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Consellera infundiosa
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  No seais malos

La “Consellera de Salut” culpa a la poca conciliación laboral y familiar de la saturación de las urgencias infantiles. La “consellera” dijo ayer que la saturación de las consultas de pediatría por una demanda injustificada, más que por la escasez de pediatras - aunque también se da en algunas áreas-, obliga al Departament de Salut a reordenar la atención pediátrica. Subrayó que el principal objetivo es reducir las visitas innecesarias al pediatra que, se lamentó, "obedecen a razones extrasanitarias", como la falta de conciliación entre vida laboral y familiar.
  "Queridos súbditos"

La “consellera” olvidó (quizá) que es una “servidora pública”. O sea, que ostenta su cargo para gestionar o administrar alguna cosa (la Salud en su caso) en nombre de los ciudadanos y al servicio de ellos. Tratarnos con reprimendas o admoniciones, al estilo de una maestra (trasnochada) de escuela, lo veo como rebajarnos al nivel de súbditos, “a ver si se comportan y no dan la brasa en los ambulatorios, que los médicos están muy tranquilos si ustedes no van allí a molestarles”. Algo así como “vayan únicamente en caso de verdaderas urgencias”.

Lo malo es que los padres no saben cuando hay verdadera urgencia, más que cuando el profesional, visto el caso, se lo explica. Quizá la señora “consellera “ prefiera casos como el de la familia que esperó más de dos horas el turno, con su hija de 10 meses muerta en brazos. ¡Esto es solidaridad! En lugar de poner el grito en el cielo, esperaron turno pacientemente sin percatarse (eran pobres e ignorantes, a la par que africanos) de que la niña estaba cada vez menos febril y se volvía fría, a la vez que tiesa.

Es una broma (macabra). Ya sé que la señora consellera no preferiría este caso (rigurosamente auténtico). La única solución debe de ser eliminar a los padres pobres y/o ignorantes que se pasan de alarmistas o de optimistas. De momento se les dan rapapolvos y sermones. A ver cuando aparecen los escarmientos y los bufidos.

¿No sería mejor aleccionar al personal? Unas campañitas acerca de los principios de la salud infantil podrían ser interesantes, como lo fueron en su momento las que incitaban al uso del condón (póntelo pónselo). La gente (mala) debió de hacer caso omiso, y ahora están cargados de críos que se empeñan en enfermar.

Bien es verdad que no toda fiebre con dolor de cabeza es una meningitis, pero, si los padres no lo tienen claro, nuestra sanidad (que los responsables proclaman como universal, gratuita y de excelente calidad) debe estar dispuesta a tener los medios adecuados para responder a la demanda.
    Lo malo de algunos “sirvientes públicos”, la “consellera” entre ellos, es que, a final de mes, cobran lo mismo hagan lo que hagan.    

Hacen falta más pediatras. La “consellera” da la culpa a la administración anterior que no planificó bien la cosa, sin acordarse de que “su” administración ya lleva más de cuatro años sin hacer nada para enmendarlo. Aquí reciben todos, súbditos y gestores de distinto plumaje. La “consellera” es de izquierdas, curiosas gentes que (al menos en Cataluña) consideran estar en posesión de la verdad, la bondad y el progreso. ¿Será por eso que no son nunca capaces de admitir un error, y se escudan (con cara de malas pulgas) en que los demás somos tontos o malos?

Su supremo desdén fue señalar que las horas que colapsan las urgencias son entre las 6 y las 8 de la tarde, cuando los padres han terminado el trabajo (viciosos que son, que trabajan los dos) vuelven a casa para ocuparse de los niños, y les entran ridículos temores si los encuentran febriles, con mocos o con convulsiones.

Lo malo de algunos “sirvientes públicos”, la “consellera” entre ellos, es que, a final de mes, cobran lo mismo hagan lo que hagan. Cuando (al fin) les echan, les suelen dar canonjías, prebendas o consejos de administración. Le sugiero que un día vaya de incógnito con un niño pequeño (no hace falta que sea hijo suyo, lo puede alquilar a los gitanos rumanos que alquilan niños para pedir por la calle) y compruebe en sus carnes la “alta calidad” de su medicina pública.

Yo les obligaría a todos ellos (los políticos, no los gitanos rumanos) que se visitasen SIEMPRE en la medicina pública, soportando listas de espera de 6 meses para una visita (en trastornos alimentarios de un hospital, por ejemplo) y que llevasen sus niños a escuelas públicas (ni siquiera concertadas) en un suburbio cualquiera.

Quizá empezarían a arreglar las cosas, en lugar de (acomodadamente) reñirnos.



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