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Terrorífica, seductora, escatológica, exquisita,
sublime, vulgar... Una retahíla de adjetivos que podrían definir lo que
piensa el espectador en el patio de butacas cuando, con las manos aferradas
a los reposabrazos, se deja llevar por los tortuosos caminos de Hannibal.
Adjetivos que se sitúan en los dos extremos de los cánones de la naturaleza
humana: el bien y el mal, lo positivo y lo negativo. Ni el alma humana
es tan simple, ni lo es la segunda parte de El
silencio de los corderos, aquel magnífico thriller policíaco
que, a principios de los 90, hizo estremecer a toda una generación de
espectadores y que rompió esquemas cinematográficos.
Pero volvamos a los adjetivos.
¿No responderían también estos calificativos a la personalidad
del terrible Hannibal Lecter? Su perfil psicológico sería el de
un ser retorcido y repugnante, un frío asesino que puede destripar a sus
víctimas con la misma ligereza y buen humor de quien charla sobre el tiempo.
Pero, a la vez, el personaje que encarna el magnífico Anthony Hopkins
es encantador, carismático, intelectualmente atractivo, galante y seductor...
"Así es, queridísimo amigo -diría la susurrante y melosa voz del Dr.
Lecter-, veo que me ha estado usted observando con atención".
Hannibal
es toda una alegoría de la personalidad de su protagonista porque, al
igual que ocurre con su predecesora, el espectador no debe dejarse deslumbrar
por su fachada de película policíaca. Ni mucho menos. Como ya hiciera
El silencio de los corderos,
el film pretende ahondar en las bajezas y debilidades de la naturaleza
humana a través de la figura de un psicópata. O de más de uno, porque
de la mano del guionista David Mamet -que ha sabido adaptar hábilmente
la novela de Thomas Harris-, y del director Ridley Scott,
por Hannibal
desfilan una serie de malvados en mayor o menor grado. Asesinos, ladronzuelos,
avariciosos, incluso un psicópata en la piel de Gary Oldman, cuya
magnífica interpretación de una ex víctima del Doctor que busca una especie
de venganza catártica, está a la altura de Anthony Hopkins. Pero
nadie es tan grande como el maestro... Lecter.
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"Igual
que El silencio de los
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corderos, el
film pretende
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ahondar
en las bajezas y
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debilidades de la naturaleza
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humana
a
través de un psicópata"
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Así es Hannibal,
un psicothriller de terror clásico y moderno, con unos toques de serie
B y cine gore. Pero, también con algo de melodrama romántico y con mucho
de fábula y de cuento. Porque la segunda parte de El
silencio de los corderos es una vuelta de tuerca más
a la historia de La bella y la bestia dado que, incluso para
un psicópata peligroso, la belleza está en el interior... Bueno, casi
siempre.
Y hablando de belleza, la
de este film reside, además de en una historia muy bien narrada, en
una estética cuidada hasta el más mínimo detalle. Todo un logro de los
artífices del film, para quienes tiene tanta importancia la combinación
de los colores (los fríos para Clarice y los cálidos para Lecter),
como el juego de luces y sombras que se usa para contrastar el ambiente
aséptico del FBI con las escenas en las que aparece Lecter, siempre
en claroscuros. Por otro lado, el trabajo de equipo técnico de Ridley
Scott es excepcional: la fotografía, la utilización de diferentes
formatos, ralentizaciones de la imagen, planos en blanco y negro...
no hacen necesarios más virtuosismos fílmicos. Pero las imágenes sostenidas,
los planos demasiado abiertos y los movimientos reposados de cámara,
hacen que el film se vuelva algo farragoso en algunos tramos, en los
que la acción avanza tortuosa hacia la gran traca final. Porque, eso
sí, éste es uno de aquellos films en los que la apoteosis final
deja petrificado al espectador.
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"Anthony
Hopkins se gusta,
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se luce y disfruta de
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papel para el que ha nacido"
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Y
qué decir del trabajo de los actores. Un Anthony Hopkins que
se gusta, se luce y disfruta de un papel para el que ha nacido. El actor
consigue que el doctor Lecter pase de criminal a la fuga, a perseguidor;
después a víctima y perseguido, para elevarlo luego a la categoría de
héroe trágico... Y devolverlo a su estado original de malvado y asesino.
Aunque la interpretación de Hopkins no es lo que preocupa a los
fans de El silencio de
los corderos; lo que realmente les interesa saber
es si Julianne Moore da la talla sustituyendo a Jodie Foster.
La respuesta es que la actriz no defrauda, pero tampoco sorprende y,
en sus manos, la frágil pero fuerte agente Starling se convierte
en una mujer segurísima de sí misma, que le ha perdido el miedo al Doctor
y que es casi una especie de dama de hierro del FBI. Y es que diez años
entre asesinos, ladrones, narcotraficantes y demás malvados, acaban
con todo atisbo de dulzura e ingenuidad en una mujer. Completan el reparto
principal, un Gary Oldman siempre sublime y un Ray Liotta
bastante eficaz.
No le demos más vueltas. El
refrán "segundas partes nunca fueron buenas" no se hizo para
definir Hannibal.
La cinta es una digna sucesora de El
silencio de los corderos, está a su altura en todos
los sentidos y lo mejor es que no intenta imitar en nada a la otra.
Es evidente que en sus cimientos está la historia del psicópata que
ayuda a la agente del FBI novata a encontrar a un asesino en serie;
pero la trama anterior es sólo eso: una referencia, más o menos necesaria,
para disfrutar salvajemente de Hannibal.
Sólo añadir que si el Dr. Hannibal "el caníbal" Lecter no figura
aún entre los monstruos del museo de cera, ya va siendo hora de que
el resto de seres terroríficos, de doctores Caligari, Jeckyl y compañía
le hagan un huequecito en el starsystem de clásicos del cine
de terror.

f i c h a t é c n i c a

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Hannibal, USA, 2001

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Una producción de MGM
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Dirección |
Ridley
Scott |
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Guión |
David
Mamet y Steven Zaillian |
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Fotografía
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John
Mathieson |
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Montaje |
Pietro
Scalia |
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Director
de Arte |
David
Crank |
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Maquillaje
|
Greg
Cannom |
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Música |
Hans
Zimmer |
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Producción |
Dino
De Laurentis / Martha De Laurentis / Ridley Scott |

Intérpretes
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Dr.
Lecter |
Anthony
Hopkins |
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Clarice
Starling |
Julianne
Moore |
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Krendler |
Ray
Liotta |
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Pazzi
|
Giancarlo
Giannini |
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Signora
Pazzi |
Francesca
Neri |
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Barney
|
Frankie
R. Faison |
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Mason
Berger |
Gary
Oldman |
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La agente del FBI, Clarice
Starling, acaba de fracasar en la resolución
de su último caso. Pero justo a tiempo, un inquietante ricachón,
ex víctima del psicópata Hannibal
"el caníbal" Lecter, le hará una proposición
que no podrá rechazar: desenterrar el caso de la fuga del
asesino, que se halla en paradero desconocido. Starling
se enfrentará a una investigación que le hará revivir
los acontecimientos ocurridos 10 años antes, cuando la agente
conoció al Dr.
Lecter y con quien desarrolló una peculiar relación.
Finalmente, será Hannibal
Lecter quien dará
con Clarice.
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El
silencio de los corderos
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