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Tras
Carretera perdida, no fueron pocos
los espectadores que comenzaron a elaborar teorías acerca de la película.
Explicar de manera racional (es decir, estructurada) el filme de Lynch
parecía más una prueba de fe en la propia racionalidad (o una necesidad
fisiológica) que un entretenimiento de adultos. Los teoremas más disparatados
se sucedían: un desdoblamiento de personalidad, un afloramiento del
subconsciente de Fred Madison (el personaje
interpretado por Bill
Pullman), un viaje astral o un intercambio de almas,
por poner sólo unos ejemplos, fueron los más populares.
De todo esto cabe decir que, obviando que el
propio Lynch no dio ninguna explicación al respecto, los esforzados
semiólogos poseían más buena voluntad que recursos. Lejos de darles
la razón, Lynch ahonda en el mismo concepto de Carretera
perdida en esta magnífica, subyugante y extraña (¿cómo podía
ser de otra manera?) Mulholland Drive.
En efecto, aquí no es tan sólo la protagonista la que se desdobla, sino
todo el concepto de realidad. Se trata de una visión fragmentada, fantasmagórica
y, a la vez, alegórica, de las peores pesadillas de un director de cine.
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"Lynch
se lo pone cada vez más
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difícil
al espectador, invitándole
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a
seguirle en la carrera pero
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sin
darle puntos de apoyo"
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Lynch
usa, para ello, dos personajes/vehículo. Uno, Betty
(una magnífica Naomi Watts, impecable en sus múltiples transiciones),
una chica del Medio Oeste americano que llega a Los Ángeles dispuesta
a convertirse en una estrella del cine. Sin embargo, Betty
se encuentra, de repente, en medio de un misterio que parece provenir
de la amnesia de Rita (Laura Harring)
y de un extraño accidente de coche. El otro vehículo de Lynch
para desplegar su visión onírica y decididamente oscura es Adam
(Justin Theroux), un director de cine de filiación 'beatnik'
que descubre que es la Mafia la que está financiando su película. Su
inicial negativa a incluir a una actriz por obligación le acarreará
la entrada en un submundo irreal y peligroso.
Pero ambos personajes (y ambas
historias) son tan sólo rampas de lanzamiento para un carrusel visual
y sonoro de intenciones malignas. Ambos son carreteras perdidas, con
un desplazamiento no lineal sino transversal; no ejes, sino extremos
de un movimiento que atraviesa la historia de manera asimétrica y desconcertante.
Lynch se lo pone cada vez más difícil al espectador, invitándole
a seguirle en la carrera pero sin darle puntos de apoyo, obligándole
a aceptar la irrealidad de su mundo y, a la vez, forzándole a buscar
una explicación que no llegará.
Para ello, Lynch echa mano
de los elementos que mejor conoce. Una fotografía irreal, apoyada en
objetivos ligeramente deformantes, en transiciones de iluminación que
corresponden a estados anímicos y en la música de su alter ego psíquico,
Angelo Badalamenti, quien por cierto hace una jocosa aparición.
La arquitectura de un Los Ángeles naturalmente devastado, sucio
y artificial, y la orografía personal de algunos rostros (el de Coco,
la mítica Ann Miller, por ejemplo; o el de Dan Hedaya
como el misterioso Señor Castigliane) logran
el resto. Y en este sentido, Mulholland Drive
está más cercana a Twin Peaks o
a los primeros acordes de Cabeza borradora
que a Terciopelo azul.
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"Lo
que importa es el valor
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sensorial de cada secuencia, la
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elegancia
de que hace gala en cada
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encuadre
y cada movimiento"
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Sin embargo, ciertos parámetros
permanecen inalterados. Así como no importa quién mató a Laura
Palmer, ni importa si Sailor realmente
veía a su hada madrina, tampoco importa demasiado qué ocurrió con Fred
Madison ni quién es realmente Camilla Rhodes
en esta nueva incursión de Lynch. Lo que importa es el valor
sensorial de cada secuencia, la elegancia de que hace gala en cada encuadre
y cada movimiento, el desafío que plantea al espectador y por el que,
con anterioridad, ha sufrido cada miembro del equipo creativo.
En
definitiva, un cóctel audiovisual de altísimo octanaje, con el que embriagarse
y abrir, como decía Orwell, las puertas a una percepción mucho
más amplia que aquella a la que solemos ser permeables día a día. Un
reto para cinéfilos, absenta de celuloide de máxima calidad, y, por
tanto, imprescindible.


f i c h a t é c
n i c a

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Mulholland Drive, USA, 2001

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Una producción de Universal Studios
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Dirección |
David
Lynch |
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Guión |
David
Lynch |
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Montaje
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Mary
Sweeney |
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Fotografía
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Peter
Deming |
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Música |
Angelo Badalamenti |
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Diseño
producción |
Jack
Fisk |
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Producción |
Mary
Sweeney/ Alain Sarde/Neal Edelstein |

Intérpretes
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Betty
Elms |
Naomi
Watts |
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Adam
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Justin
Theroux |
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Rita
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Laura
Harring |
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Coco |
Anne
Miller |
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Detective
McKnight |
Robert
Forster |
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Vincenzo
Castigliane |
Dan
Hedaya |
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Luigi
Castigliane |
Angelo
Badalamenti |
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Cowboy |
Lafayette
'Monty' Montgomery |
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Irene |
Jeanne
Bates |
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