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El amor y su "Uso" a traves del tiempo

Libro: Usos amorosos de la Postguerra Española (Clica la imagen para descargártelo).
Libro: Usos amorosos del Siglo XVII (Tesis) (Clica la imagen para descargártelo).
Sexo. Usos amorosos.

 

 

 

 

El amor a través del tiempo.

 

 

 

El amor no ha sido siempre como generalmente hoy lo conocemos, y decimos, porque aún existe una gama muy variada y disímil de criterios, valores y maneras de concebirlo que varían en grupos sociales con etnias similares.

 

Hay unas pautas genéricas del trato entre sexos que se mantienen constantes de una época a otra, pasando por encima de culturas y etnias. Por ejemplo: De todos es conocido cómo Sófocles, 500 años A.C., recogió en el teatro la historia del hijo que se casa con su madre después de asesinar al padre (Edipo Rey) , trama que como se sabe el autor no inventó, sino que venía en la tradición oral como parte soldada de sus mitos, ya desde tiempos remotos y que sirvió en nuestro siglo a Freud para construir uno de los pilares fundamentales de su edificio psicoanalítico del llamado y hasta "trajinado" complejo de Edipo que al parecer marca de manera indeleble las futuras relaciones del niño.

 

Pero generalmente, el condicionamiento de nuestras ideas sobre el amor, el matrimonio, la familia y sobre nosotros mismos, por la sociedad de la cual somos resultado, va mucho más allá de lo que a simple vista podría parecer.

 

 

 

 

El amor en los tiempos de La Grecia Antigua y Clásica:

 

 

 

La mujer desempeñó, en el mundo griego de la antigüedad, la principal labor de la reproducción y la realización de las tareas domésticas.

 

Así vemos como la violencia, el sometimiento y la competencia amorosa, entre otras cosas, han caracterizado la relación entre el hombre y la mujer a través de la historia, donde es posible reconocer, casi a simple vista, el abismo que separa las relaciones entre parejas desde la antigüedad, del sentimiento amoroso tal y como se manifiesta en épocas posteriores. Esto quedó reflejado en la literatura y, por ejemplo, en el primer canto de La Ilíada de Homero, vemos como Briseida, la mujer de hermosa cintura que fuese arrebatada por Agamenón a Aquiles, era sólo una simple esclava que el héroe "había conquistado" nada más y nada menos que con la lanza, no en condición de mujer amada, sino como propiedad del noble guerrero.

 

Antes del siglo IV A.C., se consideró al sexo según la filosofía naturalista como un placer que debía gozarse. Pero cuando Esparta (una ciudad griega con un conjunto muy diferente de valores) conquistó a Atenas, la filosofía espartana de autodisciplina rígida - que incluía la evitación del placer y del lujo - casi destruyó la cultura griega que había enseñado el naturalismo. Es conocido que en su extraordinaria conquista del mundo en el siglo III A.C., Alejandro el Grande abrió muchos senderos de intercambio cultural. En consecuencia, las filosofías espirituales de la India y Mesopotamia se filtraron en el mundo Occidental y echaron raíces. El deseo sexual en vez de ser considerado un placer se catalogó como un mal que debía rechazarse. El celibato fue glorificado. El sexo cayó bajo la sombra de la culpa y de la condenación mucho antes del advenimiento de la Cristiandad, pero debido a que el Nuevo Testamento fue escrito durante la última parte de este período, estuvo muy influido por actitudes tempranas de naturaleza espiritual.

 

 

En África Occidental:

 

Entre los Danakil del África Occidental, el novio debe haber matado a un hombre para obtener el derecho a casarse. Las costumbres sanguinarias de esta tribu exigen esta imprescindible prueba de virilidad para encontrar esposa. Como vemos, la violencia y la crueldad llegan aquí a formas sanguinarias tan sólo para obtener el derecho a casarse.

 

 

Egipto antiguo:

 

Entre los Benilaam, en Egipto, existía la costumbre de raptar a la novia. Una vez materializado el hecho, los padres de ella se presentan ante el consejo de ancianos vestidos de luto y demostrando honda tristeza, otro tanto hace la familia del raptor. El presidente del consejo interviene en la discusión hasta que llegan a un pacto acerca de la indemnización que recibirá la familia de la novia, contabilizada muchas veces en camellos. Finalizado el acuerdo, se celebra el casamiento con un suculento banquete. ¡Lo que son las ceremonias!

 

Antigüedad en General:

 

No podemos olvidar que en la antigüedad, el matrimonio se definía claramente como el medio privilegiado para la reproducción y la transmisión de la propiedad, el posible placer resultante de la unión quedaba de esa manera fuera de la relación conyugal y la voluntad de los novios, el vínculo matrimonial era celebrado entre las familias de los contrayentes para asegurar intereses económicos, sociales y hasta políticos.

 

 

Cultura Judeo-Cristiana:

 

En las sociedades occidentales enraizadas en la cultura judeo-cristiana, el matrimonio ha sido definido casi siempre como la relación establecida entre un hombre y una mujer para desarrollar una vida en común y con base en un ritual sancionado socialmente cuyo principal objetivo es la procreación,5 y se ajuste a las relaciones que los seres humanos han de tener con la divinidad. Otras manifestaciones sexuales por fuera del matrimonio quedan en el campo de la concupiscencia que es anatematizada.

 

Las responsabilidades morales en el matrimonio son diferenciadas. A las mujeres, por ejemplo, se les designó como las encargadas de practicar el autocontrol de sus impulsos sexuales. Esto se tradujo en exigencias para ellas de ser puras en su conducta y en sus sentimientos. En contraste con los hombres, a los cuales se les permitió ser lascivos y dejarse llevar por las tentaciones.

 

       Antiguo Testamento: La mujer fue considerada no sólo como un ciudadano de segunda clase en algunos pasajes del Antiguo Testamento, sino también como una seductora sexual. Adán y Eva sucumben a la tentación y la culpa recae en Eva y Lot y sus hijas se ven involucrados en incesto y una vez más la carga de la sexualidad ilícita es colocada sobre la mujer, las hijas de Lot en este caso.

 

Cuando una mujer paría un vástago hombre, se encontraba sucia durante 40 días, pero si paría una niña, permanecía sucia 80 días (Levítico 12).

 

        Nuevo Testamento: Jesucristo y el Sexo: Contrario a la creencia común, fue muy poco lo que dijo Jesucristo acerca del sexo.

 

La mayoría de las restricciones sexuales asociadas con la cristiandad, son de filosofías de teólogos ulteriores. Pablo fue probablemente el primero que habló de la moralidad sexual. Hizo incapié en el matrimonio aunque aparentemente consideraba la abstinencia sexual como una finalidad admirable en la vida.

       Después de Los Testamentos: San Agustín (354-430 D.C.) tuvo mucho impacto en las actitudes sexuales. Sus escritos condenan severamente las canalizaciones sexuales no maritales, la masturbación y la homosexualidad. La Iglesia Católica llegó a idealizar el celibato como el nivel más alto del logro humano. La virginidad y la pureza fueron consideradas como una sola entidad, asociando el bien a la ausencia del sexo y enlazando la sexualidad al diablo.

 

 

 

En la Edad Media: 

 

 

 

Cuando la Iglesia Cristiana extendió e hizo prevalecer su moral en las sociedades europeas, el amor nunca se consideró como un fin legítimo que justificara en sí mismo las relaciones sexuales. No obstante, cuando la iglesia empezó a perder su influencia en las sociedades occidentales, esta idea acerca del amor fue matizada y llega a admitir la posibilidad del amor entre las parejas siempre y cuando se les concibiera como "la base del sacramento matrimonial y del modelo cristiano de vida conyugal".

 

 

La distancia, tanto en el tiempo como en la concepción, que hay entre las relaciones eróticas en la antigüedad clásica, y la visión del amor que se tiene a fines de la Edad Media, es ostensible. ya en esta etapa surge "la primera forma de amor sexual aparecida en la historia, el amor sexual como pasión", pasión ésta que constituye la forma superior de atracción sexual. Esto llega a situar a la mujer en una posición de superioridad, para algunos aparente, pero muy real, en relación con el hombre, que tiene que luchar por conquistar su amor y que se mantiene hasta nuestros días. Como vemos, en este sentido, ya la situación no es tan desventajosa para la mujer. Esta conquista de amor a la dama se expresó en múltiples variantes en la época y posteriormente y se convierte en uno de los valores fundamentales en la vida del caballero medieval, quien consagra parte de su tiempo en servir y adorar a la mujer amada, y encuentra en ella su amor ideal y una vía de perfeccionamiento humano. Siempre, eso si, que el amor se mantuviera en su estado “Ideal” o sea: Sólo en idea. El caballero medieval ama a una mujer que apenas conoce, lucha por una dama de la que casi no sabe nada y que, a los efectos, lo mismo daría si no existiera.

 

 

El Romanticismo:

 

 

 

Más adelante, en la historia influyó el romanticismo, y se habla también con mucha razón del amor romántico7 donde se exalta el fervor por la necesidad del otro.

 

El amor romántico se caracteriza por exaltar el sufrimiento, su norma sería: dime cuánto sufres y te diré cuánto amas. Es un amor donde se interpreta como dicha el sufrimiento por el otro.

 

 

 

 

Poligamia y Poliandria:

 

 

 

No se puede dejar de hacer mención a 2 costumbres matrimoniales que han existido y existen en algunas partes; la poligamia y la poliandria. La primera, más extendida, es común en países musulmanes donde todo buen creyente está autorizado a poseer hasta 4 esposas legítimas. En otras regiones africanas y de la India no existen límites en cuanto al número de concubinas, siempre que el marido posea la suficiente holgura económica para mantenerlas a todas por igual.

 

 La poliandria es práctica común en el Tibet, donde 2, 3 y hasta 4 hombres poseen con frecuencia una sola mujer común. A esto debe añadirse que cuando una mujer se casa con un hombre que tiene varios hermanos menores, se convierte automáticamente en la esposa de éstos. Además, es común para estas mujeres tener relaciones extramatrimoniales con los lamas o monjes solteros.

 

 

 

Obras añadidas, complemento del artículo:

 

 

 

1.- Usos amorosos de la Postguerra Española de Carmen Martín Gaite. (Clica la imagen (arriba) para descargártelo)

 

Comentan sus editores que Usos amorosos de la postguerra española cuenta que "la restricción y el racionamiento que Franco impuso en los primeros años de postguerra afectaron decisivamente a los usos amorosos de aquel tiempo.  Tras una investigación exhaustiva que comprende consultorios sentimentales, revistas del corazón y discursos políticos, Carmen Martín Gaite ha reconstruido la historia doméstica de aquella etapa sombría.  Es la historia de la faja y de Mariquita Pérez, de los pololos y de la niña topolino;  de las novias eternas, de los guateques y de la salida al cine en pandilla.  Educada para aparentar y no para vivir su vida, la mujer, sirvienta del hogar propio enfocó el matrimonio como objetivo excluyente.  Según sus maestros, no tenía otras misiones que enamorarse, coser la ropa del marido y darle cuantos hijos quisiera.  Con ello, el hombre, víctima también, se debatía entre la decencia y lo pecaminoso, lo que condicionaba gravemente su relación de pareja.

 

 

  Escrita con mano maestra, esta historia agridulce y entretenidísima es una obra mayor de la literatura castellana.  (Editorial Anagrama).

 

 

 

 

 

2. Usos amorosos de la mujer en el Siglo XVII: de Ruth Cubillo Paniagua

 

Intento de extracción de ciertos usos amorosos de la mujer en el siglo XVII a través del estudio de determinadas obras Literarias de la época: Tesis Doctoral.

 

 

 

* Además:

 

Lecturas Recomendadas:

 

Álvarez Lajonchere C. La educación sexual para la vida familiar y sexual. Tareas y orientaciones. Rev Cubana Med Gen Integr 1985; 1(3):17.

 

Fernández Ríos L. ¿Roles de género?. ¿Feminidad vs masculinidad? Rev TEMAS 1996; 5(2):18

 

Figes E. Actitudes patriarcales: las mujeres en la sociedad. Madrid: Alianza Editorial, 1972:13.

 

Suárez Fidalgo F. Tradiciones matrimoniales diversas. Periódico Tribuna de La Habana, 21 de enero de 1996.

 

Parada Ampudia L. Sobre el matrimonio. En: Consejo Nacional de Población. Antología de la sexualidad humana. México: Ed. Miguel Ángel Porrúas, 1994: 147.

 

Katchadourian H, Erant A. Los factores sociales en la conducta sexual. En: Las bases de la sexualidad humana. España: Ed. Continental, 1992:18-9.

 

 

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