En la meseta central de Santa Cruz, a 150 km del Puerto San Julián, en la estancia La María, se pueden encontrar vestigios de actividad humana de hace 12.600 años, con una gran cantidad de los llamados negativos de mano.
Allí se localizan más de 80 cuevas y aleros. Se trata de una serie de abrigos rocosos, cuyas bocas se abren en uno de los empinados barrancos, a más de 80 m sobre el nivel de las aguas, en el Cañadón del Alto Río Pinturas, con un curso lleno de meandros bordeados de sauces.
En la cueva hay manos en negativo y positivo, escenas con guanacos, huellas de animales y dibujos misteriosos y abstractos, estos últimos corresponden a un último período dos siglos antes de la llegada de Colón , (triángulos opuestos por el vértice, círculos concéntricos, líneas puntiformes y zigzags de un rojo intenso), son semejantes a las composiciones que adornaron quillangos y toldos indígenas. Llama la atención la policromía de hasta 5 colores distintos.
Las primeras fotos fueron tomadas por el padre De Agostini, perseverante explorador patagónico. Los negativos de manos fueron efectuados, soplando una mezcla de pigmentos minerales, yeso y agua o grasa, sobre manos apoyadas contra las rocas
Algunos investigadores relacionan estas impresiones, con la magia curativa, otros con ceremonias de iniciación femenina ( las indagaciones indican que la mayoría pertenecía a mujeres) pero todos coinciden en que tuvieron que ver más con lo sagrado que con lo decorativo, para los antiguos cazadores fue más que un refugio casual, fue un espacio sagrado, algo así como una catedral.
A la denominada cultura toldense se debe, las escenas más espectaculares de este arte rupestre: cercos de caza, manadas de guanacos a toda carrera, danzas ceremoniales y hembras de vientre abultado o con cría, relacionados con la magia cazadora y ritos propiciatorios de la fecundidad.
La provincia de Santa Cruz tomó la iniciativa de proteger el lugar y convertirlo en un sitio turístico, en 1993 fue declarado Monumento Histórico Nacional y a fines de 1999, la UNESCO lo incorporó al Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Los viajeros pueden llegar desde la localidad de Perito Moreno, por ruta nacional 40 y provincial 97, y pueden elegir alojamiento en alguna de las 3 estancias acondicionadas al efecto y allí degustar platos regionales, así como efectuar las salidas en 4x4, a pie o a caballo hasta las cuevas y otros sitios de importancia arqueológica como Charcamata y Arroyo Feo. La temporada propicia es entre octubre y abril.