La nave aterriza, Sardà abandona
El 8 de septiembre de 1997 Maribel Verdú aterrizaba en una supuesta nave marciana invitada por Sardà. Las “crónicas” terrestres eran por aquel entonces una desintoxicación a tiempo por la contaminación en las aguas del Mississippi. Pepe Navarro echó todo la carne -nunca mejor dicho- adulterada, “transexuada”, de cualquier tipo, y llevó el morbo de los sucesos –Olot, Alcàsser, Mario Conde- al escándalo. La tele jugaba a los juicios paralelos y de paso enseñaba a trasnochar.
El calco de late-show americano apartó con Sardà su lado más transgresor, pero con el peso del reinado empezó a mutar sigilosamente. El ideólogo Galindo nunca ejerció su cargo, a Fuentes le faltaban personalidades. Mariano Mariano predijo el insulto -¡gilipollas!- como filosofía de programa -venía de camino-. Tony Clapés y Carlos Ferrando desaparecieron y no muy bien parados con el jefe marciano. Boris descubrió el talento sin guión, el artífice del Tamarismo enseñó a hacer de crónicas el comentario, la crónica rosa. Con el giro, llegaron las críticas, los detractores de un formato de nuevo adulterado, pero imbatible... del hermano Romaguera al padre Appeles, de las clases teóricas de la Vijande a los desnudos en barro de Boris. Escaparate diario de querellas, tropiezos con la todopoderosa Aida, reprimendas de la Iglesia, y un alto alegato al “nunca mais” y al “no a la guerra”. Muchos frentes para Sardà. “Mierda empaquetada”, según Sabina, la misma a la que les manda Francisco por teléfono y en directo. La época de los triunfitos disgustó, pero nunca apartó el estrellato de Antonio David, la Bermúdez o Dinio. Habla el presidente, Aznar dice que la culpa es de los empresarios por admitir ese tipo de televisión. Y allí llegó la guerra.
Sardà se encara con los directivos del Grupo Correo porque en una de sus revistas le citan como ejemplo de telebasura: “No se puede estar en misa y recaudando. Que devuelvan todo el dinero que han ganado con este tipo de basura". Genial. Los monólogos políticos de principio de programa son ya irreversibles día a día. Carga tintas contra todo lo que no es de su parecer. El reinado le da licencia para mojarse.
"Sólo hay un mecanismo para pasar de la clase política haciendo televisión y es arrasar, tener una audiencia que haga que la propia cadena en la cual uno está emitiendo su programa le considere a uno un valor televisivo y por lo tanto que la cadena esté dispuesta a soportar las críticas y recibir protestas enérgicas por parte de diversos sectores. Sin duda, "Crónicas Marcianas" tiene unos enemigos claros: los sectores conservadores de la sociedad española, la Iglesia Católica y los progres trasnochados. La audiencia es quien decide qué programas se quedan y cuáles se van. Y con el potencial de audiencia que tiene "Crónicas", no tiene ningún valor decir lo que me sale de los cojones" (Javier Sardà).
Con las ideas claras, Sardà echa a andar cada noche. Muestra gráficos, aplaude a sus seguidores con pizarras del share, bromea acerca de estar un minuto sin hacer nada y que la audiencia no se inmute. Tiene razón. Crónicas es un auténtico vicio. Ahora, si ya todo no gira en la misma órbita es porque el vicio invita a otras “drogas”. Alguien ha conseguido dar embites a la nave de Marte tras un centenar de intentos. El minuto sin hacer nada, la pausa, el guión, la “tele tranquila” como bien reza Buenafuente, está engendrando, como Crónicas lo hizo hace ocho años. Es otra legislatura, nada más. No han querido renovarse, toca morir.
La Parrillada por J.J.Zaplana militri@telepolis.com 24.04.05
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| Padre de Crónicas, junto a Sardà, la pérdida del productor Joan Ramón Mainat fue un duro golpe para la productora Gestmusic. |
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