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De
Harry Potter y la piedra
filosofal se ha especulado tanto, y durante tanto tiempo,
que los tópicos y prejuicios han acabado por tomar cuerpo. Hemos oído
barbaridades y sandeces por todas partes. Que si es parte de la invasión
cultural estadounidense (harto difícil, dado el carácter inglés y, por
tanto, europeo del personaje), que si será una película infantil a lo
Disney, que será otro absurdo despliegue de efectos especiales…
Lo que es una pena, porque Harry
Potter y la piedra filosofal es una magnífica película
fantástica, de factura excelente, y con suficientes alicientes como para
pagar el precio de la entrada y salir satisfecho.
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Es
oscura, tétrica, gótica en
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contenido y forma. Un verdadero
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cuento de hadas, que no evita los
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pasajes más terroríficos.
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Se nota la mano de la creadora
del personaje en esta película. Por vez primera en muchos años, el equilibrio
entre el lenguaje cinematográfico y el respeto a la creación literaria
es casi absoluto. Tanto, que la cinta rompe con el primer tópico que barajan
las productoras. ¿Una película para público infantil de dos horas y media
de duración? Pues sí. Y se hace corta, la verdad. Porque se deja en el
tintero temas y escenas del original literario que hubiera sido interesante
ver, y que, presumiblemente, sólo se podrán apreciar en el DVD de turno.
Pero es sólo uno de los prejuicios que el film de Rowling (cabría
decir de Columbus, si no supiéramos que la escritora ha sido el
cerebro en la sombra) se encarga de echar por tierra. La fábula del niño
mago es oscura, tétrica, gótica en contenido y forma. Un verdadero cuento
de hadas, que no evita los pasajes más terroríficos (condición fundamental
del género) ni se deja llevar por la moda dulcificadora impuesta por la
'factoría Disney'. Es un pequeño retorno a los orígenes de la literatura
fantástica popular, con todas sus connotaciones maravillosas y sus consecuencias
más crueles. Y ahí está la escena con Lord Voldemort
para demostrarlo, en el clímax final del metraje.
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Para
cuando Harry, Ron y Hermione
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llegan al castillo de Hogwarts, el
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respetable está tan entregado que
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es
capaz de aceptar cuanto
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hechizo
pase ante
sus ojos
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La
película arranca de manera impresionante, enganchando al público sin
darle opción a resistir, con un tempo y un sentido rítmico perfectos.
En aras de este prodigio cinematográfico se sacrifica una más cuidada
presentación de los personajes, pero tanto da: habrá muchas secuelas
para perfilarlos. Para cuando Harry Potter
(Daniel Radcliffe), Ron Weasley
(Rupert Grint) y Hermione
Granger (una excelente Emma Watson)
llegan al castillo de Hogwarts, el respetable está tan entregado al
mundo que se le ofrece que es capaz de aceptar, incluso sin haber leído
el libro, cuanto hechizo pase ante sus ojos. A ello contribuye una sólida
interpretación por parte de Robbie Coltrane, en el papel de Hagrid,
y diez minutos de arrebatadora actuación a cargo de John Hurt
como el señor Ollivander, vendedor de varitas.
Los vericuetos del filme, cada vez
más oscuros, desembocan en la que, con toda seguridad, será la escena
más recordada de la película: una fabulosa partida de ajedrez gigante,
en la que se demuestra que quizás no iba tan desencaminado Garri
Kaspárov cuando, tras un torneo, afirmaba que el ajedrez es uno
de los deportes más violentos que existen. Junto al partido de Quidditch,
otra pequeña maravilla del cine fantástico, la secuencia podría formar
parte de una antología del género.
¿Carencias? Se nota la ausencia de alguna que otra escena, sobre todo
por parte de los más incondicionales fans del personaje. Nos hubiera
gustado ver más minutos en pantalla al gran Richard Harris como
Albus Dumbledore. Maggie Smith resulta
una McGonagall
tan espléndida que es una pena que no le den más oportunidades de demostrarlo.
Y, sobre todo, necesitamos más de Alan Rickman, un Snape
carismático, rayando la perfección.
Pero nos quejamos de vicio. Harry
Potter es, en palabras de Ron
Weasley, una pasada. Y aunque es
un consejo que caerá en saco roto, aún es más alucinante en versión
original. Nadie, absolutamente nadie, podrá jamás hablar de un modo
tan pérfido, frío y amenazador como Rickman.


f i c h a t é c
n i c a

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Harry Potter y la piedra filosofal, GB/USA,
2001

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Una producción de Warner Brothers
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Dirección |
Chris
Columbus |
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Guión |
J.
K. Rowling/Steve Kloves |
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Fotografía
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John
Seale |
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Montaje |
Richard
Francis-Bruce |
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Diseño
de Prod. |
Stuart
Craig |
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Prod.
Ejecutivo |
Mark
Radcliffe |
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Música |
John
Williams |
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Producción |
David
Heyman |

Intérpretes
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Harry
Potter |
Daniel
Radcliffe |
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Ron
Weasley |
Rupert
Grint |
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Hermione
Granger |
Emma
Watson |
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McGonagall
|
Maggie
Smith |
| |
Rubeus
Hagrid |
Robbie
Coltrane |
| |
Albus
Dumbledore |
Richard
Harris |
| |
Severus
Snape |
Alan
Rickman |
| |
Mr.
Ollivander |
John
Hurt |
| |
Prof.
Quirrell |
Ian
Hart |
| |
Madame
Hooch |
Zoë
Wanamaker |
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Harry
Potter, el fenómeno
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