PI
Hace mucho tiempo, cuando era mas joven y casi todo lo que leía me llenaba de sorpresa y maravilla, me impresiono hondamente uno de los mejores relatos de Borges que han pasado por mis manos: La escritura de Dios. En el mismo, un sacerdote maya descifraba un mensaje de su dios capaz de proporcionarle un poder absoluto sobre la creación... una frase, de apenas dieciséis palabras, escondida entre las manchas de la piel de un jaguar. Pi parte exactamente de la misma premisa. Maximilian Cohen, un matemático genial pero solitario y lleno de problemas, lleva años investigando los avatares del mercado financiero, con vistas a verificar la existencia de una pauta que permita predecir su comportamiento. En un momento dado, descubre la existencia de una inquietante secuencia de 216 dígitos... una secuencia que también esta presente en el numero Pi, entre las palabras del texto sagrado de los judíos, la Torá y en otros muchos elementos de la naturaleza...
A partir de este punto, el director, Darren Aronofsky, va construyendo una inquietante trama en torno a la desquiciada mente del protagonista, arruinada por unas jaquecas cada vez mas frecuentes, que acaba por cristalizar en una magnifica película. Pi tiene una estructura sumamente compleja, llena de detalles y de recovecos. Para empezar, ofrece un gran numero de referencias a cualquier aficionado al genero. Aparte del cuento de Borges ya mencionado, determinados momentos de la acción no pueden dejar de recordarle al buen aficionado relatos como Los nueve mil millones de nombres de Dios, de Arthur C. Clarke o Pulse Enter, de John Varley. Además, en su desarrollo es fácil descubrir la forma de la espiral que aparece como un icono obsesivo a lo largo de toda la historia, una espiral que arranca de las obsesiones de los pitagóricos por explicar el universo a base de números, pasa por las elucubraciones numerológicas de la cábala judía, y va cerrándose en un abrazo cada vez mas estrecho y asfixiante en torno a la esencia ultima de la realidad. En este sentido, es la clásica película que se paladea mejor a la salida del cine, comentando y disfrutando con unos amigos los innumerables detalles argumentales que salpican la acción.
Visualmente, la película constituye un autentico tour de force. Rodada en blanco y negro, este soporte potencia y desarrolla las características de la trama. Algunas escenas resultan francamente memorables, como las del paroxismo de las jaquecas o la de la visita a la casa de su antiguo maestro, en un plano con un contraste absoluto que refleja perfectamente el estado mental del protagonista. La música esta perfectamente integrada con la imagen, creando un ambiente perfecto para esta historia construida en torno a un numero cuyo conocimiento puede llegar a matar y cuenta con momentos especialmente conseguidos, como los efectos sonoros asociados a las jaquecas del protagonista. Toda la banda sonora contribuye a hundir mas y mas al espectador dentro del espacio obsesivo y alucinado de la obra.
Por supuesto, no todo es perfecto. El mayor fallo de Pi, a mi juicio, es sin duda esos dos últimos minutos de la película, en los que un final duro y despiadado, perfectamente acorde con el tono general de la obra, se ve transmutado de repente en algo mucho mas edulcorado... aunque curiosamente, sumamente consistente con el relato de Borges. Así mismo, la utilización de cámaras de visión subjetiva desde el punto de vista del protagonista acaba por convertirse en un arma de doble filo, pues si bien da lugar a escenas memorables, como la de la persecución, en otras ocasiones lo único que consigue es provocar un profundo dolor de cabeza al espectador... aunque al final uno se queda con la duda de si era precisamente eso lo que pretendía el director.
Como resumen, una gran película, compleja, densa, con multitud de matices, que invita a pensar al espectador incluso después de haber abandonado la sala. Una banda sonora impresionante y una fotografía en blanco y negro que combina momentos magníficos (la capacidad expresiva de este soporte exalta en muchísimas ocasiones la acción) con otros de talante muy experimental (que en ocasiones rayan con lo demasiado experimental). En cualquier caso, una obra absolutamente recomendable.