En
un mundo perfecto, esta crítica sería muy, muy corta. Rezaría
así: "Una nueva obra maestra de los hermanos Coen.
Vayan a verla".
Sin embargo, dado que distamos mucho de la perfección, extendámonos
un poco acerca de esta magnífica comedia de época protagonizada
por Clooney, Turturro y Goodman.
O, brother!
es una película concéntrica, plagada por diferentes niveles de lectura
que abarcan desde Homero a las crisis raciales, desde la leyenda del blues
al vudú. Los hermanos Joel y EthanCoen han creado
un film que va más allá de lo habitual en la comedia para sumergirse en
la raíz mitológica del extraño arte de contar historias.
"Los Coen usan referentes clásicos
del cine y la narrativa americana
del siglo XX"
Partiendo de La Odisea
de Homero, O, brother! se zambulle
en la mítica sureña, discurriendo con un particular ritmo faulkneriano,
sin prisas pero sin pausas, como el Mississippi que bordea la acción.
UlyssesEverett McGill (¿cabía otro nombre para el personaje
de Clooney?) es un ejemplar de cuidado, el buscavidas que, en medio
de la Gran Depresión de los años treinta ha ido a dar con sus huesos en
la cárcel. Pero los trabajos forzados no están hechos para él, y decide
cambiar el gospel del picapedrero por el bluegrass de la
vida en libertad... aunque para ello tenga que escapar y ser perseguido
por todo el Estado. Sus compañeros de evasión serán el simple Delmar
(magnífico Tim Blake Nelson) y Pete, un producto de la endogamia
sureña interpretado por el actor fetiche de los Coen, John Turturro.
Por el camino se encontrarán
a Tommy Johnson (perfecto trasunto de Robert Johnson, la
genuina leyenda del blues), al timador Big Dane Teague
(otro fetiche de los Coen, John Goodman) y a la propia Muerte,
encarnada en el despiadado Cooley. Toda una galería de personajes
perfectamente dibujados que, sin embargo, en ningún momento caen en el
arquetipo simplón, tratados con una especial ternura que nunca raya en
la cursilería. La puesta en escena es sencillamente magnífica, con un
Clooney que parece una réplica del mejor Gable y un Turturro
inabarcable en su grandeza actoral. Mención especial al arrastrado acento
sureño de los personajes, razón que por sí sola basta para justificar
el visionado en versión original.
"Los trabajos forzados no están
hechos para el protagonista,
y decide cambiar el spiritual
del picapedrero por el bluegrass
de
la vida en libertad"
Amalgamar mitos tan dispares
como La Odisea y el misterioso Mississippi puede parecer complicado.
Sin embargo, los Coen lo hacen con una naturalidad que escapa a
lo meramente racional, pulsando las teclas adecuadas en cada momento para
cautivar al respetable con acción, humor y misterio. Para ello, cuentan
con referentes clásicos del cine y la narrativa americana del siglo XX.
La figura de Babyface Nelson, el célebre gangster
sureño, queda retorcida hasta convertirse en la tenebrosa imagen de un
adolescente mental con afán de notoriedad. La famosa timidez escénica
de Robert Johnson es ahora el miedo visceral a esa muerte blanca
"con la mirada vacía y flanqueada por un perro". Y la política adquiere
una nueva dimensión tras comprobarse las cualidades balísticas de una
bandera racista.
En definitiva, los Coen
han vuelto a hacerlo. Una cinta inteligente, de humor desmadrado, crítica
pero no corrosiva, que retrata (pero no cruza) el umbral del patetismo
que le tocó vivir a una América aún inocente y poco acostumbrada a las
lides del mundo moderno que se intuía ya en el horizonte.