
 |

|
Durante el período literario neoclásico cabe destacar la mitología como uno de los recursos más sobresalientes tanto en la simbología del mito que contribuye a elevar el tono poético, como en la propia descripción de los sucesos clásicos. Durante todo el siglo XVIII es habitual encontrar poemas en los que el tema mitológico constituye el eje central del mismo; en el siglo XIX, sin embargo, esta tradición de culto literario al mundo grecolatino en general desaparece poco a poco. Espronceda, cabeza saliente del Romanticismo español, no permaneció ajeno a esta tendencia.
Una pequeña biografía
José de Espronceda nació el 25 de marzo de 1808 en Almendralejo (Badajoz). Vivió su niñez en Madrid y a los 17 años de edad fue condenado a cinco años de reclusión en el convento de San Francisco (Guadalajara), por pertenecer a la Sociedad Numantina, organización política y secreta que reprobaba la actuación de Fernando VII. Emigró a Portugal, Inglaterra y Francia, pero regresó a Madrid en 1833 aprovechando la amnistía decretada por la reina María Cristina. Se le desterró de Madrid por leer unos versos considerados subversivos. Cumplió su condena en Cuellar, donde escribió su novela histórica “Sancho Saldaña o el castellano de Cuellar”. A finales de 1833 vuelve a Madrid y vende su novela al editor Manuel Delgado. Comienza a publicar poemas y diversos artículos en la revista “El siglo”, de la que fue fundador junto a otros personajes ilustres de la época.
Su actividad literaria se intensificó entre 1835 y 1837 con la publicación de numerosos poemas en las principales revistas de la época. En 1838, en colaboración con Eugenio Moreno López, estrena su segunda obra dramática “Amor venga sus agravios”. Tanto en la primera obra dramática como en la segunda, Espronceda no tuvo mucha suerte y las críticas no fueron nada positivas. En 1840 publica su primer libro de poesías y el primer canto del Diablo Mundo; por aquel entonces Espronceda ya era considerado miembro destacado del Romanticismo Español. Tres meses después de ser elegido diputado por Almería en las Cortes, Esrponceda muere en Madrid a los 34 años de edad. Su obra dramática “Blanca de Borbón”, comenzada durante su residencia en Inglaterra, permaneció inédita hasta que su hija Blanca la editó en 1870.
|

|
En la obra de Espronceda el tema mitológico no es el núcleo temático en ningún poema. En todas las ocasiones en que aparecen personajes de la Mitología se reducen a meras ilusiones genéricas o superficiales al mito como elemento de ornato poético. Durante el Romanticismo se consideraba que el Cristianismo era fuente de mayor inspiración que la Mitología grecolatina, por lo que ésta sólo podía tener una presencia anecdótica en la literatura romántica en general. Además, los estudios de la época en los que se analizaba la Mitología desde un punto de vista más o menos científico tampoco contribuían a exaltar el significado objetivo de la Antigüedad Clásica. En los manuales españoles del siglo XIX sobre mitos se resaltaba la idea de la mentira y las falacias en la antigua religión griega en contraposición con la verdad absoluta del Cristianismo. En los planteamientos teóricos de los que parte Espronceda para desarrollar su creación estética hay que tener presente, sobre todo, su rechazo manifiesto a la tiranía de los modelos clásicos. En un artículo titulado “Poesía”, publicado en la revista “El siglo” en 1834, el autor expone sus teorías sobre la influencia de la Antigüedad clásica y la postura que el escritor romántico debe adoptar: |
 http://cvc.cervantes.es/obref/dvi/literatura/ssxviii-xix/poesia/poesia_01.htm |
El Siglo, núm. 2, 24 de enero de 1834, pp. 3-4.
· · Estamos seguros de que algunos de nuestros lectores, con cuyas opiniones literarias chocaron abiertamente las que como profesión de fe manifestamos en nuestro prospecto, al tropezar en las columnas de nuestro segundo número con un artículo de ... literatura, ¡Ya están aquí!, exclamarán: Ya están aquí esos románticos con su moderna escuela ..., oigámoslos desatinar. Si en vez del par de columnas que tenemos a nuestra disposición para esta materia pudiera llenar nuestra pluma páginas y páginas, trataríamos esta cuestión con el espacio y claridad que su interés exige: probaríamos que la moderna escuela es la suya, la nacida en el siglo XVII, la que prescribe la imitación de los antiguos, que no imitaron a nadie; la clásica, en fin, pues clásica hay que llamarla para podernos entender; deduciríamos de esto que la que nosotros profesamos es la antigua, la única, la naturaleza, sí, pero no con el manto, el casco y el politeísmo, sino con la modificación; más diremos, con la total mutación que la han hecho sufrir los nuevos usos, costumbres, ideas, sensaciones; en fin, el triunfo y establecimiento del Cristianismo; haríamos ver que, lejos de despreciar los modelos de la antigüedad, como se nos supone, en ellos fundamos nuestra doctrina, pero estudiando y entendiendo no con el sentido absoluto que los clásicos lo entienden, sino en otro relativo, racional y filosófico. Al ver a Homero cantar el sitio de Troya, a Virgilio la fundación de Roma, parécenos oírles decir a la posteridad: «Cantad como nosotros... Cantad vuestras Troyas, vuestras Romas, vuestros héroes y vuestros dioses. ¿Tan estéril ha sido vuestra naturaleza que para presentar ejemplos de valor y virtud tenéis que retroceder veinte siglos?». Al oír esto nuestra imaginación exaltada tiende en derredor la vista, y cantando al Cid, a Gonzalo, a Cortés y a los héroes de Zaragoza y tantas hazañas nuestras, con su fisonomía propia, no vestidas a la griega o a la romana, creemos seguir, más atinada y filosóficamente que los clásicos el verdadero espíritu de los modelos de la antigüedad. |

|
| El elemento mitológico más utilizado por Espronceda en su obra lírica es el nombre de los vientos. Su poesía se encuentra repleta de aquilones y céfiros, y, en menor medida, de bóreas y ábregos. |
 Boreas |
· · ¿Qué fueron ante ti? Del bosque umbrío Secas y leves hojas desprendidas, Que en círculo se mecen Y al furor de Aquilón desaparecen. (Himno al Sol)
Blanca, flotante nube, que en la umbría Noche, en alas del Céfiro se mece, Su airosa ropa desplegada al viento, Semeja en su callado movimiento. (El estudiante de Salamanca, Parte cuarta)
Ninfas y musas, sin personificar prácticamente nunca, suelen aparecer en las comparaciones o en las metáforas como símiles ocasionales para ilustrar distintas situaciones personales.
· · Y sílfidas y ondinas Por reina de los mares Con plácidos cantares A par te aclamarán. (El pescador)
A ti de las musas Alumno querido Mi dulce Villalta Mis versos te envío.
(A don José García de Villalta)
Es el amor que al mismo amor adora, El que creó las sílfidas y ondinas, La sacra ninfa que bordando mora Debajo de las aguas cristalinas. (El Diablo Mundo, «Canto a Teresa»)
Los dioses (Baco, Febo, Minerva, Hércules, ...) son presentados como prototipos, exaltando su valor simbólico y las cualidades que se les atribuyen, aunque a veces no se recurre a un mito concreto, sino que se reducen a una nominación general (divinidad, diosa, deidades de la hermosura).
· · Viendo aquel tagarote con espanto Que con salvaje júbilo le mira, Que le acaricia rudo, Hércules sin pudor, Sansón desnudo. (El Diablo Mundo, «Canto III»)
¡Ojalá pronto le abraces, Y le ciñas las coronas Que de laurel a los héroes Tejen Minerva y Belona. (A la señora de Torrijos)
Genios de amor, deidades de la hermosura, Don de la juventud, nuevas creaciones Que en el primer placer el alma pura Llueve desde su cielo de ilusiones. (El Diablo Mundo, «Canto IV»)
Los topónimos mitológicos (Olimpo, Averno, Tártaro) proporcionan el encuadre romántico más adecuado para ciertos pasajes de la obra de Espronceda.
· · De los disueltos miembros huye airada, Dando un gemido de mortal despecho, Aquel alma feroz, y vuela impía Del negro Averno a la región sombría (El Pelayo, «Batalla de Guadalete»)
Y luego entre nubes Listadas de cintas De nácar y fuego Le vi a las divinas Moradas alzarse Do un trono erigían Allá en el Olimpo. (A Anfriso) |

|
BIBLIOGRAFÍA
ALONSO-CORTÉS, Narciso: Espronceda. Ilustraciones biográficas y críticas, Valladolid, 1942.
CRISTÓBAL, Vicente: «La literatura clásica desde nuestra cultura contemporánea», en F. J. GÓMEZ ESPELOSÍN y J. GÓMEZ-PANTOJA (eds.): Pautas para una seducción, Alcalá de Henares, Universidad, 1990, pp. 225-239.
CRISTÓBAL, Vicente: «Los manuales mitográficos del siglo XIX en España», Comunicación presentada al IX Coloquio Internacional de Filología Griega, Madrid, UNED, 4-7 de marzo de 1998.
ESPRONCEDA, José de: Obras completas, Biblioteca de Autores Españoles, vol. 72, Madrid, Atlas, 1954 (Edición, prólogo y notas de Jorge Campos). Todas las referencias a los pasajes de la obra lírica de Espronceda proceden de esta edición.
ESPRONCEDA, José de: El Diablo Mundo. El estudiante de Salamanca, Madrid, Alianza, 1966.
GARCÍA GUAL, Carlos: Introducción a la mitología griega, Madrid, Alianza, 1992.
GARCÍA MERCADAL, José: Historia del Romanticismo en España, Barcelona, Labor, 1943.
GRIMAL, Pierre: Diccionario de la mitología griega y romana, Barcelona, Paidós, 1982.
HUMBERT, Juan: Mitología griega y romana, Barcelona, Gustavo Gili, 1988.
LÓPEZ FÉREZ, Juan Antonio (ed.): La épica griega y su influencia en la literatura española, Madrid, Ediciones Clásicas, 1994.
RICHEPIN, M. Juan: Nueva mitología griega y romana, 2 vols., Barcelona, Musa, 1990.
SANTANA HENRÍQUEZ, Germán: «Elementos míticos grecolatinos en el teatro costumbrista del siglo XIX», Comunicación presentada al IX Coloquio Internacional de Filología Griega, Madrid, UNED, 4-7 de marzo de 1998.
VELA, J.: «Drama histórico y mitos clásicos en algunos autores románticos del siglo XIX», Comunicación presentada al IX Coloquio Internacional de Filología Griega, Madrid, UNED, 4-7 de marzo de 1998.
VILLARRUBIA MEDINA, Antonio: «Los mitos clásicos en algunos poetas románticos (Gustavo Adolfo Bécquer y otros escritores)», Comunicación presentada al IX Coloquio Internacional de Filología Griega, Madrid, UNED, 4-7 de marzo de 1998.
http://sincronia.cucsh.udg.mx/espronceda.htm
|
|
 |
 |
|