Goethe
nunca hubiera imaginado un Fausto así. Claro que Goethe
nunca hubiera imaginado un grupo como La Fura dels Baus.
El clásico tema del deseo y la razón enfrentados pasa por
el turmix apocalíptico de La Fura y el resultado es
una cinta conceptual enfermiza, trágica y a la vez provista
de una cruel mordacidad. Estamos en el siglo XXI, y La
Fura nos recuerda, a través de su ficción, que las máscaras
antigás han salido del gueto fetichista para ser producto
de consumo masivo...
A
raíz de la proyección de Fausto
5.0 en el Festival
Internacional de Cinema de Catalunya (en Sitges 2001, para
entendernos) comenzaron a llover críticas acerca del presunto conservadurismo
formal de la cinta de La Fura dels Baus. Presunto porque, en primer
lugar, calificar Fausto
5.0 de 'conservadora' es una prueba de miopía considerable.
En segundo lugar, porque denota una expectativa basada en los montajes
teatrales del grupo, ignorando deliberadamente el cambio de lenguaje que
supone (y al que obliga) el guión cinematográfico.
Fausto
5.0 hace de la incomodidad
su principal arma y de
la
suciedad una cuidadísima
tarjeta
de presentación
Y es que Fausto
5.0 ha de ser considerada como una película, y punto.
El mismo punto que expresó, tajante, Eduard Fernández en la première
barcelonesa. Ya sabemos que el techo de la provocación es más bajo en
el teatro. Por decirlo de otra manera, cuesta más escandalizar, subvertir
y provocar a través de una pantalla que en persona. De modo que entremos
al trapo en lo que realmente importa: este Fausto
con el que el grupo multimediático cierra la trilogía comenzada por Fausto
3.0 y continuado en la ópera La
condenación de Fausto.
La cinta que nos ocupa es, ante
todo, una exploración de nuevas posibilidades conceptuales en el cine.
Los cineastas inundan la pantalla de superposiciones, tanto en imágenes
como en el plano sonoro, hasta crear una atmósfera viciada y deliberadamente
sucia, con ecos de la escena industrial alemana y de las pequeñas joyas
de un Kyle Cooper especialmente mórbido. Los zumbidos, susurros,
gemidos y sollozos llegan al espectador antes que su imagen, para acabar
provocando la desazón y el desconcierto. En este sentido, Fausto
5.0 hace de la incomodidad su principal arma y de la
suciedad una cuidadísima tarjeta de presentación visual.
La
claridad apocalíptica de un
cielo plomizo, que no augura nada
bueno, cae sobre la pantalla, y los
personajes deambulan más
víctimas
que protagonistas
La acción transcurre en alguna
ciudad postindustrial, decadente y enrarecida, con una estética que recuerda
a las creaciones más agobiantes de Chris Cunningham, en la que
el 'cyberpunk' se da la mano con el vinilo, el látex y las crestas de
colores. La claridad apocalíptica de un cielo plomizo que no augura nada
bueno cae sobre la pantalla y sobre unos personajes que deambulan, en
su mayor parte, más víctimas que protagonistas de los eventos. Unos hechos
que bien podrían suceder tan sólo en la mente enferma del protagonista
(Miguel Ángel Solá), de no ser por la inquietante,
turbia presencia de un Eduard Fernández más inspirado que nunca.
El suyo fue uno de los premios mejor dados en Sitges.
La Fura juega a subvertir
el orden visual desde dentro. Así, las imágenes teóricamente más blandas
del guión (los paisajes, los continuos desplazamientos en tren o coche)
se convierten en duras descripciones de miseria y desolación suburbana.
En su lugar, las escenas más duras (una felación al protagonista realizada
por la turbadora Irene Montalà; una dura escena de sexo con una
menor de edad interpretada por Raquel González o la autopsia a
un cadáver ennegrecido, por duplicado) se nos plantean como joyas de insuperable
composición y esteticismo.
La única carencia de Fausto 5.0 reside
en el guión. Aunque los diálogos son excelentes (especialmente entre Fernández
y Fausto/Solá) la acción transcurre
por senderos ya transitados anteriormente. No debería ser necesaria esa
inmersión del protagonista en los ambientes más sórdidos de la ciudad
de la mano de su Cicerón infernal, teniendo en cuenta que
el lugar más oscuro y tétrico de la película es la convención médica a
la que asiste. Aun así, Fausto
5.0 representa un hallazgo cinematográfico de primera
categoría y un punto de arranque excelente para futuras incursiones de
La Fura en los terrenos más viscosos del cine. Esperamos con impaciencia
la siguiente.