Extraña
película, esta Antes que anochezca.
Extraña porque no se adscribe a ningún género reconocible;
porque, más que una película es, de facto, la adaptación al
celuloide de la onírica, hiperreal autobiografía de su protagonista,
el poeta cubano Reinaldo Arenas.
Julian Schnabel despliega poco a poco sus
recursos, quizás conocedor de que son limitados, y prefiere jugar más
con los colores y el encuadre. El Schnabel director está más cómodo
ejerciendo de pintor en movimiento; nada que objetar. La película sigue
un ritmo dictado por la prosa de Reinaldo (o Reynaldo, que
él prefería la "y") Arenas, con
una extraña voz en off de Bardem que, si bien puede sobresaltar
al principio, acaba por ser natural conforme la historia avanza. Poco
a poco vamos asistiendo al despertar psicológico de un Arenas homosexual
y, sobre todo, protestón, que opone a las expectativas traicionadas por
Fidel una voluntad inquebrantable por vivir.
"Asistimos
al despertar de un Arenas
homosexual y, sobre todo, protestón,
con una voluntad inquebrantable
por vivir"
Sin embargo, Schnabel
no acaba de captar por entero el espíritu rebelde de Arenas. El
guión olvida las ácidas críticas que el poeta vertió a los grupos anticastristas;
los duros enfrentamientos con una mafia que intentó atraerlo y luego lo
repudió por la misma condición gay por la que acabó fuera de Cuba. Reinaldo
Arenas fue siempre una pulga molesta para todo aquél que detentara
el poder, vistiera de militar o de paisano.
Pero las carencias de Schnabel
como director o la parcialidad política de un guión excesivamente
centrado en el Reinaldo homosexual (y que descuida su vertiente
más importante, la de poeta) quedan prontamente compensadas por la asombrosa,
abismal, inconmensurable interpretación de Javier Bardem. Es en
el papel más alejado de su arquetipo cinematográfico donde Bardem
demuestra de qué es capaz. Bardem es
Reinaldo Arenas; Bardem
es homosexual; Bardem es un
poeta durante los noventa y tantos minutos de película. Respira cubano,
habla cubano, sueña cubano, vive y muere cubano. La asimilación de todas
estas condiciones da por resultado un cuadro tragicómico, tierno, profundo,
superficial, patético y valiente a la vez: el personaje de Bardem
deja de serlo para ser persona.
"Tragicómico,
tierno, profundo,
superficial, patético y valiente
a la vez, el personaje de
Bardem pasa a ser persona"
Mención especial merecen los
cameos de Johnny Depp y Sean Penn. El primero, en ración
doble. Impagable travestido con asombrosas facultades anales y mirada
de cordero degollado; duro sargento fascistoide (perdón, revolucionario)
que oculta sus impulsos sádicos en un impoluto traje militar. La aparición
de Penn es, por el contrario, anecdótica. Apenas unos segundos
de puro genio interpretativo que da lugar a una de las escenas más hilarantes
de la película.
Antes
que anochezcareserva una
importancia vital para la música. La película aparece salpicada de viejos
éxitos cubanos intercalados con música incidental de Lou Reed.
Un buen ejemplo de cómo resaltar los aspectos más subjetivos de las memorias
de Arenas, a la vez que sitúa las coordenadas espaciotemporales
de un filme que depende completamente de ellas.
En resumen, la película, sin ser ninguna maravilla, es aceptable y hasta
entretenida. Pero no se engañen: lo que van a ver es una Interpretación
con mayúsculas, la de un Javier Bardem más en forma que nunca.
Está que se sale.