Y termina la revista poniendo como ejemplo de esa furia cubana que el gobierno de la isla “el pasado año prohibió el uso de dólares americanos en Cuba e impuso un 10 % de impuesto en el cambio de los turistas”. Los dólares no están prohibidos en Cuba, simplemente no se puede pagar con ellos en los comercios porque no es la moneda del país. En Europa sucede lo mismo porque pagamos en euros. Se cambian por la moneda local y ya está. La aplicación de un impuesto gubernamental de un diez por ciento por un cambio de divisas forma parte de una decisión financiera legítima de un gobierno soberano. En cambio EEUU no reconoce los pesos cubanos ni permite cambiarlos.
Y es que la revista Forbes tiene por costumbre elucubrar cualquier excusa para incluir a Fidel Castro entre su lista de gobernantes millonarios como método para desautorizarlo. Sin ir más lejos, hace dos años afirmó que su patrimonio era de 110 millones de dólares. Si uno leía la letra pequeña de la página web de Forbes entonces descubría el método utilizado entonces. Admitían que "la estimación de estas fortunas es un asunto muy complicado", indicando que para calcular la riqueza personal del presidente cubano se ha incluido un porcentaje del producto interior bruto (PIB) del país, así de sencillo.
Por cierto, quienes sí tienen un patrimonio personal contante y sonante y a su nombre son los “democráticos” príncipe de Liechtenstein y su familia con 3.200 millones de dólares, la reina Isabel II de Inglaterra con 720 millones y el presidente italiano Silvio Berlusconi con 12.000 millones de dólares.
Sin olvidar a otros amigos de occidente como el rey Fahd de Arabia Saudí tan aclamado en la Costa del Sol por sus 22.000 millones, el sultán de Brunei con 20.000 millones o la familia del primer ministro tailandés con 1.900 millones. Eso sí, ninguno de ellos “continúa con su furia contra Estados Unidos”. ¿Viajarán también en un Mercedes de veinte años y cederán su patrimonio para las convenciones internacionales?
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