Diputado del Parlamento Europeo, vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores, Seguridad y Defensa, José María Mendiluce es uno de los sujetos más autocríticos y conflictivos del organismo internacional. No está en él callarse sus verdades, lo que le ha costado fama de incómodo y antigubernamental.
Joan Andreanó-Weyland y Noemí Jansana  Redacción Telepolis  



       José María Mendiluce arremete contra el discurso único que asegura que ya no hay izquierdas ni derechas, que lo diferente es peor y que 'no se puede hacer más' de lo que se está haciendo. Y asegura que no está solo: en su último libro, La nueva política, hace un programa de lo que deberá ser la izquierda en los años venideros: plural, feminista y verde.

       ¿Tu libro tiene una vocación programática, de regeneración de una nueva izquierda?
       Es un intento de poner en orden un conjunto de reflexiones sobre qué cuernos quiere decir 'ser de izquierdas' en el siglo XXI, en contraposición con lo que mucha gente, que dice ser de izquierdas, piensa que es la izquierda. Y trato de tocar, dentro de esas reflexiones, los temas que más pueden interesar a cualquier ciudadano que vaya un poquito más allá de lo simplemente cotidiano. Es decir, no es un recetario de la vida cotidiana, sino de cómo lo global nos afecta en la cotidianeidad.    

      ¿Crees que una de las mejores maniobras de la derecha fue hacernos creer que ya no existía?
      
Ésa es parte de una de las maniobras, y la otra es esta especie de lógica aplastante de que 'las cosas son como son y sólo puede hacerse lo que se hace, y no hay nada que hacer'. Esa especie de canto permanente a la resignación, al escepticismo, al tirar la toalla, forma parte del discurso oficial. Y desgraciadamente ha calado, en muchos sectores de la sociedad, que se han distanciado de lo público pensando que basta con la protesta, con la denuncia, o la indignación, cuando lo importante es transformar. Y para transformar no hay más métodos que participar en la política, aunque no nos guste la política o las políticas que se hacen.


“Lo utópico es pensar que se puede seguir
igual, y que el planeta va a resistir, cuando
tres cuartas partes de la Humanidad están
al otro lado de la pobreza"


      ¿Se está articulando una nueva izquierda?
      Absolutamente. Los últimos años han visto surgir, por primera vez y a escala planetaria, un embrión de lo que podríamos llamar sociedad civil mundial. Se empezó a expresar con fuerza en Seattle y ha continuado a lo largo de estos años en distintas cumbres y reuniones, (la última, en Florencia). Son centenares y centenares de miles de personas, que representan a muchos más millones, que han entendido que hay que cambiar las cosas, que lo utópico es pensar que se puede seguir igual, y que el planeta va a resistir, cuando tres cuartas partes de la Humanidad están al otro lado de la pobreza. Ese embrión y esa capacidad de movilización más allá de las fronteras es, para mí, el mayor signo de esperanza de que las cosas van a cambiar. De que los dos grandes riesgos que corremos en este momento (la fractura entre el ser humano y el resto del planeta Tierra, por un lado, y la fractura entre los humanos ricos y los pobres, por el otro) son dos asuntos cruciales que sólo serán resueltos en la medida en que seamos más y más los que nos enfrentemos a ellos con determinación.


      A la socialdemocracia le achacas el no haber evolucionado con los tiempos...
       Es como si a la socialdemocracia se le hubiera agotado el discurso. Han 'entregado' bastante trabajo en condiciones; son, en parte, responsables de bastantes de las cosas positivas que han pasado en Europa; han convertido el Estado del Bienestar, ahora tan amenazado, en una especie de patrimonio común con la derecha democristiana, y a lo largo de este final del siglo pasado y comienzo del nuevo, daría la impresión de que se ha enquistado en una posición defensiva, pero tiene bastante poca capacidad propositiva. No hablemos ya de la otra izquierda, de origen comunista. Hay un anquilosamiento, una enorme pereza mental, una falta de reflejos importante... Y un alejamiento en las formas, el discurso, los estilos, los modelos de organización y la toma de decisiones con respecto a una sociedad que cada vez vive más y trabaja en red, y que, por lo tanto, tiene otra visión de lo que debería ser la relación entre la política y los ciudadanos.

     ¿El votante de izquierda también ha cambiado?
     Sí. Nadie quiere ser 'masa', no hay más vanguardias. Y los secretarios generales tendrán mucho poder... en su club. Pero ese modelo no tiene nada que ver con las sociedades dinámicas, creativas y de ciudadanas y ciudadanos que no quieren ser sólo receptores de consignas o de información, sino que quieren emitir, también. Y la Red es el elemento fundamental de esta nueva política, algo que los socialdemócratas y las demás izquierdas tradicionales no han entendido. Ellos creen que Internet es un espacio para poner una web muy bonita, con la foto de su líder... que los correos electrónicos son un sistema de comunicación más económico, y punto... No han descubierto para nada los cambios potenciales que implicará Internet. Y por lo tanto, siguen haciendo política como en el siglo XIX. Unido a que cualquier organización, con un cierto peso en la sociedad, se vuelve progresivamente conservadora, hace que el panorama por la izquierda sea bastante desolador.


“Estamos añadiendo fracturas a las fracturas,
y dejando a millones de personas al margen
de cualquier hipótesis de desarrollo"


     ¿Acabará la derecha sufriendo, en algún momento, la crisis de identidad por la que pasó la izquierda?
     No, porque la derecha es un entramado político de defensa de los intereses económicos, y las grandes empresas están a la vanguardia en el uso de las nuevas tecnologías (para sus fines, evidentemente). La derecha tampoco tiene que convencer a las mayorías de que hay que cambiar el curso de las cosas, tiene un enorme potencial para convencernos de que 'lo que hay es lo que hay', de que éste es 'el mejor de los mundos posibles'.


        Hay quien dice que se está volviendo provinciana, chovinista.
      Es que hay una ofensiva muy potente, ideológica, que se ha acelerado desde el 11-S, que consiste en negar el pan y la sal a todo el que es diferente. Se está imponiendo una especie de doctrina oficial reduccionista en la que se vuelve a las raíces civilizatorias y, por tanto, en parte, a las religiosas. Y eso es muy grave, porque estamos añadiendo fracturas a las fracturas, y dejando no sólo a millones de personas al margen de cualquier hipótesis de desarrollo, sino también satanizando países enteros y criminalizando religiones enteras, estamos sembrando el miedo a todo lo 'distinto' y, en definitiva, tratando de ir hacia una 'purificación' de nuestros espacios de convivencia, que es absolutamente aberrante y que choca con cualquier perspectiva de futuro de paz, de entendimiento. Pero también hay otra: la sociedad está aumentando la exclusión y la falta de expectativas de gran parte de sus propios ciudadanos. Con lo cual tenemos ya un 'Cuarto Mundo' dentro de nuestro mundo desarrollado, y también todos los gérmenes que van a poder potenciar el miedo a lo distinto, a lo nuevo, a lo que llega de fuera: un caldo de cultivo al populismo, al racismo, a la xenofobia.


“Cada día que se pierde, mueren entre
10.000 y 15.000 niños"


       ¿Cómo calzan, dentro de la política tradicional, las propuestas de la 'nueva izquierda'?
       Pues eso lleva tiempo. Como lo llevó el hacerles aceptar que las mujeres también tienen un peso importante en la vida política ciudadana. O aceptar la paridad. Esto les costará lo mismo. De todas maneras, los datos reales de cómo va el planeta, el que cada vez haya más gente informada... Manifestaciones como Génova, que excitan tanto a los políticos, para ver 'cómo pillan'... Todo esto va a ir forzando un replanteamiento de sus posturas. Y a que vayan incorporando, aunque sólo sea por razones electorales, esas ideas propuestas por movimientos antiglobalización, alternativos... Yo sólo espero que el camino no sea muy largo, porque no tenemos mucho tiempo. Cada día que se pierde, mueren entre 10.000 y 15.000 niños.


       ¿El político 'profesional' tiene miedo de estas nuevas maneras de participación política?
       Los políticos que tienen un asiento, en algún sitio, tienen siempre un enorme recelo acerca de la movilización y la participación ciudadana. La prueba es que el único intento de transformar un poquito las cosas, por parte del PSOE, en unas primarias en las que no ganó el que estaba previsto, les ha llevado a dar marcha atrás a cualquier otra forma de participación. No es que tengan miedo a la sociedad, es que ya les tienen miedo a sus propios militantes, lo que ya es el colmo de los colmos... (risas). Es algo completamente antidemocrático, antiguo, rancio, obsoleto, no le gusta a nadie. Pero no les importa. Porque no quieren que haya movilización. Y se están poniendo la soga al cuello, porque la izquierda sólo gana cuando se moviliza al ciudadano progresista. Y están aburriendo tanto al personal, están mareándonos tanto la perdiz, que la derecha arrasa en casi toda Europa. Sólo ganan en lugares en los que hay un 'injerto verde' que ayuda a movilizar y a obtener mayorías amplias, como en Alemania.

 
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El vídeo de la entrevista
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Rehabilitar la política democrática


La nueva izquierda
Abolition 2000
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Global Corporation Watch
INDG
IATP
IFG
Susan George
  Consumers International
  Mendiluce.org: página oficial de su candidatura 2003

Los globalizadores
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GATT
OTAN
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Libros publicados
1996 El amor armado
1997 Tiempo de rebeldes
1998 Pura vida
1998 Con rabia y esperanza
2001 La Tercera Izquierda
2001 Luanda, 2936
2002 La nueva política

Política Internacional
  Cultura de Paz
Primera plana
Locos por la Bolsa
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Administración Europea
Organizaciones Internacionales
Ecología
ONGs

Perfil

Nacido en Madrid en 1951, José María Mendiluce es diputado del Parlamento Europeo y vicepresidente de su Comisión de Asuntos Exteriores, Seguridad y Defensa. Ha sido Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), trabajando en misiones humanitarias en Angola, los Balcanes o Centroamérica.


Desarrollo sostenible

"El desarrollo sostenible no es posible si se supera la capacidad de regeneración de los recursos naturales que ofrece el planeta a la humanidad. La explotación del capital natural por parte de una economía productiva de alta intensidad agota los recursos, impide su regeneración, acumula desechos, agudiza las contradicciones y lleva al planeta al colapso de su capacidad de resistencia."


Globalización, en Telepolis
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Entrevista a Ignacio Ramonet

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