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En
su día, El diario de
Bridget Jones, de la británica Helen Fielding,
cosechó un impresionante éxito de ventas. Mezclando y parodiando elementos
de los libros de autoayuda, de revistas femeninas y de comedia clásica,
la novela de Fielding logró que miles de lectoras de todo el
mundo se sintieran identificadas con las desventuras de su protagonista,
una joven de clase media inglesa con problemas de sobrepeso y mal de
amores.
A
ello ayudaba la estructuración de la acción en un imaginario 'diario
de batalla', en que cada capítulo venía precedido por un breve sumario
de los litros de alcohol ingeridos, paquetes fumados y calorías sacrificadas
al 'Gran Dios Moda'. Además, el diario ofrece unas posibilidades inmensas,
al mezclar la acción con la reflexión irónica y el sarcasmo. Desgraciadamente,
todo ello se pierde al traspasar el argumento al cine. Queda sólo el
esqueleto: otra comedia romántica más o menos ingeniosa.
Ni la voz en off
(que, de hecho, parecía una buena opción) ni el desmadrarlo todo un
poquito sirven de gran cosa. El
diario de Bridget Jones, en cine, es una película
deslavazada, previsible y, sobre todo, bobalicona. Si ya en el libro
ciertos personajes eran meras caricaturas (por la parte subjetiva del
asunto) en la película quedan reducidos a la nadería: ahí está el papel
que le toca pasar a Hugh Grant (Daniel
Cleaver, el jefe de Bridget), cada
vez más absorto en enseñar el perfil agradable de su cara y menos en
demostrar sus dotes interpretativas.
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"Hugh
Grant está cada vez más
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absorto
en enseñar el perfil
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agradable de su cara y menos en
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demostrar sus dotes de actor"
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Pero, además, se ha perdido,
en gran parte, cierto componente más o menos transgresor del libro. Aquí
no se habla del tabaco, casi no se fuma: menos aún se cuentan los paquetes.
Ni se beben hectolitros de alcohol de alta graduación. Y las terribles
palabrotas de su amiga del alma se reducen a una sola escena que da risa
por su inocencia. Ni hablar de ciertos personajes que, quizás, eran demasiado
fuertes para exportar el film a Estados Unidos: un novio maltratador psicológico,
por ejemplo, o la homosexualidad (que queda sólo esbozada) de un amigo
de Bridget.
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"Falta
la mala leche del relato, y
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mucho nos tememos que
era la
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verdadera y única
razón de
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ser
de todo
el meollo"
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Todo queda tan diluido, tan
limitado que la película necesita aumentar la tensión con una pelea demasiado
hollywoodiense para encajar en la vieja Inglaterra. Y, ¡zas! Ahora que
nos viene a la memoria, ¿quién dice que transcurra en Inglaterra? Si no
viéramos a los personajes conducir en el lado derecho del coche, podríamos
afirmar que ocurre todo en Nueva York. Las referencias geográficas han
sido cuidadosamente eliminadas; las mansiones podrían estar situadas en
Maine; el metro, en la Gran Manzana. Y es aquí cuando confirmamos que
El diario de Bridget Jones
ha sido realizado en Inglaterra para su consumo en Estados Unidos.
Yendo a una valoración final,
la película es entretenida, poco más; cuenta con alguna actuación buena
(Colin Firth es un perfecto y estirado Mark
Darcy) y alguna decente (la propia Zellwegger como Bridget)
y la dirección es competente. Pero falta la mala leche del relato, y mucho
nos tememos que era la verdadera razón de ser de todo el meollo. Así que
si hay alguna otra opción interesante, tampoco duden demasiado.

f i c h a t é c
n i c a

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El diario de Bridget Jones, UK, 2001

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Una producción de Miramax/Universal
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Dirección |
Sharon
Maguire |
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Guión |
Helen
Fielding/Andrew Davies/Richard Curtis |
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Fotografía
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Stuart
Dryburgh |
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Montaje |
Martin
Walsh |
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Director
de Arte |
Gemma
Jackson/Paul Cross |
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Casting
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Michelle
Guish |
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Música |
Patrick
Doyle |
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Producción |
Tim
Bevan/Jonathan Cavendish/Helen Fielding |

Intérpretes
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Bridget
Jones |
Renée
Zellwegger |
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Daniel
Cleaver |
Hugh
Grant |
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Mark
Darcy |
Colin
Firth |
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Padre
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Jim
Broadbent |
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Madre |
Gemma
Jones |
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Sharon
|
Sally
Phillips |
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Jude
|
Shirley
Henderson |
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Natasha |
Embeth
Davidtz |
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