La
comedia española (por suerte) ya no es lo que era
La
madre de Elvira, Jimena
y Sol se ha vuelto a enamorar.
Cuando en el día de su cumpleaños se lo anuncia a sus tres
hijas, ellas aplauden la noticia, pero en seguida les advierte
unos cuantos detalles: su nueva pareja es más joven que ella,
ha nacido en Chequia y también es pianista... Lo que no se
espera ninguna de las tres jóvenes es que se trata de una
mujer.
La
primera experiencia como realizadoras del tándem de guionistas que durante
más de ocho años han formado Daniela Frejerman e Inés París,
parte de una idea tan desconcertante para las protagonistas del filme,
como divertida y original para los espectadores. Una madre, en plena madurez,
que comunica a sus hijas que se ha enamorado de una mujer. A partir de
aquí, todo puede ocurrir y las ideas más disparatadas pueden pasar por
la cabeza de las tres muchachas.
Elvira
(Leonor Watling), Jimena (María
Pujalte) y Sol (Silvia Abascal)
estarán dispuestas a hacer cualquier cosa para conseguir que su madre
(Rosa María Sardà) se 'desenamore' de su nueva pareja (Eliska
Sirova). Las tres hermanas se muestran poco dispuestas a aceptar que
su madre sea lesbiana, a pesar de que todas son jóvenes, liberales y tolerantes...
Tanto como lo podríamos ser cualquiera de nosotros.
Detrás
de la apariencia de comedia de enredo
clásica se esconde una reflexión sobre los valores
de la familia, las relaciones personales y la
búsqueda
de la identidad
personal y profesional
Y ya hemos descubierto el juego de
las guionistas-directoras, porque de lo que se trata en A
mi madre le gustan las mujeres es que todos nos riamos con
las andanzas de estas modernas 'mujercitas', pero que también nos planteemos
la cuestión de cómo reaccionaríamos cada uno de nosotros ante esa situación.
¿Se tambalearían nuestros ideales y convicciones e, incluso, sufriríamos
una crisis de identidad sexual, como le pasa al personaje que interpreta
Leonor Watling, cuyo punto de vista ante la historia siempre nos
acompaña? La respuesta de Frejerman y París es que sí.
Detrás
de la apariencia de comedia de enredo clásica e ingeniosa se esconde esta
reflexión sobre los valores de la familia, las relaciones personales -cada
vez más difíciles- y la búsqueda de la identidad personal y profesional.
Una especie de 'quimera del oro' en la que estamos embarcados esta generación,
un poco desarraigada, que vamos de los 'veintipocos' a los 'treintaymuchos'.
Eso sí, sin victimismos, lamentaciones u ombliguismos. Con ironía, algo
de incorrección política y mucho ingenio, las directoras han sabido impregnar
la historia de estas ideas, de forma que todo queda entendido e insinuado,
sin insultar la inteligencia del espectador.
Ésta es una visión de los problemas,
inseguridades y de los pensamientos de las mujeres que responde a las
necesidades de un público cada vez más harto de Bridget
Jones y de novelas de Lucía Etxebarría. Si el filme en cuestión
es, además, una comedia sólida, cercana a los preceptos del género y casi
heredera de grandes como Woody Allen, en lo conceptual, y de Billy
Wilder, en lo formal, tanto mejor.
Porque A
mi madre le gustan las mujeres se acerca más a la tradición
norteamericana que a la comedia petarda española, aunque su título nos
sugiera todo lo contrario. Desde el ritmo del filme, con unas secuencias
redondas, casi episódicas, que dejan siempre a punto el hilo narrativo;
pasando por los giros de guión con tintes de enredo y juegos de equívocos;
hasta llegar al trabajo de los actores que sugiere al de los grandes clásicos
como Claudette Colbert, Katherine Hepburn, o más actuales
como Goldie Hawn o Meg Ryan, en el caso de ellas, y algo
Cary Grant en el caso de los actores, que también los hay.
A
mi madre le gustan las mujeres se
acerca
más
a la tradición
norteamericana que a la
comedia
petarda española
Precisamente es el equipo artístico
quien redondea el filme, buena prueba de que Frejerman y París
vienen del teatro y que les encanta la dirección de actores. Las intervenciones
masculinas ejercen de consortes de las femeninas con elegancia: Álex
Angulo o Aitor Maza, que interpretan a dos canallas integrales
(del tipo que existe en la vida real), frente a hombres ideales, sensibles
y comprensivos (que está por ver si realmente existen), en las pieles
de Chisco Amado y Xabier Elorriaga.
A ellas las hemos dejado para el final.
Porque están formidables y porque tanto Rosa María Sardá, muy digna
y comedida... muy ella, como Silvia Abascal y María Pujalte
acompañan, pero no quedan eclipsadas ni eclipsan, a una Leonor Watling
protagonista, sencillamente encantadora. Y ése es el adjetivo, porque
ella es quien más recuerda a las grandes actrices del género con sus mohínes,
su simpatía y su expresiva gestualidad. Eso sí, encantadora siempre y
cuando a uno le guste este tipo de interpretación.
No podía ser más brillante un debut
en la dirección. De momento, la crítica ha quedado seducida. Ahora sólo
resta que el público se anime y le haga justicia a una buena comedia que,
tal y como dicen las directoras, deja sensación de 'buen rollo' y una
sonrisa dibujada en los labios.