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Durero

 

Alberto Durero es uno de los artistas más destacados del Renacimiento dentro y fuera de Italia. Contemporáneo de Leonardo da Vinci y el Bosco.

Albertus Durerus Noricus. Ésta es la fórmula que el artista utilizó tras su viaje a Venecia Alberto Durero es el nombre que se le dio en la Corte española, donde se castellanizó su difícil apellido germánico.  

La obra de Durero se divide en dos bloques: pintura y obra gráfica (donde se incluyen grabados de cualquier técnica, xilografías y dibujos). De su mano quedan 90 pinturas, 130 grabados, varios cientos de xilografías y dibujos, y tres libros de teoría del arte. Ambas facetas son igual de importantes en su producción. Ser un artista gráfico en la época era ser un experto en las técnicas más avanzadas del momento, con las que se revolucionó el mundo de la cultura europea.     

 

Durero nació el 21 de abril de en 1471. Apenas cincuenta años antes se había descubierto la xilografía, arte para la difusión de teorías e imágenes artísticas. Durero fue el pionero, sobre todo por sus circunstancias familiares. Como ya hemos mencionado, el padre de Durero, Albrecht el Viejo, era orfebre húngaro y se trasladó a Nüremberg, uno de los centros culturales más importantes de Alemania y núcleo de distribución de metales preciosos, gracias a sus minas. Su padrino fue Antón Koberger,  el impresor más importante de Nüremberg.

Durero pudo aprender la técnica de la imprenta y el grabado desde la infancia, a los doce años entró en el taller de orfebrería de su padre. Allí pudo aprender el método para grabar metales, que dio lugar a la calcografía, arte en el que destacó sobre las demás la obra de Martin Schongauer.  

 
 
 

En 1486 Alberto entró en el taller del pintor más importante de Nüremberg, Michael Wolgemut donde aprendió la técnica de la xilografía. Wolgemut colaboró con Koberger, impresor, para realizar libros que combinaban textos e imágenes, separando los trabajos y especializándose cada uno en su área. Un rasgo que distinguirá a Durero es la integración de texto e imagen, algo que se aprecia en sus obras de madurez. Alberto estuvo en el taller de Wolgemut hasta el año 1489. El 11 de abril de 1490, en plena primavera, Durero parte de Nüremberg y realiza su gira hacia los Países Bajos y la región del Rhin.  

Su destino le lleva a Venecia. Partió el 18 de mayo de 1494 y pasó por el Tirol, el Alto Adigio, Mantua y Padua. La técnica, pero sobre todo las figuras humanas, proporcionadas y desnudas, le impresionaron. Copió algunas y se inspiró en estatuas clásicas para hacer sus experimentos de perspectiva y proporción.

 

Al regreso, atravesando los hermosos paisajes alpinos, Durero no pudo evitar tomar las citadas acuarelas de castillos, parajes y amplias panorámicas.  También aprendió de los venecianos la técnica del óleo sobre lienzo; este material es más rápido y fácil de trabajar y resulta mucho más económico que la tabla comúnmente empleada en Alemania.

En 1494 de regreso en Nüremberg abre su propio taller desarrollando una gran actividad  tanto en pintura como en grabado.  Durero trasladó a su obra las novedades aprendidas en Italia. Su primer mecenas lo conoció en esta época: Federico el Prudente, protector de Lutero, viajó a Nüremberg y le encargó su propio retrato y un altar, las primeras obras de Durero en lienzo. Los encargos le llegaban, sobre todo retratos: entre ellos se cuentan los del matrimonio Tucher, el de Oswolt Krel y el bellísimo Autorretrato como gentilhombre que se encuentra en el Museo del Prado de Madrid.

 

 
 
 

Sin embargo, su obra más revolucionaria la encontramos en su faceta como grabador y consiste en la serie de xilografías del Apocalipsis, realizadas en 1498. El año de realización es crucial: 1500 era la fecha que los milenaristas daban al cumplimiento del Juicio Final.  

El libro del Apocalipsis marcó el cenit de la carrera de Durero. Su obra comenzó a ser imitada por todos los rincones.   El fruto de su trabajo es el impresionante Autorretrato frontal, en el que se identifica a sí mismo con Cristo.  Hasta 1505 realizó brillantes obras  como la Adoración de los Magos. En el año 1505 Durero marcha por segunda vez a Venecia donde fue recibido como un gran artista. Recibió un encargo de la iglesia de San Bartolomé, dedicado a la Virgen del Rosario.   Tras este éxito, la familia de banqueros Fugger le hospedan y tratan con honores de caballero.

 

 

Durero se siente halagado y, consciente de la diferente concepción que del artista se tiene en Italia y en Alemania, escribe a su amigo Willibald: "¡Ay, cuánto echaré de menos el sol! Aquí soy un caballero, en casa un parásito". El mismo año en que escribe estas palabras, 1506, marcha a Bolonia y a Florencia. Allí ve obras de su contemporáneo, Leonardo,  del joven Rafael, que iniciaba su carrera.

Regresa a Nüremberg. Las obras se suceden en sus manos. Pinta su Adán y Eva, un tratado práctico de las teorías de la proporción humana.  Sus grabados se hacen mejores y más abundantes: la Gran Pasión, la Vida de María y la famosísima tríada : El Caballero, la Muerte y el Diablo, San Jerónimo en su estudio y Melancolía I.   Tras este hito, en 1514 el emperador Maximiliano I se interesa por él y le encarga los tacos para el Arco de Triunfo y su Libro de Oraciones, entre otras obras. Como delegado del Consejo en la Dieta de Augsburgo, Durero tuvo oportunidad de conocer a los personajes más importantes del imperio y retratarlos, entre ellos al emperador.

 
 
 

Durero conoce a Erasmo de Rótterdam al que retrata; el humanista también conocía al artista, de quien decía: "En verdad, consigue representar lo que no puede representarse: rayos de luz, truenos, relámpagos... todas las sensaciones y emociones: en resumen, el espíritu humano completo, tal como se refleja en los movimientos del cuerpo, y casi hasta la voz".  

La década de 1520 marca el apogeo de las tensiones religiosas en Alemania. Durero se hizo eco de las mismas.  El 6 de abril de 1528 Durero murió y fue enterrado en el cementerio de San Juan. Su amigo Willibald Pirckheimer fue el encargado de escribir su epitafio, que reza: "En memoria de Alberto Durero. Todo lo que en él había de mortal está enterrado bajo este túmulo".  

 
 
 Durero. Obras maestras de la Albertina. Museo del Prado  »»»  Del 9 de marzo al 29 de mayo de 2005. 


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