económicos, y las grandes empresas
están a la vanguardia en el uso de las nuevas tecnologías (para sus
fines, evidentemente). La derecha tampoco tiene que convencer a las
mayorías de que hay que cambiar el curso de las cosas, tiene un enorme
potencial para convencernos de que 'lo que hay es lo que hay', de que
éste es 'el mejor de los mundos posibles'.
Hay quien dice que se está volviendo provinciana, chovinista.
Es que hay una ofensiva muy potente,
ideológica, que se ha acelerado desde el 11-S, que consiste en negar
el pan y la sal a todo el que es diferente. Se está imponiendo una especie
de doctrina oficial reduccionista en la que se vuelve a las raíces civilizatorias
y, por tanto, en parte, a las religiosas. Y eso es muy grave, porque
estamos añadiendo fracturas a las fracturas, y dejando no sólo a millones
de personas al margen de cualquier hipótesis de desarrollo, sino también
satanizando países enteros y criminalizando religiones enteras,
estamos sembrando el miedo a todo lo 'distinto' y, en definitiva, tratando
de ir hacia una 'purificación' de nuestros espacios de convivencia,
que es absolutamente aberrante y que choca con cualquier perspectiva
de futuro de paz, de entendimiento. Pero también hay otra: la sociedad
está aumentando la exclusión y la falta de expectativas de gran parte
de sus propios ciudadanos. Con lo cual tenemos ya un 'Cuarto Mundo'
dentro de nuestro mundo desarrollado, y también todos los gérmenes que
van a poder potenciar el miedo a lo distinto, a lo nuevo, a lo que llega
de fuera: un caldo de cultivo al populismo, al racismo, a la xenofobia.
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Cada
día que se pierde, mueren entre
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10.000
y 15.000 niños"
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¿Cómo calzan, dentro de
la política tradicional, las propuestas de la 'nueva izquierda'?
Pues eso lleva tiempo. Como lo
llevó el hacerles aceptar que las mujeres también tienen un peso importante
en la vida política ciudadana. O aceptar la paridad. Esto les costará
lo mismo. De todas maneras, los datos reales de cómo va el planeta,
el que cada vez haya más gente informada... Manifestaciones como Génova,
que excitan tanto a los políticos, para ver 'cómo pillan'... Todo esto
va a ir forzando un replanteamiento de sus posturas. Y a que vayan incorporando,
aunque sólo sea por razones electorales, esas ideas propuestas por movimientos
antiglobalización, alternativos... Yo sólo espero que el camino no sea
muy largo, porque no tenemos mucho tiempo. Cada día que se pierde, mueren
entre 10.000 y 15.000 niños.
¿El
político 'profesional' tiene miedo de estas nuevas maneras de participación
política?
Los políticos que tienen un
asiento, en algún sitio, tienen siempre un enorme recelo acerca de la
movilización y la participación ciudadana. La prueba es que el único
intento de transformar un poquito las cosas, por parte del PSOE, en
unas primarias en las que no ganó el que estaba previsto, les ha llevado
a dar marcha atrás a cualquier otra forma de participación. No es que
tengan miedo a la sociedad, es que ya les tienen miedo a sus propios
militantes, lo que ya es el colmo de los colmos... (risas). Es algo
completamente antidemocrático, antiguo, rancio, obsoleto, no le gusta
a nadie. Pero no les importa. Porque no quieren que haya movilización.
Y se están poniendo la soga al cuello, porque la izquierda sólo gana
cuando se moviliza al ciudadano progresista. Y están aburriendo tanto
al personal, están mareándonos tanto la perdiz, que la derecha arrasa
en casi toda Europa. Sólo ganan en lugares en los que hay un 'injerto
verde' que ayuda a movilizar y a obtener mayorías amplias, como en Alemania.
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El
vídeo de la entrevista
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| 1996 |
El
amor armado |
| 1997 |
Tiempo
de rebeldes |
| 1998 |
Pura
vida |
| 1998 |
Con
rabia y esperanza |
| 2001 |
La
Tercera Izquierda |
| 2001
|
Luanda,
2936 |
| 2002 |
La
nueva política |
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Nacido
en Madrid en 1951, José
María Mendiluce es diputado del Parlamento
Europeo y vicepresidente de su Comisión de Asuntos
Exteriores, Seguridad y Defensa. Ha sido Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), trabajando
en misiones humanitarias en Angola, los Balcanes o Centroamérica.
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"El
desarrollo sostenible no es posible si se supera la capacidad
de regeneración de los recursos naturales que ofrece
el planeta a la humanidad. La explotación del capital
natural por parte de una economía productiva de
alta intensidad agota los recursos, impide su regeneración,
acumula desechos, agudiza las contradicciones y lleva
al planeta al colapso de su capacidad de resistencia." |
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Globalización,
en Telepolis
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