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¿Descubierta la Atlántida? Comunicado Oficial de la Expedición "Atlantis entre Iberia y África"

La Atlántida entre España y Marruecos

Reveladores descubrimientos

 

 

 

   

 

Expedición: "La Atlántida Ibero-Marroquí"

 

Por María Fdez-Valmayor

 

Una Expedición Científica ha partido a finales de este verano hacia el área del Estrecho de Gibraltar en busca de posibles ruinas de la civilización conocida como Atlántida por Platón. Según el proyecto “Atlantis Ibero-Marroquí”, entre las costas de suroeste de la Península Ibérica y el noroeste de África deberían hallarse evidencias de ciudades o aldeas costeras sumergidas de la Edad del Bronce, que podrían pertenecer a la Isla o Península de Atlantis. La expedición es dirigida por el destacado investigador y especialista en lenguas y escrituras de la antigüedad, Georgeos Díaz-Montexano, Presidente Fundador Emérito de la naciente "Sociedad Internacional para los Orígenes de las Civilizaciones" (S.I.O.C.), y creador del proyecto PROTO-GENESIS. Entre sus objetivos está la confirmación de unos reveladores y enigmáticos datos hallados en varios textos de la antigüedad.

 

Los autores antiguos y la Atlántida

 

El investigador y escriptólogo Georgeos Díaz-Montexano ha realizado unos descubrimientos muy reveladores que permiten avalar su tesis sobre la posible existencia de un sustrato histórico en el relato de Platón sobre la Isla o Península Atlantis o Atlántida, la que se hallaría según Georgeos Díaz, en algún punto entre el Estrecho de Gibraltar, el Golfo de Cádiz, las costas de Marruecos, y las Islas Madeira, como punto más remoto posible. En su denodado esfuerzo intelectual por descifrar definitivamente el enigma de la civilización Atlántica que Platón denominó con ese mismo nombre, Díaz-Montexano ha conseguido hallar varias referencias de otros autores clásicos, anteriores a Platón, que dan fe de la existencia de una isla o península que, al igual que la Isla Atlantis, se ubicaba justo delante del Estrecho de Gibraltar entre Gadira o Gades, la actual Cádiz, y las costas de Marruecos.

Estas referencias aportan muchos datos reveladores que confirman los datos geográficos aportados por Platón cuando describía el emporio Atlante, su isla principal o acrópolis y la ubicación de esta delante de las "Columnas de Hércules" (Gibraltar) entre Gadira (Cádiz) y el Atlas (Marruecos). Dichas referencias fueron hechas por otros autores de la antigüedad anteriores al filósofo ateniense, y a los que se les concede una considerable fiabilidad en sus descripciones como son Eutímenes de Massalia (500 a.C.), Anacreonte (570 a.C.- inicios del V a.C.), Hecateo de Mileto (560-480 a.C.), Ferécides (456 a.C.), Píndaro (518-438 a. C.), Eurípides (485-306 a. C.), Heródoto (484-430/424 a. C.), Isócrates (436/5-338 a.C.), Euctemon (436/424 a. C.) y Damastes de Sigeon (V a. C.). Estos autores mencionan a otras islas también situadas en el entorno de Gibraltar y en los confines de las costas Atlánticas de Iberia y Marruecos, estas islas son Aliba, Etheria, Scheria, Erythea, Gadeira, Sarpedonia, Ogigia y Tartessós, y es muy posible que muchas de ellas sean diferentes formas de denominar a la misma isla o península que Platón nombró como isla Atlántica o de Atlante.

Las traducciones de los textos de los citados autores están avaladas por los sólidos conocimientos de la prestigiosa filóloga Elvira Gangutia Elícegui, Profesora de Investigación del Departamento de Filología Greco-Latina del Instituto de Filología del CSIC y coautora del Diccionario léxico Griego-Español.

Georgeos Díaz se percató, hace ya más de siete años, que todas las traducciones de los diálogos de Platón del Timaios y el Kritias eran demasiado liberales, adaptadas o interpretativas. En la mayoría de las traducciones gramaticales de las diversas escuelas de filología clásicas europeas y americanas, más que traducirse a Platón, se le interpretó, y esto trajo como consecuencia la edición de serios errores de interpretación que motivaron, por una parte, que el relato de Platón pareciera más increíble o mítico, mientras que por otra parte, estas mismas imprecisiones sirvieron de estímulo a muchos escritores fantasiosos y especuladores, más interesados en escribir libros de éxitos o en fundamentar ideologías esotéricas que en buscar la verdad.

Si los primeros traductores modernos de los textos latinos y griegos de Platón se hubiesen preocupado por traducir los textos ajustándose lo máximo posible a las propias palabras escritas, a sus verdaderos significados etimológicos y contextuales, es decir a traducir metafrásticamente y no a interpretar sobre lo que se supone que quiso decir Platón, pues probablemente jamás se habrían escrito tantas fantasías y especulaciones infundamentadas sobre la Atlántida ni se habría intentado buscar sus restos por casi todos los rincones de la tierra, hasta en los puntos más absurdos y remotos de las “Columnas de Hércules” o Estrecho de Gibraltar.

Entre estos errores de interpretación se halla -en la mayoría de las traducciones- que “la Atlántida era un enorme continente situado más allá de las Columnas de Hércules en el medio del Océano Atlántico”. La Atlántida no era un continente sino una isla, no estaba “más allá” de las Columnas de Hércules sino delante, junto o cerca de las propias Columnas, y no se hallaba en el medio del Océano sino en un piélago, Estrecho o brazo de mar que el propio Platón denomina con el nombre de Estrecho de las Columnas de Hércules. La palabra Océano ni siquiera existe en la narración de la civilización Atlántico-Gadírica de Platón. Y en cuanto al tamaño de la isla o península Atlántida, Platón siempre se refiere a la misma como una Nêsos que en griego se usaba lo mismo para denominar a las islas que a las penínsulas, como por ejemplo el Peloponesos, que es una península griega.

Platón no dice tampoco que Atlantis fuera más grande que Libia y Asia sino que esta era la isla mayor de Libia y de Asia, lo que se traduce como que la isla Atlantis era la mayor, la más grande, comparada con las islas de la Libia (el territorio norte y noroeste de África, desde Marruecos hasta Egipto) y con las islas del Asia (Asia menor). Atlantis o Atlántida era pues una isla no un continente, y las dimensiones que ofrece Platón de su llanura, 3000 estadios de longitud este-oeste por 2000 estadios de latitud norte-sur, son las mismas que ofrecen otros autores clásicos para la extensión del reino de Tartessós o de la Turdetania.

Estas medidas, según Platón, eran las de la llanura donde se hallaba la acrópolis; una llanura que miraba a la parte meridional (¿la llanura de la Bética?), mientras que se protegía de los vientos septentrionales por un arco de montañas (¿Sierra Morena?). Tesis esta del cronista real de España, José Pellicer y Osau (S. XVII) y el historiador español Francisco Fernández y González, (Siglos XIX-XX), quienes se adelantaron al célebre investigador alemán Adolf Schülten en la identificación del reino de Tartessós con la Atlántida de Platón, aunque lamentablemente, hoy en día no se les reconocen tales méritos. Después de esta región o comarca principal del rey Atlas se extendían otras nueve regiones de diversas dimensiones, siendo la principal y la más grande, la de la gran llanura donde se hallaba la acrópolis sagrada y el templo dedicado al dios Poseidôn y a su mujer Kleitos. Dicha acrópolis estaba rodeada de cinco anillos o fosos concéntricos, alternados desde el centro de la acrópolis en tres de tierra y dos de agua de mar.

 

Un enigma geológico: hipótesis

 

En las traducciones metafrásticas o literales de los textos de Platón, que Georgeos Díaz-Montexano viene realizado desde 1994, se hallan claras referencias sobre la existencia de una arraigada tradición sobre una isla, península o tierra extremera frente a Gibraltar y las costas Atlánticas de la Península Ibérica y el África noroccidental. Pero lo más sorprendente es el descubrimiento de unas reiteradas descripciones del área del Estrecho de Gibraltar o "Columnas de Hércules", cuyas características plantean un gran enigma para la geología marina y la paleogeografía. Según estas antiguas y polémicas descripciones anteriores a Platón o bien el Estrecho de Gibraltar, en tiempos clásicos, anterior a la llegada de los romanos, era mucho más angosto -apenas un par de kilómetros de distancia entre las costas de ambos continentes- o bien estas descripciones se sustentan en copias antiquísimas de tradiciones que remontarían a varios miles de años antes.

Las diferencias que existen entre la distancia real que separa al Estrecho de Gibraltar y las medidas ofrecidas por algunos de los autores citados son tan grandes que muy difícilmente podría explicarse como simples errores de cálculo o defectos de medición, sobre todo cuando son varios los autores que coinciden en esta gran angostura o estrechez del paso que existía entre las "Columnas de Hércules" o "Estrecho de Gibraltar", autores que al describir otras medidas geográficas de Iberia y Libia (Marruecos) no cometen errores tan graves como este, lo que hace más verosímil esas medidas tan agostas que ofrecen del Estrecho de Gibraltar.

Dichos autores afirman que la distancia de separación existente en el Estrecho Heracleo o de Gibraltar era de apenas unos dos o tres kilómetros, según la fuente. Sin embargo, según los datos geológicos más recientes, es prácticamente imposible que en épocas históricas -ni siquiera en épocas prehistóricas- el canal del "Estrecho de Gibraltar" haya tenido tan poca distancia de separación. Desde un punto de vista geomorfológico y paleogeográfico el ser humano ni siquiera existiría cuando las "Columnas de Hércules" o "Estrecho de Gibraltar" presentaban una separación de tan solo unos cuantos kilómetros entre las costas de Iberia y África. Los geólogos consultados afirman que esto último es imposible, a menos que las teorías sobre la separación de ambos continentes y la formación del "Estrecho de Gibraltar" estén equivocadas.

Pero, ¿estarían realmente equivocados los autores antiguos que afirman que la distancia de separación en el Estrecho de Gibraltar era tan solo de dos o tres kilómetros?. Unos estudios paleogeográficos e hidrográficos recientes demuestran que los deltas sumergidos del mar Mediterráneo presentaban un nivel estable a una profundidad de unos -95 m, mientras que los deltas del Océano Atlántico muestran que el nivel del mar fue variable entre -30 y -130 m de profundidad. Según Paulino Zamarro (2001), “Ambas afirmaciones son claramente incompatibles, a no ser que se admita la existencia de una separación física entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo”. Georgeos Díaz piensa que esa separación física podría explicarse a través de las referencias de los autores antiguos cuando afirmaban que el Estrecho de Gibraltar era muy angosto. Los estudios científicos más recientes podrían entonces confirmar las descripciones de los autores antiguos sobre la extrema angostura del Estrecho Heracleo o de Gibraltar, existente aún a finales de la Edad del Bronce, según se deduce de tales fuentes.

Todo parece indicar que existió un puente o istmo natural que uniría la península ibérica y Marruecos por el Estrecho entre Punta de Trafalgar y Cabo Spartel. Justo en el centro se halla hoy en día a -50 metros de profundidad la Isla Majuan, identificada por Georgeos Díaz, hace ya varios años, como la posible isla-acrópolis de Atlantis y más recientemente por el geólogo francés Jacques Collina Girard, quien la ha rebautizado como Isla Spartel; sin embargo, esta isla es pequeña, lo bastante como para no haber permitido tender un puente natural entre ambas márgenes continentales. La tesis científica desarrollada por un investigador español, Paulino Zamarro, defiende que existió ese puente natural o istmo el cual se rompería hace unos 7.500 años. Fecha estimada por el cambio de salinidad del Mar Negro. Con la ruptura del istmo, “se inundó el mar Mediterráneo y posteriormente el mar Negro que, a partir de ese momento, dejó de ser un lago de agua dulce para convertirse en un mar de agua salada”, afirma Zamarro.

El problema surge cuando Zamarro data su ruptura en unos 7.500 años antes del presente (A.P.) y ubica a la Atlántida en el medio en el Mar Egeo, lo que no encajaría con las descripciones de Platón de una civilización con un desarrollo similar a las ciudades o emporios de la Edad del Bronce, y que tuvo su asiento en las costas Atlánticas, delante de las Columnas de Hércules (Gibraltar) entre Gadira y el Atlas.

En el 6.000 a. C., según los registros arqueológicos, no existía aún ninguna civilización en la tierra con escritura desarrollada, lo cual habría sido más que necesario para que pudiera trasmitirse el recuerdo de la catástrofe de Atlantis y de los acontecimientos vividos por sus supervivientes. Según los estudios científicos actuales, el hombre no descubrió los principios de la escritura hasta al menos 2.500 años después del supuesto hundimiento del istmo, que según Zamarro existía en el Estrecho de Gibraltar hace 7.500 años. En un lapso de tiempo como ese, ciertamente el recuerdo de la Atlántida pudo haber desaparecido por completo, aunque no necesariamente tuvo por que ser así.

Paulino Zamarro cree posible que por la vía oral se trasmitiera la historia del hundimiento de Atlantis hasta que el hombre descubrió la escritura y decidió conservarla en documentos escritos. Durante ese tiempo, la historia pudo haberse deformado bastante, lo cual resultaría lógico, y después, al pasarse a documentos escritos se irían añadiendo determinados elementos mítico-literarios a la par que se eliminarían otros datos más objetivos. El resultado final pudo haber sido la historia de Atlantis tal y como la conocemos, gracias a Platón.

El análisis de los elementos y datos existentes en los diálogos del Kritias y el Timaios de Platón, donde se narra la historia de la Civilización Atlántica, nos permite descubrir una cultura que comienza a finales del paleolítico o en los albores del Neolítico. El mismo Platón nos dice que cuando surgió la Civilización Atlántica -que tenía su cuna en las costas Atlánticas, delante de Gibraltar- los hombres no conocían aún el arte de la navegación, y la fecha que ofrece es de 9.000 años, que suponiendo sea antes de la visita de Solón a Sáis en Egipto, que fue alrededor del 550 a. C., pues Platón nos estaría situando los orígenes de esta Civilización Atlántica o de la Atlántida en unos 11.500 años. La embarcación más antigua descubierta hasta el presente, al parecer tiene entre 6.000 y 7.000 años de antigüedad. Aunque se piensa que el hombre habría descubierto la navegación mucho antes, no existen pruebas científicas de que hace 11.500 años ya se conociera el arte de la navegación -al menos en el Mediterráneo y en el Atlántico- tal y como afirma Platón.

La Civilización Atlántica pudo haber surgido hace unos 11.500 años, según Platón, y haber evolucionado gradualmente hasta que varios seísmos sucesivos y un cataclismo o tsunami, como apunta Platón, conseguirían romper el istmo o isla-península donde se hallaría la acrópolis y el emporio principal de los Atlántides. Este hecho pudo producirse hace 7.500 años como afirma Paulino Zamarro, pero también es muy posible que haya ocurrido mucho después, en plena Edad del Bronce como piensa Georgeos Díaz, según se desprende de las evidencias que están hallando bajo las aguas del Estrecho de Gibraltar el equipo de la expedición que él dirige; evidencias que están siendo documentadas por una productora para National Geographic.

 

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