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Nuevas formas de ser macho
Por Cindy Gabriela Flores
Hoy ya no está de moda ser "macho", no el típico macho que le pega a “su mujer”, tiene más de cinco hijos, llega borracho con los amigos a las cuatro de la mañana y le pide a “su vieja” que les sirva de cenar y, sin pena alguna, dice: "yo sí soy bien macho". No, ese estilo ya pasó de moda. Ahora se usa un método de vanguardia para ser macho sin asumirlo. En las charlas de "pasillo", en las fiestas, entre amigos, se escucha una postura tan “feminista” que hasta da gusto: "Si ando con una chava y ella gana más que yo, tiene mejor puesto, estudió una maestría y está guapa, yo feliz. Por mí, mejor, así hasta me mantiene. Ja, ja, ja". Pero, ¡qué maravilla!, hombres y mujeres coincidimos en la equidad que debe existir entre ambos géneros. Quién hubiera dicho, hace cinco décadas, que esto sería posible algún día.
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Incongruencias...
Todo lo anterior suena muy bien. El problema es que, cuando los galanes se encuentran con una chica de estas características, la reacción inicial es obvia: la buscan, la invitan a salir, incluso pueden llegar a tener una relación seria con ella; sin embargo, con el paso del tiempo, la cotizada susodicha comienza a cambiar. La independencia, agilidad para tomar decisiones, sociabilidad y coquetería que la caracterizaban cuando se conocieron comienzan a esfumarse, poco a poco. Ahora, antes de decidir cualquier cosa, consulta a su pareja; sus acostumbradas minifaldas y escotes son sustituidas por faldas largas, pantalones y cuellos de tortuga; de las decenas de amig@s que tenía sólo quedan un par de amigas casadas o con parejas estables a las que ve ocasionalmente, habla por teléfono o e-mail con frecuencia. Tod@s piensan que él es el hombre más gentil del mundo, siempre tan atento y lindo... casualmente, los mejores detalles se dan cuando hay alguien más... en fin... él es un bombón. En algún momento y sin que ella se diera cuenta, convirtió a su pareja en "su vida" y él comenzó a exigir más y más, a "esculpir" el barro que ella representaba para él (en lugar de una pareja, ella es un proyecto a concretar). Y es que "si en verdad me amaras me celarías", "si yo te llenara no necesitarías salir a comer con tus amigos", "no tengo nada, si realmente fueras mi pareja sabrías lo que me pasa, no tendría que decírtelo"...y así, sucesivamente, él la chantajea y manipula, haciéndola sentir más insegura cada vez. Entonces, ella comienza a volverse celosa (¿o a convertirse en una insegura como su pareja quiere?...), a alejarse de sus amistades (haciendo de él su universo, eliminando otras “fuentes de distracción”), a no saber cómo actuar, porque ya no sabe qué es lo que le molesta.... La vida de ella se vuelve un infierno, la inseguridad se ha apoderado totalmente de ella.
¿Por qué lo hacen?
Todo se resume a una palabra-concepto: machismo, pero ahora encubierto de una ideología “progresista” (es decir, que hablan de la equidad entre mujeres y hombres y se muestran, supuestamente, en favor de la “liberación” de las mujeres”, provocando que quienes no quieren a un macho por pareja caigan en “en las garras” de uno). Todos los patrones reproducidos fueron aprendidos desde la infancia en la casa, donde el hombre era el centro del universo, el papá era quien siempre daba la última palabra, el que “llevaba los pantalones”. Desde luego, el padre era un macho, pero “él no lo es, cómo podría serlo, si su mujer trabaja, ella es quien decide lo que se hace en la casa: la comida, el súper, cuidar a los niños cuando se enferman...”, es decir, se repite la historia, ahora con una poca de “flexibilidad de acción” que lleva a las mujeres a trabajar doble o triple jornada (trabajar fuera de casa y dentro también, y si hay hij@s, más) Aun cuando muchos varones heterosexuales hablen de ser equitativos y “dar libertad” (como si ellos dieran o quitaran la libertad a l@s demás) las cuestiones importantes en la pareja las definen ellos (como a dónde mudarse de casa, cuándo tener hijos, lo económico, etc.), al tiempo que aislan a su compañera (consciente o inconscientemente) para ser el único centro de atención. Para ello utilizan métodos de cohersión más "modernos" (como el chantaje, la manipulación o el maltrato emocional, aun cuando no esté consciente de ello) "nada de golpes"...físicos... (pero ni la cultura, ni la educación o el discurso “progre” son garantía de que no habrá violencia física al lado de un macho). A los varones que tienen este comportamiento es quienes se puede considerar "machos progresistas", es decir, a quienes utilizan este doble discurso pidiendo verbalmente una cosa pero, con sus acciones y actitudes, otra. Al final, a veces, quienes se relacionan con un “macho moderno” logran deshacerse del lastre que esto puede significar o se terminan enroladas como "felices" amas de casa, eso depende de qué tan conscientes sean de la situación. No es fácil detectarlo pero, si se perciben actitudes incongruentes y un trato que provoca malestar, es importante detenerse a analizar la situación y recordar que si existe malestar, es una sensación válida que merece respeto y si ese respeto no se recibe por parte de la pareja, hay que actuar en consecuencia.
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