Un
joven sin futuro, enamorado de la mujer de su hermano atracador.
Un antiguo guerrillero sin pasado, que sobrevive matando hombres
mientras sus ideales agonizan. Una modelo sin presente por
culpa de un accidente en el que confluyen tres historias desgarradas
de la realidad.
Hacer que tres horas de cine pasen volando es extraordinario;
lograr que el espectador sienta el mismo interés durante las tres horas
es una proeza. González Iñárritu puede considerarse, por tanto,
muy afortunado (y orgulloso) de conseguir ambas condiciones. Amores
perros es una película cruel. No tanto por el predecible
destino de los canes que intervienen (la película es cruel, pero no gore)
sino por el destino de sus personajes.
"Está
llena de cine del bueno, con
homenajes, guiños, truculencias y,
sobre todo, grandes personajes"
Es ésta un historia en la que
los protagonistas viven y, en muchos casos mueren, como perros. A la pobreza
y la marginación propias de toda gran ciudad, se añade en este caso un
protagonismo especial de México D. F., quizás el foco de criminalidad
más activo de Occidente. Los protagonistas viven, sufren, toman parte
y asumen esta condición. Es esencial entender esta premisa, puesto que
Amores perrosno es, precisamente, una película para sensibleros.
Con una dureza visual y temática
así, la ópera prima de González Iñárritu corría el riesgo de caer
en el terreno de las interpretaciones. Muy al contrario, las tres historias
que conforman este cuadro hiperreal del Distrito Federal contemporáneo
están bien nutridas de actores, con calidad suficiente para realzar una
dirección con nervio y un impresionante sentido del pulso narrativo.
"La
suciedad y la mugre que
invaden la pantalla están tan
bien tratadasque el respetable
casi huele la inmundicia"
Gael García Bernal merecería,
por sí solo, una crítica entera. Quede dicho, en ésta, que es el
pilar de toda la estructura. Sus silencios, sus miradas, su hablar atropellado,
crean un personaje redondo, perfilado, bordado. Otro tanto se puede decir
de Emilio Echevarría, impagable en un papel nada agradable, un
verdadero Rey de los Perros. Vanessa Bauche es casi tangible de
tan carnal, e incluso Goya Toledo se nos antoja llena de posibilidades
interpretativas en esta película.
Es, sin embargo, en los actores
secundarios donde la película encuentra un acomodo perfecto. Nadie ni
nada sobra. La suciedad y la mugre, tanto humana como material, que invaden
la pantalla están tan bien tratadas que el respetable casi huele la inmundicia.
A ello colabora una banda sonora bien conjuntada con el guión y una fotografía
espléndida, intimista y a la vez expresiva.
Si tienen la oportunidad, no
se pierdan Amores perros.
Está llena de cine del bueno, con homenajes, guiños, truculencias y, sobre
todo, grandes personajes. Amores perros es un retablo de la perversa humanidad,
pero también de sus facetas más nobles. Y, bien pensado, la nobleza está
donde uno menos se lo espera. Si el nuevo cine mexicano es así, se le
augura un futuro inmejorable.