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Geriatría
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mi primera experiencia

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Pie de foto
Mi primera experiencia

 

 

Quería hacer prácticas de geriatría, nuestra profesora nos indicaba que había centros de muchas maneras, que seleccionáramos.

Llegué y lo primero que vi eran todo alrededor de la gran habitación sillas de ruedas y sillones ocupados por personas mayores, algunas cabizbajas, cabezas moviéndose, gestos, palabras sin sentido y me invadió una profunda tristeza, pensando Dios donde me he metido, no era esto lo que me esperaba.

Han pasado los días, los problemas para poder acceder a la realización de las practicas ya han sido resueltos, seria tal vez que las cosas se ponían difíciles porque no debería haber acudido allí?. He conocido gente que ha trabajado en el centro, si la gente es maja el centro también.

Acudí el día acordado para comenzar, tras comer en casa, cojo el metro y durante media hora leo el libro que he seleccionado para que ocupe este tiempo del trayecto de ida, media hora bien aprovechada, si no ¿qué haces mirar a tu alrededor y sentirte sola rodeada de gente?.

A la llegada me acompañan a presentarme todo el recinto y explicarme la distribución de las dependencias. A mis ojos espaciado, comodidad en principio casi todo habitaciones individuales.

A las 2 horas de estar acompañando sin realizar ninguna función, al ser mi primer día de enseñanza, me llaman para comunicarme que no están todos los papeles en regla, con lo cual no puedo permanecer en el centro, no desean asumir ningún riesgo ni para ellos, ni para mí. Aunque yo si lo asuma, les indico mi deseo de permanecer igualmente pero sin actuar, y acceden. Por fin puedo acudir tras varios días de espera. Ahora si comienzan en verdad las practicas.

Como si no hubiera asistido anteriormente comienza la tarea, en principio reparto de ropa de los residentes, a cada uno su ropa, en su cajón la misma distribución para todos para poder agilizar las tareas y al mismo tiempo favorecer a aquellos que se valen por si mismos la localización de sus enseres, posteriormente cambios postulares, en que consisten: algunas personas están en una situación que no les es posible mantenerse erguidos, así que permanecen en sus camas dada su salud. Se han de movilizar cada dos o tres horas, si están boca arriba, se les coloca de lado, utilizando para que no se desequilibren almohadas tras la espalda y entre las rodillas y pies para evitar roces y posibles ulceras, ya que tienen la piel extremadamente delicada y el solo hecho de permanecer sin moverse, la presión que se ejerce produce heridas.

 

 

 

 

 

 

 

Estas notas están realizadas con mucho amor y respecto a todas y cada una de  las personas que salen aquí reflejadas.

 
Modesta, ignoro sus años, pues en estos momentos no es importante para mí la edad si no la situación en que se encuentra; toda una vida y ahora está aquí inmovilizada dependiendo absolutamente de las cuidadoras; vientre hinchado, no come, es alimentada por sonda, tiene los brazos deformados y retorcidos; cuando la movilizan me da la impresión que sus brazos van a quebrarse; los dedos de las manos están oprimidos, en algunas ocasiones le ponen algún objeto para evitar que se vayan cerrando cada vez más, pero optan por no ponérselo, pensando que tal vez este hecho haga que ella presione todavía más. Cuando a mis ojos, veo que no puede movilizar nada y sólo se oyen sus quejidos y su respiración fatigosa...  me pregunto: ¿por qué tiene que padecer este sufrimiento? ¿Por qué a esta vida venimos a sufrir?

Su familia acude a diario viendo cómo se consume poco a poco y hasta que Dios decida. ¡Tanta vida para esto!

 

Catalina, es un esqueleto viviente; permanece  en cama, se mueve sin cesar; sus ojos permanecen cerrados y resulta casi imposible realizarle el aseo y dejarla cómoda y limpia. Otro día he participado en su baño; se escurre con su movimiento; no he sido capaz de decirle ninguna palabra; sigo todavía impresionada por su aspecto; me parece imposible que esto que veo sea una persona.

Para comer has de sujetarle la cabeza, realiza unos movimientos muy bruscos y podrías hacerle daño al introducirle la jeringa en la boca, porque este es el único medio de alimentación. Se diría que está ajena a todo puesto que no abre los ojos.

Cuando entro en su habitación siempre se percibe un agradable olor a colonia, la llamo por su nombre y ella produce un movimiento, así que he de suponer que oye y por ello continúo haciéndolo.

 

Sofía: Es de navarra; está siempre al lado de su marido, Clemente, él en su silla de ruedas, ella con sus dos muletas, andando cabizbaja a pasitos lentos. Cuando él conduce su silla, ella se levanta y le sigue, muy seria - cuesta hacerla sonreír -. Su rostro refleja mucha tristeza.

Había que bañarla, pero ella se negaba; su marido estaba en cama y ella estaba preocupada.

-¿Es que no entendéis cuando una persona no se encuentra bien? ¡No quiero, no quiero bañarme!

Clemente ya no esta y Sofía parece ausente. ‘¿A donde tengo que ir?’,

 

María: Consiguió engañarme y que no le lavara el pelo el día de su baño, haciéndome creer que tenía hora en la peluquería.

Sus lentes parecen lupas, es diabética. Tiene la matriz fuera de su sitio y camina con andador.

-ven que te cuento un chiste. Dice.       -que es algo que se sube y se baja

le digo ‘la persiana’ y se echa a reir a carcajadas. Entonces explica sus dolores por la matriz cuando sale de su sitio.

 

Miguel; He dado de comer a un hombre en cama, todavía no entiendo bien el funcionamiento de quien está en cama siempre y el porqué son acostados tan pronto, algunas veces.

A veces esta en silla, a veces en la cama, sus piernas están plegadas, no puede permanecer erguido en el asiento.

Nuestra profesora nos dijo: - Aprovechad; vosotros no estáis trabajando; estad con ellos... y eso es lo que hago, estar con ellos, pero con cada uno se me parte el alma.
El día anterior con una jeringa grande le dieron de comer -a mis ojos embuchar-. Este hecho se explica pues es poco el tiempo en que han de alimentar a tantas personas; al día siguiente le di de cenar, esperando no tener que usar la jeringa, subiendo la cama para que pudiera comer y tragar cómodamente y posicionándome en el lado hacia donde su cara se encuentra; no articula palabra; mira hacia ningún sitio y no me mira; le explico que le voy a dar la cena, primero un puré de verdura, luego puré de fruta y por último gelatina que sustituye al agua. Le voy preguntando si está bueno, si quema... Alguna vez gira sus ojos, pero yo diría que no me mira, da la impresión que evita la mirada, no lo sé. De repente sale una lágrima de sus ojos, y yo me preguntaba la razón: ¿es sufrimiento?, ¿es inconsciente?

Quise volver al día siguiente a darle la comida; después  pregunté cual es su estado: lo mismo, demencia.

-¿Porqué llora? -¿Puede que sufra?

-No se sabe.- ¡Dios mío!

-¿Y si está sufriendo y no puede expresarse?

-¿Y si le estoy tratando como un niño y quiere otro trato? 

Esperé para mi interior no tener que usar la jeringa, deseaba conectar con él; si yo pudiera hacer algo...

Para enfriar la sopa que quemaba mucho tuve que echar la gelatina en ella, y guardé un poco para el final; lo comió todo poco a poco, sin prisa; yo no tengo prisa y él tampoco; le estuve diciendo su nombre, mi nombre, el día de la semana, el año, el mes. Algunas palabras salieron de su boca, ignoro qué quería decir, si eran o no coherentes... ¿Me entendió?

 

Felicia, - galleguiña le digo -, tiene toda su cara cuarteada, dice palabras en gallego; después de tres días intuyo por ella que es de Lugo pues es la única provincia que ha mencionado; come muy poco; cuando algo no le gusta dice: -Está malo-, y con sus manos, que parecen partirse, no deja le des nada más.

A días está ausente, y entonces sí come; cuando la vienen a visitar cambia de actitud, parece entonces situarse en la realidad y reacciona con rabia y enfado y es entonces cuando rechaza toda la alimentación, todo trato, te aparta, y, si coge la toalla utilizada para evitar que se manche, te sacude con ella.

 

Carmen, independiente. Es compañera de habitación de Cándida a la que protege y cuida; al llegar la noche intenta que le dejemos dos almohadas a Cándida, con la intención de evitar que ronque.

 

Cándida, no puede manejarse bien con sus manos, permanece en silla de ruedas, su compañera de mesa y habitación  la ayuda; su dentadura le baila al masticar, ante esta dificultad, escupe la comida.

Tiene una bocecita apenas perceptible.

 

Carmen, tiene unos ojos por los que intenta expresarse, sus pupilas son minúsculas; te escucha y alguna vez se encoge de hombros como dando a entender que no te entiende; come todo lo que le des y aún le sabe a poco; ella fue la primera persona encamada a quien di de comer; tal vez ese día no estaba preparada, le hablaba, preguntaba, ignorando si algo le es percibido y, en intento de tener mayor acercamiento a todos, les cojo las manos dándoles de comer; cuando acabé permanecí un rato con ella y sentí en esos momentos como si la persona que estaba en cama sintiera realmente la situación que vive y que estás allí viéndola en esta absurda e incomprensible situación.

Por ello salí y rompí a llorar. Ahora día tras día me preguntan las compañeras: ¿cómo estas?, ¿qué te pasó?, ¿qué sentiste para estar así?

Algunas asumen que es ley de vida, otras han vivido situaciones cercanas de familiares. Yo no lo asumo, hemos de morir, sí; cada día estamos más cerca, pero así no es justo.

 

Victoria, preciosa mujer, a quien su marido viene diariamente, por dos veces, a estar con ella; si te mira, te sonríe; camina a pasitos minúsculos,  has de indicarle derecha izquierda; tiene un miedo exagerado a moverse; el segundo día de mi relación con ella, al hacerle una simple pregunta, me miró se echó a reir y me besó; de nuevo se me hizo un nudo en la garganta, y volví a pensar: - no podré seguir-; repite algunas palabras y articula, sisisisi, de la misma forma que camina.

 

Pura, no puedo entenderme con ella, he de prestarle más atención cuando me habla; tiene sus manos deformadas y no todos los dedos; permanece en silla de ruedas, pero se maneja muy bien para moverse en la silla de un lugar a otro, aunque tiene ya un sitio escogido en la sala. Es muy calurosa, su habitacion permanece siempre con la puerta y la ventana abierta de par en par. Te llama sin cesar, le entiendes ‘dame agua’ ‘dame agua’ en orden imperativo y tan apresurado que has de decirle: -Pura, más despacio que no entiendo.

Dice unas frases muy extrañas; parece decir ‘me van a matar, me vas a matar, o te voy a matar. Cuando lo comento con la compañera, me dice que no admite encontrarse allí, y dice que se va a matar.

He ido de visita y he visto a Pura más alegre; como siempre pide agua; ha hablado mucho mas claro, y la he oído decir con una sonrisa ‘rezo a Dios por vosotras’;  me ha emocionado, me ha hecho acercarme y me ha dado un beso; me derrotan.

 

Inocencia, en su silla de ruedas continuamente habla sin cesar diciendo cosas de su vida, del campo, del ganado, sin ver la realidad y tomándote como si fueras su familia, dándote todo lo que tiene; simplemente has de hablar con ella, aunque no te entiende nada, a su modo parece contenta .

Por la noche la encuentras sentada en la cama, en ademán de lavar su ropa, en un restriegue sin fin de toda la lencería desmontada.

 

Enrique, dicen que era muy deportista y ahora esta en la silla de ruedas; no habla, come muy bien, pero también se come todo lo que encuentra de cualquier material; vinieron a verle su familia y le vi sonreir de contento; el resto del tiempo permanece impasible e intentando coger cualquier cosa que esté cercana.

 

Juana, tiene una expresión de tristeza que me impresionó la primera vez que la vi; tiene sobrepeso, y mucho miedo a caminar; también se niega a hacer gimnasia; estuve presente el día que la regañaron por esperar a que la acostaran, cuando ella debe intentar por todos los medios hacer los máximo posible, levantarse de la silla de ruedas pegadita a su cama y lentamente girar para, con la ayuda de la cuidadora, ponerse en la cama; Ella dijo: -‘no tengo fuerzas ni para llorar’. Otro día le dije: -¿que no quieres caminar?, y me miró y sin decir, lo dijo todo. Perdona, le dije que ya sé que quieres. Perdió marido e hijos.

Hoy he ayudado a bañarla y después la he peinado y secado el pelo; me ha dicho: -¡basta de tantas preguntas no tengo ganas de hablar! Le digo: -¿que te molesta?, y dice:  -eres muy charlatana. -Bien-,  le digo,  -ya no volveré a decirte nada-; así que cuando salimos y está esperando en la silla para que la lleve, comienza: -¡qué bien se está después del baño!, y le digo: -¿no decías que no querías hablar?; bajamos en ascensor y comienza a cantar; me ha dicho una compañera que nunca la había oído cantar.

No quiere moverse y se niega a hacer gimnasia por las mañanas; cada vez es más difícil ayudarla a moverse; ha de ser más independiente, pero parece como si sus pies permanecieran clavados en el suelo y esperara a que se movieran solos, cuando su cuerpo se intenta girar.

El baño es más difícil cada día, ‘me caigo, me caigo’, dice,  y no puedes contenerla; cierra los ojos mientras la peino con el secador, y le digo cierra y después los abres, verás la sorpresa de peluquería que ves; abre ahora, los abre y se mira y le digo y ahora sonríe, y sonríe, y esto hazlo cada mañana y se ríe más, ‘qué chica’, dice.

La dejo esperando para bajarla mientras recojo lo utilizado y limpio el baño, y una residente la baja hacia el comedor; cuando bajo me llaman ‘señorita, señorita’, y la veo sin la silla de ruedas, de pie intentando girarse con los pies inmóviles; intento ayudarla, imposible, ‘que me caigo, que me caigo’ y se cayó, ‘enfermera’, llamamos, se levanta una residente; es imposible levantar ese peso; solo quiero que sus piernas no queden oprimidas con su peso; pico al cristal y vienen a ayudar; ya sé que sola no debo, pero no puedes quedarte inmóvil; llega la noche, sucede lo mismo en el lavabo, ‘me caigo, me caigo’, a la hora de acostar; ya no podremos pretender que ella participe como hasta ahora; con una cuidadora no será suficiente para manejarla.

Ha tenido fiebre y tiene úlceras de permanecer tanto sentada, la última vez que la vi, estaba deseosa de poder levantarse.

 

Manuela, 92 años totalmente independiente. Por fin ha conseguido lo que quería: una habitación independiente para ella; tal como es ella. Conchita ha ocupado su lugar en la habitación con Juana, quien no está conforme; tal vez por ello Juana comentaba ‘tengo que alquilar la habitación, pero ha de ser de confianza’.

 

Jacinta, llama sin cesar: -‘pq,pq,pq’, -¿qué dice?, no sé;

La cojo las manos, le pongo las gafas para que vea bien -siempre las llevan en la punta de la nariz-, le digo que se ponga el anillo para que lo vea bien, me mira todo lo que le hago; de vez en cuando se encoge de hombros, por no entenderme y me sonríe o te coge las manos y te las besa; ¡hasta hicimos palmas!

El otro día se rió a carcajadas cuando otro residente pasó por mi lado, me dio una palmada y se pusieron a reir.

No habría la boca para comer, pero si tenia hambre, -‘¿quieres comer?, abre la boca’. Mediante la imitación de los gestos conseguimos que la abriera.

 

Encarna, no entiende nada pero sí te coge las manos y parece que te siente y se ríe contigo.

Sacude de sus piernas algo invisible a nuestros ojos, la vista perdida en el vacío, y un hablar sin cesar y sin sentido.

 

Ana, ‘sí hijita camarada’, eso son buenas palabras; le das conversación que no entiende en absoluto, se asombra de todo lo que le dices y si no le viene de gusto, comienza en insultos sin fin. Para evitar que se disguste intento buscar alguna palabra que le llame la atención para distraerla. O puedes encontrarte con una bofetada o un mordisco.

 

María, carita dulce de abuelita de cuento, con las gafas en la punta de su nariz; había sido una gran costurera y maestra; le dices palabras cariñosas y acerca su mano a tu cara y te acaricia sonriendo, te besa la mano, y asiente a lo que le preguntas con un asentimiento de su cabeza. Un día comunicándome con otro residente en mejor estado, hablaba de Santiago de Compostela. Y mientras tenía en mis manos las manos de María, le oía bajito que susurraba algo, me acerqué y le oí decir: -‘mis padres nos llevaron a Santiago’.

Un día al acostarla y cambiarla, no cesaba de intentar taparse con el camisón.

Le encanta cantar canciones, ruiseñor, la font del gat, la pastoreta.

¿Te gustan los pajaritos?, le pregunto; responde, ‘sí’.

¿Y los perritos?,  responde, ‘no’.

Saca su mano e intenta tocarte la cara. He pasado a visitarla, no me gusta verla así, ahora esta mas tiempo en cama, no come cuando esta levantada, creo que cada vez tiene menos ganas de todo; no me sigue ya con las canciones.

 

Dolores:  Saca la dentadura; no sabe situar donde la tiene; no entiende que ha de sacarla y ponerla en la cajita. Camina desorientada, ¿Hoy duermo aquí?, avisaré donde estoy; no saben donde estoy; han muerto todos; fíjate, he de irme, me han llamado y me han dicho que han muerto todos, ahora vendrán a buscarme, y llora, llora.

 

Pepita: se sienta al borde de la silla como si no pudiera doblar su cuerpo tirada hacia atrás.vamos a bañar’; ‘no hoy no, no me toca, no hay derecho tengo que hacer mis cosas’,  ¿y qué cosas son?, yo lo sé, y piensas cual serán sus planes, entre estas paredes día a día lo mismo. Ese día lo tenía dedicado a la tertulia con las compañeras residentes y más porque venía visita para otra residente.

Subimos y comenzamos, del armario al cajón, cogemos esto, el jabón, todo, no este no, este, este esta aquí, para que no me lo quiten, bañamos pero no hay derecho me dice ,estaba llorando porque la habían bañado y ella tenía sus planes; le explico que al día siguiente son pocas y hay reunión y hoy estoy yo, una más.

Escogemos un jersey amarillo sin estrenar, que no le gusta, para compensarla le pongo un pañuelo al cuello; al bajar le dicen que esta muy guapa, se ha puesto más contenta, a pesar de no gustarle el amarillo, ahora se lo pone más a menudo.

‘No hay derecho nos tratan como crios’ dice, cuando su deseo es bajar al salón y estar mas rato por  ser un día festivo y suenan los cohetes en la calle.

 

Francisca, camina desorientada. ¿Cuál es su habitación? El primero, ¿no es el tercero? a bien, siguiendo sus instrucciones la dejé en el primero; cuando la vieron los otros residentes fuera de su planta la decían ‘vete de aquí, este no es tu sitio,’ ‘coge cosas’, ¿pero tú la has visto?, ‘no’, pues entonces ¿por qué lo dices?

Su camiseta asoma bajo su vestido, porque sus vestidos son camiseros con amplios escotes y no hay fabricantes que se preocupen por la comodidad ni estética de los mayores.

 

María, permanece en silla de ruedas, tiene el brazo derecho deformado y su muñeca girada hacia dentro, dicen que tienes que vigilarla; si se enfada tiene una fuerza asombrosa en esa mano inutilizada; más de unas gafas han salido volando. Su boca también está deformada; he de intentar darle un día de comer, cuesta mucho porque se ha de introducir la cuchara desde la nariz hacia abajo. Si la miro me mira y me sonríe; en principio la miro con cierto distanciamiento, pero veo que si sonríe es que necesita; me acerco la saludo, veo que intenta decir algo; imposible no puede decir nada y se pone nerviosa, entonces la dejo; tendré tiempo de ir aprendiendo de ella.

 

Juanita, deambula sin cesar de un lado a otro; ‘estoy muy sola’ y un sinfín de frases de auténtica tristeza salen de sus labios; ‘no sé dónde esta el lavabo’ y hace un minuto que ha ido; ven Juanita conmigo, vamos a pasear; se cuelga de mi brazo y caminamos de un lado a otro de la sala; le intento explicar que los demás requieren mayores atenciones para todo y ella tiene mejor suerte puesto que camina, habla y come sola; eso parece le tranquiliza, pero insiste: -¿vendrás? No me dejes.

- para que perdéis el tiempo con muñecos que no entienden. Refiriéndose al resto de residentes que permanecen ajenos a todo y que solo el mimo y cuidado de las cuidadoras hace reaccionar.

¿Habéis visto a Juanita?, y Juanita está en el patio, en el suelo, sangrando, movimiento de personal, y ese día solo tres compañeras y una enfermera, toallas, ambulancia.

Ahora está bien, pero sentada en silla con puntos en la boca y la mano derecha enyesada, ¿cuándo me quitan esto?

Me siento con ella, ‘estate conmigo, estoy sola’.

-Vamos a recordar Juanita, ¿cuantos hermanos tienes?

-No sé, un hermano, no medio hermano

-¿Alguno mas?,

-No sé no recuerdo, No sé no puedo recordar,

-Si vieras fotos...

-Sí, pero las distancias, no se es difícil recordar si no has vivido con ellos.

-¿Que hacías, tocabas música, cosías?

-No sé, no me acuerdo.

Una compañera le dice, ‘si Juanita, tu padre se casó y te llevo con tus tíos que no tenían hijos, y te mimaron mucho, tocabas y cosías, ‘

-A sí, sí, es muy difícil recordar, sí recuerdo cosas pero no puedo recordar, te acuerdas, sí, pero no puedes explicar.

 

Carmen, te besa sin cesar, no te entiende, da vueltas sin parar a todo el exterior del recinto tocando toda la pared, se abrocha los botones; si quieres que permanezca quieta ha de estar atada a la silla y vigilada, porque consigue deshacer los nudos. Le colocas una revista delante y pasa sin cesar las hojas.

 

Pascual, sastre, cada noche se le recogen las tijeras que utiliza pasando todo su día cosiendo sin cesar todas sus ropas, toallas, toda tela que viene a sus manos.

Su habitación es un sinfín de telas cortadas, cosidas, papeles, notas sobre costura, toallas, calzoncillos, sábanas, todo es apropiado para coser.

Vive en su mundo, en su habitación; pasa las horas y no se preocupa si ha de comer.

 

Blas, El brazo y pierna izquierdos están inmovilizados, parece tener mal genio, le pregunté, quiere charlar, y dijo ¿‘te gusta la poesía?’, ese ha sido el inicio de posiblemente una mejor relación; ha recitado poesías y relatado anécdota de su trato con García Lorca; ignoro si tiene libros para leer y si puede escribir.

Se ofreció a enseñarme un obsequio que le concedieron en su ayuntamiento por hacer una poesía, y al llegar la noche, estoy segura llamó al timbre con otra excusa para poder enseñarme dicha placa.

Es de los últimos en acostarse; espera a que venga el personal de noche.

Agradece con una sonrisa el simple hecho de que le expliques lo que has de hacer en la habitación, poner el aparato, o las pastillas antimosquitos. Al despedirnos siempre dice hasta mañana. Cambia su cara si le dices, no, mañana no vengo, conseguimos que recupere el ánimo si le comunicamos el próximo día de trabajo.

El día de la fiesta que se realizó en el centro; me presentó orgulloso a su hija, irradiaba felicidad.

Me ha dictado y dedicado sus poesías, que él dice las mantiene en su memoria y por ello no considera necesario le haga una copia a máquina, aunque no descarta, repartirla a otras personas, ‘enséñalas a las compañeras’.

Una compañera comentaba, ‘se podrían guardar ahora que su memoria está bien’.

Se hace el antipático, creo es una máscara; el se siente lúcido e impotente y ante cualquier comentario te dice, ¿‘te gustaría que te hubieran dado tantas a embolias, etc..?, mejor es morirse’.

He pasado por el centro después de tres semanas de acabar las prácticas y he visto vacío su sitio en el comedor, juraría haberlo visto en su silla de ruedas, mientras se repartían los cubiertos, y al preguntar ¿y Blas, donde está?, me han comunicado que ha fallecido.

 

Avelina, chiquitita cariñosa, solo precisa ser asistida en el pañal de la noche; aun ignorando sus años sus piernas parecen más fuertes y de músculos más prietos que las mías; le encanta le pongan el pañal muy prieto, cuando por fin aprendes te gasta bromas de que no podrá respirar y es feliz.

Está encantada que haya aprendido a poner el pañal a su gusto, y pregunta ‘¿qué, vendrás esta noche?.

Bambolea su cabeza; una compañera nueva también le ha puesto el pañal muy bien, pero añade con diplomacia ‘pero no como tú’; me despedí de ella aun no siendo mi intención, me dicen que es muy sensible.

 

Vicenta, Se maneja bastante bien en su silla de ruedas, puedes dejarla sentada en el wc y atender a otra persona, entonces te dice ¡no me tardes mucho!

¡calla hija, calla!, para indicarte ves mas despacio.

El respaldo de su cama a de elevarse mucho para respetar la curvatura de su columna.

 

Froi, Te recuerda continuamente desde qué año se encuentra allí; ‘hace ya 10 años...’ . Se maneja perfectamente sola y desea seguir haciéndolo mientras pueda, en su silla de ruedas y con su venda que cubre la rodilla operada del menisco.

-¡cuando no pueda, no quisiera dar mas trabajo del que ya tenéis!, mejor morirse.

 

Gabi: Independiente y gruñona.  Siempre sentada junto a la puerta, atenta a que suene el teléfono del centro esperando la llamada diaria de su hija. Por fin le han comprado un teléfono móvil ahora ya puede moverse libremente con su bastón. Se ha caído al suelo cuando en su habitación iba a hacer sus necesidades; la enviaron al hospital; se encuentra en la cama con dolores. De encontrarse independiente a tener que depender, no quiere.

Pasé a despedirme, aprovechando tener que aclararle la circunstancia de por qué no le podía llevar una botella de agua a la habitación, pero que tendría agua, porque se le llevaría.

Me demuestra, como con el bastón ella puede encender y apagar el ventilador, pero no ha podido encenderlo, no tiene fuerzas en estos momentos.

Explica a todos, los pormenores después de su caída, la espera para volver a la residencia en ambulancia y ahora se encuentra con que si coge la cuña para orinar, y se mojará porque no puede.

-Tiene que entender que ahora en estos momentos está así y depende de las cuidadoras,.

-         ¡mira como estoy ahora!

-          hoy así, no ahora, mañana estará mejor

-          ¡sí, si ayer estaba peor que hoy!, ¡perdona si soy muy gruñona!

-          ya la conocemos Gabriela, tranquila, ‘perro ladrador poco mordedor!,

-         ¡gracias! contesta.

Ahora esta en silla de ruedas, su aspecto ha cambiado, esta mas demacrada.

 

Hermes, Comenzó a contarme su vida: cuidada por su abuela porque su padre se casó varias veces y no la quería, y su abuela que vió algo extraño en ella -es sordomuda- luchó porque aprendiera .

- me ponía delante de un espejo y me enseñó a hablar y leer perfectamente de los labios.

Tal vez otro día podamos reanudar esa narración, que quedó interrumpida para volver al trabajo.

Se encarga con mimo de los pites que estén a punto, preocupada no desaparezcan.

 

Gregorio, le falta la pierna derecha, a veces habla coherente; en la mayoría de veces no es así; colabora según le venga de gusto.

Ayuda a acostarse, utilizo el método que me han enseñando, el lado más adecuado y lo informo por si quieren tenerlo en cuenta a las que están ahora, sustituyendo vacaciones. También advertir que con la pierna que tiene bien, puede darte con su fuerza una patada, pues no soporta las cosquillas, y eso no se ha de interpretar como agresivo, si no como peculiaridad ‘no dejes que te toque’, me dice una compañera;- ya vigilo. Solo apoya su mano en mi cadera, es una forma de que no caiga en el giro; aun así, si hace ademán de palmadita, le indico con la mano cuidado y se da por enterado.

‘No puedo con él’, me dice una compañera, no me deja acostarle, ¿quieres ir tu?; me asusta la idea un momento, no he ido nunca sola, vamos allá; le voy indicando paso a paso lo que vamos a hacer y colabora, por suerte, así que averiguo que tiene cosquillas y perfecto, con el corazón palpito del susto, acostado lo dejo, permanece con los brazos enganchados en el triángulo de soporte y le digo ‘Gregorio, descansa, ¿que va a hacer, mas gimnasia?; al despedir le acerco la mano para ponerla encima de su brazo y él levanta su mano y asustada hago lo mismo y me hace una palmada de camarada.

 

Pera, Está enfadado con todos los gobiernos, los tacha de ladrones que le han robado el dinero; le cambiaron la medicación y tose estrepitosamente; es fumador, al que tienen que controlar todos los cigarrillos. Encontrándome sola en la planta a la espera que llegara el carro de cenas, comenzó a toser, se puso rojo, se ahogaba, hice claping , y desabroche deprisa la camisa, casi imposible, se había hecho el nudo de la corbata tan prieto casi estrangulado.

Se levanta débil y se marea; se ha caído un par de veces , lo han dejado en silla de ruedas, su cara está diferente, blanca, sin ánimo.

Esto ha durado solo un par de días ya vuelve a estar de pie con su genio.

Se niega a cenar si ve que come diferente, hay que utilizar tretas, tazón por plato, ¿quiere otro yogur?, no debe comer nada que le pueda hacer atragantarse unos cuantos días.

Llega la hora de acostarse, pero él no quiere desatarse los cordones; se enfada, aunque le digas que se puede pisar y caer; te insulta, escupe, y aparto la cara o me hubiera llevado un manotazo, no permite entonces que le acueste yo, me echa; ha de ir otra compañera.

 

Blanca, le falta la pierna izquierda; ella explica que por una impresión se le corto la circulación; va en silla de ruedas, pero se maneja muy bien; duerme sin camisón; menciona boca bajera, y señores del ayuntamiento con bastón, al referirse a los órganos sexuales; cada noche al acostarla quiere que le des un fuerte beso y te estruja.

Está irritada en las ingles, se enfada, -¡aquí ya pueden decir que vengan que no vienen!. Está molesta porque le escuece y quiera estar bien, sin entender que los problemas de piel son lentos de recuperar; aun enfadada le doy un beso para que se tranquilice.

 

Dolores, permanece en silla de ruedas, no he conseguido hable conmigo, pero sí la he visto hablar con las cuidadores; no he conectado todavía; me indica siempre que no me oye, pero me sitúo delante y le explico para que me vea; tiene ya cien años. Da la impresión que cierra los ojos y así te ignora: -‘ no puedo abrir los ojos’ ‘ no oigo’.

 

Lola, sentada en su silla de ruedas, dirías que no te ve, pero esta atenta a los movimientos. te dice que es buena. Lo da todo a los pobres, y te quiere y en ocasiones te llama puta y te insulta.

A la hora de la cena, será por los rayos del sol que casi le dan en su rostro, se altera su persona, y su actitud es, no es buena, no quiere comer todo, y te insulta, pero llega la hora de acostar y como niña pequeña todo su cuerpo contrasta con la inocencia de sus palabras.

 

Conchita, no ve; sentada en su silla de ruedas habla continuamente pensando estás con ella; pierde la noción de dónde esta, y recuerda su pasado y se lamenta de porque está allí. Si buscas conversar de algo que ha vivido se recrea porque tiene memoria de su pasado.

A días está mejor, o está callada o habla incesantemente; al no ver cree que cualquier cosa que se dice va dirigida a ella. Cuando viene su hija come muy bien, si no, se niega a comer, -‘no ves que estoy ciega’ ‘no puedo comer, ¿para qué estas tu?’

Sufre el momento de ponerle el cinturón, cosa necesaria para evitarles daño, siempre considera excesiva la posición de cierre del cinturón.

 

Ángela, Al segundo día de estar con ellos, me dejó el brazo marcado; me mantengo a distancia de su silla de ruedas, creo que lo nota.

Si quieres conseguir que haga bien las cosas has de pasar por alto sus negativas.

Sonríe como niña maliciosa, dice ‘ya he acabado guapa’, le digo ‘gracias por el piropo’, y se ríe, ‘ dame dos servilletas, dame el pitet’. ‘Déjala’ dice otra residente, ‘no la hagas caso’, pero le doy dos, ‘ esto no se aguanta’, dice refiriéndose a la servilleta que ella intenta mantener para que cuando venga la comida no le manche, ‘espere que venga el plato’, ‘no me convence, ‘espera y verás’, ‘te lo comerás tu’, de acuerdo me lo comeré’. Y se ríe.

Seguimos esperando el carro de la cena, ‘nena, mira esto...’, ‘¿que pasa Ángela, que quieres que este aquí siempre?’, da un puñetazo en la mesa, -yo también lo sé hacer y pongo un puño sobre otro, alternadamente, y entonces pone sus puños sobre los míos jugando.

Coge las servilletas para que no le falten y se las esconde; si se enfada te agarra fuerte haciendo daño, hay que utilizar la táctica de esperar que te suelte.

En mi día de visita, me dice -llévame donde tu quieras; le digo ‘me gusta mucho verte tan contenta y con esa cara tan alegre’, me ha cogido y me ha besado

 

Celia, me angustia; padece problemas respiratorios; cualquier alimentación que se le suministra le produce tos; le han cambiado de alimentación, pero este nuevo producto es excesivamente dulzón, y le continúa haciendo toser. Le cuesta sonreír; a cualquier movimiento que realizas hace sobresaltos; es como cuando un niño se asusta pensando que le vas a hacer daño, de inmediato te sale decirle, ‘¿Celia, qué te pasa?, que no te voy a hacer daño’. Ha estado mal; hubo de estar con suero , pero ha vuelto a recuperarse.

 

María, independiente para caminar, comer. No oye, se enfadan con ella otros residentes, te explica como si le entendieras lo que te dice.

 

Maria D, siempre esta al acecho, escuchando. Si se enfada arremete verbalmente con todos, -milagritos, vete a hacer milagros.

 

Ascensión, independiente, al tanto siempre de su marido Miguel

 

Teresa,  morena, independiente, mal genio, se enfada si le entran a la habitación,  en época calurosa duerme sin ropa, cuando llamas a su puerta se tapa apresuradamente.

 

Pepita, en silla de ruedas, habla sin cesar, con algún muñeco entre sus brazos

 

Catalina,  independiente, muy seria, su habitación esta repleta de libros.

 

Valentín, independiente, se enfada si le alteran en su cuarto el reposo, disfruta arreglando el jardín.

 

Carmen, en silla de ruedas, muy seria,  se incorpora con sus brazos para que le cambien el pañal en la silla, utiliza la grúa porque la pierna izquierda esta rígida y el pie deformado y no puede flexionar la rodilla.

 

Amparo, camina con andador, independiente, ‘dame mas chocolate, que me has dado poco’, insiste ‘dame mas, anda dame mas’, como niño caprichoso y goloso, ‘que me has dado poquito’.

 

Rosalia, grande independiente, en el ojo izquierdo zona del lagrimal, tiene una roseta tan grande como una nuez, que a veces supura.

 

Magdalena, independiente, se agota fácilmente tiene el corazón delicado.

 

Piedad, en silla de ruedas, sus manos no tienen todos los dedos, no sabes si es que besa o que quiere emitir algún sonido.

 

Higinio, no controla sus necesidades, parece ir como despistado, dejándose llevar de un sitio a otro.

 

Emilio, camina independiente, siempre al margen de todo, ‘quiero comer’, ‘cámbiame el pañal’. Siempre abrigado en exceso a pesar del verano con su americana de invierno.

 

Vicenta, morena independiente mal genio, se desespera por no haber encontrado el jersey después de su lavado.

 

Encarna, en silla de ruedas, bastante independiente, se sienta en la cama acompañada ligeramente, solo se le pone un pañal pequeño.

 

Dolores, independiente con gafas.

 

Francisca, en silla de ruedas, te repite las frases que le dices.

 

 

 

 

 

 

han pasado los días, se va haciendo más llevadero porque puedo dedicarles tiempo, pero... ¿a quien beneficio?; cuando se acaben las prácticas ellos seguirán su vida y el tiempo más limitado de las cuidadores; ¿no les habré perjudicado por ello?; ya me reconocen aunque no sepan mi nombre, al tono de mi voz reaccionan, pero yo sigo...  sin saber qué puedo hacer por ellos.

 

 

De momento ignoro la situación mental y de enfermedad de cada persona; sólo después de haber tenido alguna relación con cada uno pregunto sobre su estado real. Creo que están bien ..  he tenido con ellos palabras, a veces coherentes.

 


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