La historia del vino de Rioja
El vino es una arte tan asociado a esta comunidad, que se remonta a sus más antiguos ancestros como base de su economía.
Los romanos apreciaban ya el vino de esta zona como algo excepcional y sin duda, fueron unos de los impulsores de las grandes plantaciones de vid, aunque no los que trajeron este cultivo a esta comarca. Está prácticamente demostrado que ya los fenicios conocían de la viticultura e incluso se afirma que otros pueblos anteriores como los berones y pelendones, antiguos pobladores de la región, bebían y comerciaban con el vino que se producía en la antigua Rioja.
La tradición religiosa confiere a San Millán la autoría del milagro mediante el cual el santo riojano multiplicó el vino. Son los monjes, tan lijados a este santo, parte importante en el mantenimiento de la tradicional elaboración de este preciado caldo que ha llegado a nuestros días, ya que según cuenta la historia, los árabes, fieles a sus costumbres, arrasaron todos los viñedos existentes en la época.
Sobre el año 530 a.C. la vid era ya cultivo notorio del Valle del Ebro. Reseñas de ese cultivo aparecen ya en los Cartularios de los Monasterios de San Millán de la Cogolla, Albelda, Valvanera...
Sobre el siglo X y XI existen numerosos documentos sobre donaciones de los monarcas que atestiguan la importante actividad vitivinícola de la época.
Durante el reinado de los Reyes Católicos comienza la exportación del vino de Rioja, que viaja a Flandes, Italia y Francia.
En 1560, los cosecheros logroñeses la elección de un anagrama que fuera símbolo y testigo de calidad de sus vinos. Este anagrama correspondía a un entrelazado de las iniciales de los apellidos de los componentes, y se grabara a fuego en los pellejos que se enviaban al exterior. Este es el primer antecedente histórico de la Denominación de Origen Rioja. Esta marca se legalizó a través de un documento escrito ante el escribano de Su majestad Real.
En el siglo XVII se produce un aumento considerable de viñedos, por lo que, en el ánimo de seguir velando por la calidad y autenticidad de nuestros vinos, se adoptan nuevas medidas, que llegan incluso a reglamentar la cantidad de viñedos, prohibiendo las nuevas plantaciones (Calahorra, 1609)
Los propietarios de las bodegas ubicadas en la cale Ruavieja solicitaron la prohibición de circular carruajes por la zona, a lo cual accedió el Ayuntamiento de Logroño mediante acuerdo fechado en 1632 para favorecer la calidad de los vinos, preservando la quietud de los calados.
El 2 de Mayo de 1790 se celebra en Fuenmayor la primera asamblea de la Real Sociedad Económica de La Rioja Castellana, constituida en 1787 como ampliación de la Junta General de Cosecheros de Vino de Logroño, con el objetivo de la mejora de los caminos que facilitarían la exportación de los vinos riojanos, dejando constancia de su preocupación por conseguir una calidad óptima.
La aparición del “oidium” de la vid, enfermedad de origen americano, que apareció en Europa a mediados del siglo XIX, prepara la fase de renovación de los vinos riojanos.
En la segunda mitad del siglo XIX se produce en Europa una nueva enfermedad de la vid, la filoxera. Arrasa los viñedos franceses en 1867 y en La Rioja no se detecta hasta 1889, lo que provocó que los viticultores franceses vinieran a La Rioja en busca de vino.
En 1880, una gran parte de los municipios riojalteños habían tomado relación con los viticultores franceses. Estos adquirían vino, que a través del ferrocarril abastecían las escasas producciones franceses, aportando a su vez a los viticultores riojanos el “modo bordelés” para la elaboración y envejecimiento, con lo que nuestros caldos ganaron en aroma y sabor.
En 1892 se funda la Estación de Viticultora y Enología de Haro, que desarrolla estudios de mejora, control de calidad y control analítico de las exportaciones.
Es a partir de 1920 cuando se protegería, a través de un largo proceso, el nombre de “Rioja” en España. En 1925 se estableció para la región la primera Denominación de Origen de España, aun cuando cinco años antes La Rioja se reconociera legalmente como región de origen.
En 1926 se crea el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja, el cual, con el paso del tiempo, se ha convertido en el órgano regulador y de control del vino de Rioja y máximo garante de su calidad.Como reconocimiento a su esfuerzo, el 3 de abril de 1991, una Orden Ministerial otorga el carácter de Calificada a la Denominación de Origen Rioja, primera y única en España.
El cultivo de la vid
La Región vitivinícola de La Rioja está enclavada en el valle del Ebro. Su situación geográfica, las condiciones climáticas y la constitución de su suelo lo hacen idónea y privilegiada para el cultivo de la vid.
La experiencia de viticultores y elaboradores ha permitido realizar una selección natural de aquellas cepas que demostraban mejores cualidades de adaptación a la climatología y suelos riojanos y que, al mismo tiempo, eran capaces de proporcionar vinos de las más obras altas cualidades.
Las principales variedades de que se nutre el vino de Rioja son:
v Tempranillo. Autóctona de La Rioja, se considera variedad preferente y desde hace algunos años es la que mas superficie ocupa.
v Garnacha tinta. El producto obtenido depende mucho de las condiciones ambientales y de cultivo.
v Mazuelo. Internacionalmente se reconoce su origen francés. Produce vinos ricos en taninos y broncos al pladar.
v Graciano. Variedad autóctona y minoritaria. La más aromática de todas nuestras variedades.
v Viura. Es la principal variedad blanca cultivada en La Rioja. Da vinos que pueden envejecerse, una forma de elaboración tradicional del vino blanco de Rioja.
v Malvasía. Variedad blanca que da al vino joven un aroma afrutado y fresco y al envejecer dota a los vinos de cierto color dorado.
v Garnacha Blanca. Variedad rústica muy parecida en su comportamiento a la garnacha tinta.
La vendimia
La vendimia es una auténtica fiesta regional en la que las familias riojanas se juntan para recoger el fruto de la vid, en un ambiente alegre y hospitalario. El comienzo de la vendimia en La Rioja es tardío. Empieza en el mes de Septiembre, aunque la fecha depende de las características climáticas del año en curso y la variedad de la uva.
Al comienzo del otoño al viticultor riojano prepara sus herramientas: afila los corquetes, pequeñas, pequeñas hoces utilizadas para cortar los racimos, y limpia cunachos, cestos y remolques y sobre todo lagos y cubas a la espera de realizar las labores de recogida en el momento justo de maduración de la uva.
Llegado el momento, amigos y parientes, junto con vendimiadores profesionales se ponen manos a la obra en largas jornadas de trabajo que duran desde el amanecer al anochecer. A la hora de entregar el fruto, la bodega acogerá a uvas y vendimiadores que charlarán de vino y anécdotas de vendimias pasadas en torno a la tradicional merienda.Vivir la experiencia de la vendimia , la selección de los frutos, la experiencia del trabajo duro, la recompensa del caldo más exquisito y las mejores anécdotas y tradiciones... este otoño hay una cita inexcusable en La Rioja.
Las labores de la viña
Finalizada la vendimia se inicia un nuevo ciclo en la vida de las viñas, las hojas van tornando en profundos colores rojizos antes de caer y dejar paso a los sarmientos que las sustentaban y que en invierno serán podados para proporcionar calor en las hogueras y chimeneas. En la estación invernal sólo el leño de la cepa asomará de la tierra desnuda, como muerto. La primavera traerá el revivir de la cepa, con sus primeros pámpanos, que vestirán de verde el campo riojano. Será entonces tiempo de extremar el cuidado para mantener limpia la tierra y procurar que las hierbas no afecten a las viñas. Con el fin de la primavera comienzan a aparecer los primeros frutos que más tarde madurarán arropados por el sol, mientras que el agricultor procede a arrancar el exceso de pámpanos y hojas, labor que recibe diferentes nombres según la zona (espergurar, separar, desornizar...) también se quitan los “renuevos”, el desniete, manteniéndose siempre atento ante las posibles enfermedades que pudieran atacar a las viñas.
Elaboración, crianza y envejecimiento del vino
Con las uvas ya en las bodegas comienzan los trabajos de vinificación.
En primer lugar es necesario decidir qué tipo de vino se elaborará: blanco, rosado o tinto, pues su elaboración será diferentes ritmos y pautas.
Para la elaboración de los vinos blancos, la uva entera pasa a los escurridores. Una vez eliminados los hollejos y raspones, el mosto obtenido pasa a los depósitos de fermentación.
Para los vinos rosados, la uva, despalillada y ligeramente estrujada, se pasa a los depósitos escurridores, donde se controla la maceración del líquido con los hollejos. El mosto obtenido de decanta para pasar a los depósitos de fermentación.
En cuanto a los vinos tintos hay dos formas de elaboración. La más extendida consiste en retirar los raspones en las despalilladoras, antes de la fermentación, obteniéndose vinos apropiados para un largo periodo de envejecimiento.
Por el contrario, si la uva entera pasa a los depósitos de fermentación, los vinos conseguidos mediante esta técnica serán suaves, color intenso y adecuados para su consumo en su primer año. En amos casos, durante la fermentación, se remonta el mosto, desde la parte inferior a la superior, a la vez que la temperatura permanece constante. Todo ello con el objetivo de extraer los componentes de la piel, que aportan color, estructura y aromas. Al final de la fermentación se lleva a cabo el descubre; una vez separadas las materias sólidas, el vino pasa a los depósito de almacenamiento, donde es sometido a un control estricto de calidad.
El Consejo Regulador, mediante exámenes organolépticos y analíticos determina si el vino obtenido merece la Denominación de Origen Calificada Rioja.
El proceso de envejecimiento caracteriza y diferencia a los vinos de Rioja de los del resto de las zonas vinícolas del mundo. Tras permanecer en barricas bordelesas de madera de roble el vino pasa un tiempo en botella. Se consuma así el proceso en envejecimiento y se presenta al consumidor el vino listo para ser bebido y apreciado.
Los vinos envejecidos se dividen en:
v Crianza: corresponde a vinos al menos en su tercer año, que han permanecido como mínimo un año envejeciendo en barrica de roble.
v Reserva: son vinos muy seleccionado, con un envejecimiento mínimo entre barrica de roble y botella de tres años, uno de ellos, al menos en barrica.
v Gran Reserva: corresponde a vinos de cosechas excepcionales que han envejecido un mínimo de dos años en barrica de roble y tres en botella.
El disfrute de los sentidos
Conocidos ya los secretos de la historia, recogida, elaboración, crianza y envejecimiento de nuestro vino de Rioja, queda por realizar la parte más importante: el disfrute de sus cualidades.
Una sensación inigualable adivinar los diferentes reflejos de sus colores al contacto de la luz en una copa esbelta, señorial. Unos reflejos que varían con la crianza, el productor, la edad, la variedad. Descubrir los cientos de aromas contenidos en su interior, sin probarlo, intentando adivinar cada brizna de roble, de frutas rojas, de aromas de canela, del paisaje que rodeaba a la viña productora de la uva. Probando su sabor, dejándolo explotar contra el paladar para descubrir mágicas sensaciones de sabores dispares que son a la vez uno y único, el sabor incomparable e inimitable de un vino de Rioja.Experimente, pruebe, disfrute y elija, en la Rioja podrá descubrir grandes vinos consagrados, bodegueros famosos por su calidad en el mundo entero, pequeñas bodegas con carácter propio que le harán conocer diferentes vertientes de un mismo producto: el vino de Rioja, un producto que en mano de cada bodega riojana cabra un carácter diferente. Un juego para los sentidos.
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