Un
Anillo para gobernarlos a todos
Un Anillo para encontrarlos.
Un Anillo para atraerlos a todos,
y atarlos en las Tinieblas
en la tierra de Mordor
donde se extienden las sombras
Es
la película más esperada de este principio de milenio. El
Señor de los Anillos, el libro más importante del siglo para
millones de lectores de todo el mundo, llega a las pantallas. Sólo mirando
las cifras en las que se ha movido la adaptación cinematográfica de la
trilogía de Tolkien, filmada por el neozelandés Peter Jackson,
nos podemos hacer a la idea de la magnitud del proyecto. Tres películas
rodadas a la vez, 54.000 millones de pesetas de presupuesto, récord de
descargas en Internet del primer trailer...
El
guión de Peter
Jackson , Fran
Walsh y
Philippa
Boyens conserva el espíritu
del original y sirve de introducción
al
complejo universo de Tolkien
Ya se sabe que, casi siempre,
el libro es mejor que la película. Es muy fácil que en el proceso de adaptación
al celuloide no sólo se pierdan fragmentos de la novela, sino algo mucho
más importante, el espíritu de la obra. No es el caso de
La Comunidad del Anillo, ya que el guión, firmado por el propio
Jackson, su esposa Fran Walsh y Philippa Boyens,
conserva el alma del original. Los obligados cambios y supresiones no
le molestan demasiado al lector habitual y pasan desapercibidos al que
se acerca por primera vez al rico universo de Tolkien. Además,
el profano no se pierde en ningún momento en la compleja mitología del
Anillo, gracias, sobre todo, a un habilísimo
prólogo.
El gran reto del director ha sido
equilibrar a millones de versiones -una por lector- que existen de las
tierras de Tolkien, y dar una visión que contente a todos. Para
ello, ha rodado en su Nueva Zelanda natal, y los resultados no pueden
ser más satisfactorios. A la belleza natural de los paisajes neozelandeses
se une un delicado trabajo de dirección artística. En lugar de crear un
mundo fantástico se ha recreado un mundo 'real' en el que elfos, trolls
y enanos son habitantes cotidianos. Para ello, se ha puesto cuidado hasta
en los mínimos detalles. Un ejemplo: para dar sensación de autenticidad
a la bucólica Comarca, se comenzaron a plantar un año antes sus prados
y jardines.
Mención
aparte merecen los excelentes efectos, tanto especiales como de maquillaje,
realizados por Weta Workshop. Miles de máscaras de orco, todas
ellas diferentes, cientos de pies peludos para los hobbits y decenas de
efectos digitales que se engarzan plenamente con la historia... Las caracterizaciones
han supuesto, en muchos casos, una auténtica tortura para los actores.
Así, John Rhys-Davies debía soportar sesiones de seis horas de
maquillaje para poder encarnar al irascible Gimli,
el enano. Para crear la diferencia de tamaño entre hombres y hobbits,
se han utilizado desde modernos trucos digitales hasta las más tradicionales
perspectivas engañosas.
La
Comunidad del Anillo consigue
que
el fan de la trilogía literaria
sienta
las mismas emociones
como
si leyera la obra por primera vez
El punto fuerte son los efectos
digitales, tan laboriosos que Weta Workshop tuvo que fundar una
división exclusiva para ellos, Weta Digital. Escenas como la lucha
contra el troll de las cavernas o la recreación del fiero balrog de Moria
se cuentan entre sus aciertos, así como la espectacular batalla inicial.
Sin embargo, a veces es inevitable que "canten" un poco, pero
son pocos casos comparado con el número total de efectos empleados.
Pero que nadie se engañe. En ningún
momento nos sentimos ante una película 'de efectos', sino ante una película
'con efectos'. A pesar de los miles de trucos digitales, nos encontramos
ante una película de actores. Éstos encarnan con convicción y fuerza a
sus personajes, dotándoles de todos los matices del original literario.
Elijah Wood, como Frodo, transmite
todas las dudas y el sufrimiento que le provoca ser el Portador del Anillo.
Ian Holm, como Bilbo, combina momentos
de gran simpatía con otros inquietantes. Sin embargo, la palma (¿o el
Oscar?) se la llevan Ian McKellen y Sean Bean. El primero
es el perfecto Gandalf, siendo igual de convincente
en los momentos de tensión como cuando es el simpático amigo de los hobbits.
Por su parte, Bean recrea perfectamente a Boromir,
con toda su lucha interior y dudas, logrando que, a pesar de su soberbia
inicial, el espectador se encariñe con él.
Es inevitable hablar del auténtico
protagonista de la cinta, el propio Anillo.
Jackson consigue dar entidad a un objeto inanimado con las más
variadas técnicas: planos desde el punto de vista del Anillo,
voces tentadoras, planos detalle obsesivos... Pero, sobre todo, su 'personalidad'
la descubrimos a partir de las reacciones que provoca entre los personajes.
La versión de La
Comunidad del Anillo por Peter Jackson es una obra de
amor. El cuidado con el que se han recreado los mínimos detalles, la apasionada
actuación de los actores y la fidelidad al espíritu de la obra literaria
demuestran el respeto y el cariño de Jackson a El
Señor de los Anillos. La película consigue lo que parecería
imposible; que los que hayan leído el libro vibren como si lo descubrieran
por primera vez.