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C    R     Í     T     I     C     A
Mulholland Drive
Obra maestra !
        
 Turbadora, onírica pesadilla visual

David Lynch vuelve a sumergirnos en un mundo de pesadillas, construido a base de oscura poesía visual, fragmentos de un subconsciente alterado y mucho sentido del humor. Un humor macabro, eso sí, y esta vez centrado en el no tan idílico mundo de Hollywood, que consigue atrapar al espectador en una vorágine de atracción mórbida y repulsa.

Joan Andreanó-Weyland
      Redacción Telepolis
 


     Tras Carretera perdida, no fueron pocos los espectadores que comenzaron a elaborar teorías acerca de la película. Explicar de manera racional (es decir, estructurada) el filme de Lynch parecía más una prueba de fe en la propia racionalidad (o una necesidad fisiológica) que un entretenimiento de adultos. Los teoremas más disparatados se sucedían: un desdoblamiento de personalidad, un afloramiento del subconsciente de Fred Madison (el personaje interpretado por Bill Pullman), un viaje astral o un intercambio de almas, por poner sólo unos ejemplos, fueron los más populares.

    De todo esto cabe decir que, obviando que el propio Lynch no dio ninguna explicación al respecto, los esforzados semiólogos poseían más buena voluntad que recursos. Lejos de darles la razón, Lynch ahonda en el mismo concepto de Carretera perdida en esta magnífica, subyugante y extraña (¿cómo podía ser de otra manera?) Mulholland Drive. En efecto, aquí no es tan sólo la protagonista la que se desdobla, sino todo el concepto de realidad. Se trata de una visión fragmentada, fantasmagórica y, a la vez, alegórica, de las peores pesadillas de un director de cine.



"Lynch se lo pone cada vez más
difícil al espectador, invitándole
a seguirle en la carrera pero

sin darle puntos de apoyo"

 

     Lynch usa, para ello, dos personajes/vehículo. Uno, Betty (una magnífica Naomi Watts, impecable en sus múltiples transiciones), una chica del Medio Oeste americano que llega a Los Ángeles dispuesta a convertirse en una estrella del cine. Sin embargo, Betty se encuentra, de repente, en medio de un misterio que parece provenir de la amnesia de Rita (Laura Harring) y de un extraño accidente de coche. El otro vehículo de Lynch para desplegar su visión onírica y decididamente oscura es Adam (Justin Theroux), un director de cine de filiación 'beatnik' que descubre que es la Mafia la que está financiando su película. Su inicial negativa a incluir a una actriz por obligación le acarreará la entrada en un submundo irreal y peligroso.

       Pero ambos personajes (y ambas historias) son tan sólo rampas de lanzamiento para un carrusel visual y sonoro de intenciones malignas. Ambos son carreteras perdidas, con un desplazamiento no lineal sino transversal; no ejes, sino extremos de un movimiento que atraviesa la historia de manera asimétrica y desconcertante. Lynch se lo pone cada vez más difícil al espectador, invitándole a seguirle en la carrera pero sin darle puntos de apoyo, obligándole a aceptar la irrealidad de su mundo y, a la vez, forzándole a buscar una explicación que no llegará.

      Para ello, Lynch echa mano de los elementos que mejor conoce. Una fotografía irreal, apoyada en objetivos ligeramente deformantes, en transiciones de iluminación que corresponden a estados anímicos y en la música de su alter ego psíquico, Angelo Badalamenti, quien por cierto hace una jocosa aparición. La arquitectura de un Los Ángeles naturalmente devastado, sucio y artificial, y la orografía personal de algunos rostros (el de Coco, la mítica Ann Miller, por ejemplo; o el de Dan Hedaya como el misterioso Señor Castigliane) logran el resto. Y en este sentido, Mulholland Drive está más cercana a Twin Peaks o a los primeros acordes de Cabeza borradora que a Terciopelo azul.


"Lo que importa es el valor
sensorial de cada secuencia, la
 elegancia de que hace gala en cada
encuadre y cada movimiento"


      Sin embargo, ciertos parámetros permanecen inalterados. Así como no importa quién mató a Laura Palmer, ni importa si Sailor realmente veía a su hada madrina, tampoco importa demasiado qué ocurrió con Fred Madison ni quién es realmente Camilla Rhodes en esta nueva incursión de Lynch. Lo que importa es el valor sensorial de cada secuencia, la elegancia de que hace gala en cada encuadre y cada movimiento, el desafío que plantea al espectador y por el que, con anterioridad, ha sufrido cada miembro del equipo creativo.


      En definitiva, un cóctel audiovisual de altísimo octanaje, con el que embriagarse y abrir, como decía Orwell, las puertas a una percepción mucho más amplia que aquella a la que solemos ser permeables día a día. Un reto para cinéfilos, absenta de celuloide de máxima calidad, y, por tanto, imprescindible.

  El crítico puedes ser tú





f i c h a   t é c n i c a

Mulholland Drive, USA, 2001

Una producción de Universal Studios
  Dirección David Lynch
  Guión David Lynch
  Montaje Mary Sweeney
  Fotografía Peter Deming
  Música Angelo Badalamenti
  Diseño producción Jack Fisk
  Producción Mary Sweeney/ Alain Sarde/Neal Edelstein


Intérpretes
  Betty Elms Naomi Watts
  Adam Justin Theroux
  Rita Laura Harring
  Coco Anne Miller
  Detective McKnight Robert Forster
  Vincenzo Castigliane Dan Hedaya
  Luigi Castigliane Angelo Badalamenti
  Cowboy Lafayette 'Monty' Montgomery
  Irene Jeanne Bates
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